“¡Qué
gozoso vivir los hermanos unidos!”
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estábamos,
a las 8 de la mañana, la Comunidad en la capilla, esperando a que entrara
Fernando (uno de los sacerdotes que nos celebran la misa), cuando apareció la
Madre Priora por la puerta y nos dijo:
-Acaba
de fallecer, de repente, el hermano de Fernando, el que era jesuita. Se lo ha
comunicado el superior de la casa ahora mismo.
Todas
nos quedamos sobrecogidas porque, ante noticias tan fuertes, nadie está
preparado…
¿Qué
podía hacer mejor Fernando, en estos momentos, que ofrecer el Sacrificio de la
Misa por su hermano? Y apareció con el rostro muy compungido, conteniendo las
lágrimas que querían salir de su corazón dolorido…
La
misa, como comprenderéis, fue un duelo, con Jesús en medio que nos decía: “Yo
soy la Resurrección y la Vida, el que creen en mí, aunque haya muerto vivirá…
no morirá para siempre”. Fernando lloraba, entre silencios, y sollozos, y los
textos de la misa… Y muchas llorábamos al unísono con él, en unión de
sentimientos.
Y,
en medio de la perplejidad y el sufrimiento, había una corriente de amor y
comunión de Vida, que producía, en la capilla, una gran paz. Fernando decía
entre suspiros:
-Pero
tengo paz, él estaba preparado para el encuentro con Jesús...
Cuando
terminó la misa, todas salimos de la capilla y le dimos un beso y un abrazo que
él recibía con mucha gratitud, porque notaba que había acogida y mucho cariño.
Entonces
me acordé de la Palabra de Dios que dice: “En verdad os digo, que no hay nadie
que habiendo dejado casa, o hermanos, o hermanas… por amor de mí y del
Evangelio, no reciba el céntuplo, ahora en este tiempo, en casa, hermanos o
hermanas… y la vida eterna en el siglo venidero” (Mc 10, 28-31).
¡Esto
se cumplía exactamente en lo que estábamos viviendo! Jesús no quiso que su
elegido viviera esta pérdida solo, sino que puso a su alrededor hermanas que lo
acompañaban, comprendían y querían y, sobre todo, hermanas en la fe, en Cristo
Jesús, para quien la muerte no es más que un sueño, un paso obligado para
entrar en el amor del Padre y gozarse en Sus brazos, pues Jesucristo y sólo Él,
por su Muerte y Resurrección, nos ha merecido la Gloria de Dios eternamente.
Todas
dimos gracias a Dios, y os invitamos a hacer lo mismo con nosotras, por el
hermano de Fernando…
Hoy
el reto del amor es que busques a tu alrededor alguien que necesite que llores
con él o que te alegres con su alegría...
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
