5. La Coronación de María
Recibiste a Jesús y de
ti se formó
En tu vientre vivió y tú
siempre doncella
Inmaculada eres tú,
luminosa estrella
Nubes te rodean,
querubines te llevan
Adorna tu cabeza la
guirnalda más bella.
La Virgen es REINA, es
coronada por Dios. ¿Por qué? Porque es la persona humana más grande, la que se
ha relacionado con Dios de un modo único. Cuatro dogmas expresan esta unicidad
de María. Madre de Dios, siempre Virgen, Inmaculada y su Asunción al final de
su vida al cielo en cuerpo y alma.
Sólo ella es Madre de
Dios: Recibiste a Jesús y de ti se formó. Y aunque el hecho de ser madre de
Dios ya es algo suficientemente único y extraordinario, Dios quiso dejar un
sello de su omnipotencia haciendo este prodigio respetando su virginidad: En tu
vientre vivió y tú siempre doncella.
Ratzinger explica el
sentido de este prodigio: “El Antiguo Testamento conoce una serie de
nacimientos milagrosos ocurridos en los puntos decisivos de la historia de la
salvación (...) con María llega a su punto culminante.
El sentido de los
acontecimientos es siempre el mismo: la salvación del mundo no viene de los
hombres ni de su propio poder. El hombre puede dejarse regalar algo y sólo
puede recibirlo como puro don.
El nacimiento virginal
no es ni un capítulo de ascesis ni tiene que ver inmediatamente con la doctrina
de la filiación divina de Jesús. El nacimiento virginal es, tanto en primer como
en último lugar, teología de la gracia, noticia de cómo nos viene la salvación,
que llega a nosotros como algo que sencillamente se recibe, como don
inasequible del amor que salva al mundo” (Introducción al cristianismo, parte
2, cap. 2, 1). La Virgen no tiene pecado es Inmaculada, y como tal nos habla
del cielo, del reino de Dios, donde todo será puro (Ap 21, 17). Su belleza es
celestial, como la de la estrella: Inmaculada eres tú, luminosa estrella.
Cuando es llevada por
los ángeles al cielo, su humanidad entra en Dios, que es simbolizado como una
nube: Nubes te rodean, querubines te llevan.
Y Dios mismo la corona
con la más hermosa corona: Adorna tu cabeza la guirnalda más bella.
Con permiso del autor: Juan Pablo Lira
Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario