El cardenal Cañizares y
el exvicepresidente socialista Alfredo Pérez Rubalcaba coinciden en su defensa
de la escuela concertada y la clase de Religión
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Foto: De San Bernardo |
En España sí existe un gran
pacto educativo: se trata del artículo 27 de la Constitución, que reconoce
tanto el derecho universal a la educación como la libertad de elección de los
padres, responsables entre otras de decidir «la formación religiosa y moral»
que quieren para sus hijos.
Palabra del cardenal
Antonio Cañizares, que el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba no solo hizo
propias, sino que puso además este artículo de la Carta Magna en relación con
el 14, que garantiza la libertad religiosa en un Estado aconfesionalidad, y que
al mismo tiempo se compromete a cooperar «con la Iglesia católica y las demás
confesiones».
«Yo defiendo el estado
laico, pero eso no significa que la sociedad sea laica», aseguró el que fuera
secretario general de los socialistas, vicepresidente con Rodríguez Zapatero y
ministro de Educación y de Presidencia con Felipe González, en cuyos gobiernos
trabajó desde 1982 en áreas relacionadas con la enseñanza.
No fue fácil el consenso en
1978. El arzobispo de Valencia (antes lo fue de Ávila) recordó una conversación
con el expresidente Adolfo Suárez, quien le reconoció que «el artículo 27 fue
el artículo clave de la discusión en la Constitución». «¿Quién educa, el Estado
o los padres?», prosiguió el cardenal.
Rubalcaba, sin entrar en esa
última discusión de fondo («La educación es una tarea compartida, pero entiendo
lo que quiere decir don Antonio»), recordó que «los socialistas solo nos
levantamos una vez de la mesa durante la discusión constitucional, y fue en el
artículo 27». Finalmente se llegó a un acuerdo y por eso «el 27 es de todos.
Este es el consenso educativo».
Un consenso –valoró
Cañizares– que el PSOE desarrolló con los conciertos educativos, ya que «tiene
que haber gratuidad», o si no la libertad de elección no es real. Lo cual no ha
sido óbice para que «la tentación de la escuela única» resurja periódicamente
en la izquierda
«Creo que los conciertos
son el desarrollo exacto de la Constitución», abundó Rubalcaba, quien pese a
reconocer que, efectivamente, «este no es un tema tranquilo en la izquierda
política», se declaró un «gran defensor de este modelo».
Una visión compartida de la
educación
Moderados por el periodista
Carlos Herrera durante la segunda y última jornada del Congreso La
Iglesia en la sociedad democrática –organizado por la Fundación Pablo
VI en colaboración con la Conferencia Episcopal (CEE)–, Rubalcaba y Cañizares
dieron muestras de conocerse y entenderse bien. El vicepresidente de la CEE
ejerció ya esa misma responsabilidad en tiempos de Rodríguez Zapatero, cuando
recayó en él buena parte de la responsabilidad de la interlocución política con
el Ejecutivo. Previamente, entre 1999 y 2005, había sido presidente de la
Comisión Episcopal de Enseñanza. «Tuvimos grandes debates, noches en la Moncloa
sin llegar a acuerdos», recordó el expolítico.
La buena sintonía no se
limitó al terreno personal. Se pudo comprobar cuando Cañizares habló de una
educación integral e impregnada de valores. O en la coincidencia en las
críticas al modelo PISA, que evalúa la calidad de la enseñanza según parámetros
puramente cuantitativos.
La instancia en la escuela
como transmisora de valores por parte de la Iglesia fue lo que, a juicio de
Rubalcaba, le facilitó desde sus responsabilidades de gobierno el entendimiento
con los diversos agentes educativos católicos. «El diálogo no siempre ha sido
fácil, pero siempre ha sido bastante productivo», dijo. «He tenido buena
relación con la Iglesia: con la Conferencia Episcopal, con la FERE, con María
Rosa de la Cierva [religiosa que fue miembro del Consejo Escolar del Estado y
secretaria de la Provincia Eclesiástica de Madrid–…)».Todo ello gracias a que
«compartíamos una aproximación ética» a la cuestión educativa, frente a «otras
visiones de carácter tecnocrático».
Entre los puntos más
conflictos, el antiguo dirigente socialista –hoy de nuevo profesor de Química
Orgánica en la Universidad Complutense– aludió a la insuficiente financiación
de los conciertos, lo que achacó a las limitaciones presupuestarias.
También mencionó las
actividades extraescolares quasi obligatorias en algunos concertados, lo que en
la práctica anula el carácter gratuito de estos centros, y la menor presencia
de alumnos de origen inmigrante en las escuelas concertadas. Si bien –tras las
objeciones del cardenal Cañirares– reconoció que es solo un sector de la
concertada el que «se ha desentendido de la integración», frente a otros muchos
casos «modélicos». «El panorama es diverso» y «hay clichés que no son justos»,
como el que considera que «muchos centros de la Iglesia son de élite», afirmó.
Religión evaluable, pero no
necesariamente computable
El debate giró hacia la
enseñanza de la Religión, habitual objeto de discusión entre el episcopado
español y los distintos gobiernos socialistas. El cardenal Cañizares pidió que
siga siendo de oferta obligatoria para los centros y de elección libre para los
padres. Y «evaluable», aunque –añadió– eso no significa que deba «pasar al
expediente».
«Iba a decir amén», bromeó
el ex político. «Oferta obligatoria, voluntaria para quien la quiera… ¿Y cómo
no va a ser evaluable? Pero no necesariamente computable para todo. Ningún
problema. Eso era la LOGSE».
La tramitación de aquella
ley educativa socialista no estuvo sin embargo exenta de roces con la Iglesia,
pese a lo cual el ex ministro afirmó que fue «una ley pactada de principio
hasta el final» (con la excepción, matizó, del PP, que «no se quiso sumar»).
Uno de los mayores desacuerdos se produjo con la ausencia de una alternativa
evaluable y en buena medida también los horarios, reconoció Rubalcaba. «¿Qué
hacer con los niños que no estudian Religión? Algo que no perjudique a los que
sí la cursan, nos pedían esos padres. Pero entonces los otros padres nos
decían: no les hagan perder el tiempo a nuestros hijos».
Dicho lo cual «ni usted ni
yo pensamos que este sea el gran problema de la educación», prosiguió el
exvicepresidente. No, al menos, «hasta que llegó el señor Wert [primer ministro
de Educación de Rajoy] y volvió a levantar el avispero», prosiguió en
referencia a la actual ley educativa, que el Gobierno quiere sustituir por
otra, sin que hasta ahora haya sido posible encontrar un consenso.
De cara a las
conversaciones con la nueva ministra, Isabel Celaá, a la que Rubalcaba dedicó
encendidos elogios, el histórico socialista aconsejó a la Iglesia que «cojan
cuatro o cinco grandes temas y pónganse de acuerdo. Esta cosa de pactarlo todo,
35 temas, no puede ser».
Un pacto –matizó Cañizares–
que debe partir del ya existente plasmado en la Constitución Española. Y a
partir de ahí, centrar los esfuerzos de todos en mejorar la calidad de la
educación, sea concertada o pública.
Una nueva relación entre el
Estado y las religiones
Hay mayores incentivos hoy
para buscar un entendimiento, según Pérez Rubalcaba, un no creyente que guarda
un gran recuerdo de sus años en un colegio católico (El Pilar de Madrid, de los
marianistas). Ciertos conocimientos de la religión católica son necesarios para
«no acabar convertido en un inculto» o «poder visitar el Museo del Prado y
entender algo».
Al mismo tiempo, es necesario
tener más conocimientos sobre las demás religiones. «Tenemos a más de un millón
de musulmanes, gente con la que vamos a convivir siempre», dijo a modo de
ejemplo.
Todo ello en un momento en
que, desorientados por la globalización, muchas personas han vuelto a la
religión como elemento identitario, «lo que convierte la enseñanza del
hecho religioso en algo fundamental. Si queremos vivir en una sociedad cosmopolita,
con distintas creencias en armonía, hay que enseñar el hecho religioso de modo
que las religiones no sean instrumentos para atacar al que no piensa como tú».
Como sucede llamativamente
en Francia, donde «alguna religión se está utilizando para lo que no se debe»,
el Estado está reconsiderando su relación con las confesiones religiosas. «En
los tiempos que corren, haríamos bien en plantearnos nuevas formas de
colaboración con las autoridades religiosas, porque están llamadas a jugar un
papel, sea bueno o malo».
Ricardo Benjumea
Fuente: Alfa y Omega