Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Con
estos calores estamos todo el día abriendo y cerrando ventanas, subiendo y
bajando persianas...
Al
amanecer, cuando el día más refresca, abrimos ventanas intentado que la brisa
cale hasta dentro y se airee todo. Poco a poco, el sol va dejando pasar sus
rayos, y comenzamos a bajar persianas... Y, cuando más que brisa suave, entra
ese viento bochornoso, se vuelven a cerrar las ventanas...
Me
daba cuenta de que sabemos distinguir con facilidad lo que el cuerpo siente
(hambre, sed, frío, sueño...) y también sabemos encontrar el remedio: agua,
abrir la ventana, taparnos o abanicarnos...
Pero,
al observar esto, me fijaba en que no nos resulta tan intuitivo distinguir lo
que sucede en nuestro corazón. Por él pasan cada día cantidad de emociones, de
momentos de paz, de alegría, y también algunas frustraciones pero, sobre todo,
esa gran necesidad de felicidad... A todos nos cuesta mucho más ir aprendiendo
a ver qué sucede en nuestro interior, y así lo vamos dejando para más tarde sin
buscarle solución.
Quizá
sí tengamos que comenzar a aprender a poner palabras a lo que sucede dentro de
nosotros, pero lo genial es que para todo ello la respuesta y la solución es
una Persona: Cristo.
Cuando
sientes sed de amor, de vida, Jesús es el Agua viva, y si bebes de Él, nunca
más volverás a sentir sed (Jn 4, 14); cuando las circunstancias te generan
miedo o incertidumbre, con Él al mando de tu vida puedes descansar porque
“aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo” (Sal 23,
4); cuando vivimos un gran momento y estamos llenos de alegría, nos acercamos
más a su mayor deseo, “que vuestra alegría sea completa” (Jn 15, 11); cuando hemos
caído, y nuestro error nos pesa, nos regala su perdón y la certeza de que “es
eterna su Misericordia” (Sal 136); o cuando nos vienen pensamientos cargantes
que nos inquietan, en esa tormenta, Él es la calma (Mc 4, 38)...
Lety
nos ayuda a ir aprendiendo a hacer esto con una técnica muy útil, que es
poniéndonos alarmas a lo largo del día que nos paran para volvernos a Él, para
poner palabras a lo que nos va sucediendo, para no dejar que el día te viva a
ti, sino vivir de Su mano en plenitud todo momento.
Hoy
el reto del amor es que te pongas una alarma. Prográmala a una hora inesperada,
para que, cuando suene, puedas parar un momento a orar y a poner palabras a lo
que vives en tu interior. Deja que Él ocupe un lugar en tu corazón. La
respuesta que estás buscando está en Él: ¡es Él!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
