El Romano Pontífice impartió su catequesis sobre los
diez mandamientos
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2018.08.01 Audiencia General en el Aula Pablo VI (Vatican Media ) |
"Los ídolos esclavizan. Prometen felicidad, pero
no la dan; y nos encontramos viviendo para esa cosa o esa visión, atrapados en
un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega", dijo
Francisco en la catequesis del primer miércoles de agosto
En la memoria de san Alfonso María de Ligorio este
primero de agosto, el Papa Francisco reanudó sus Audiencias
Generales en el Aula Pablo VI del Vaticano, tras la pausa
estiva. El Romano Pontífice impartió su catequesis sobre los diez mandamientos.
Tras haber escuchado junto con los peregrinos presentes el primer mandamiento
del decálogo, tomado del Libro del Éxodo el cual reza: «No tendrás otros
dioses frente a mí» (Ex 20, 3), hizo el punto en el tema de la
idolatría. Se trata de un tema “de gran actualidad”, dijo, que afecta a
todos los seres humanos, creyentes o no.
El ser humano,
sea creyente o no, es propenso a crearse ídolos
“El mandamiento prohíbe crearse ídolos o imágenes de
cualquier tipo”, explicó en primer lugar. “Porque todo - añadió-
puede ser usado como ídolo”. “Se trata de una tendencia humana que no ahorra ni
a creyentes ni a ateos”. La idolatría – recordó citando el catecismo de la
Iglesia Católica - no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una
tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios.
Hablando en español se expresó de esta manera:
El primer mandamiento del decálogo, que dice: «No
tendrás otros dioses frente a mí» (Ex 20, 3), nos lleva a reflexionar sobre el
tema de la idolatría, que es de gran actualidad. Al dar este mandamiento, Dios
añade: «No te fabricarás ídolos ni figura alguna, […] no te postrarás ante
ellos, ni les darás culto» (Ex 20, 4-5).
Los “ídolos”
esclavizan. Pero, ¿qué es un “dios” a nivel existencial?
A la pregunta arriba expuesta Francisco respondió
explicando que es aquello que está en el centro de la vida y algo de lo que uno
depende y piensa. “Uno puede crecer en una familia nominalmente cristiana, pero
centrada, en realidad, en puntos de referencia ajenos al Evangelio”, dijo. Y
explicó que esto sucede porque los seres humanos no viven sin enfocarse en
algo:
El ser humano, sea creyente o no, es propenso a
crearse ídolos. La palabra “ídolo” en griego viene del verbo “ver”. Un ídolo es
una “visión” que llega a ser una fijación, una obsesión sobre algo que pudiera
responder a las propias necesidades y, por tanto, se busca y se hace todo por
alcanzarla, pensando que en ella está la felicidad.
El ídolo - se explayó Francisco en italiano- en
realidad es una proyección de uno mismo en objetos o proyectos: y es ésta la
dinámica que utiliza la publicidad. No veo el objeto en sí mismo, sino que
percibo ese automóvil, el teléfono inteligente, ese rol u otras cosas, como un
medio para realizarme y responder a mis necesidades esenciales.
Es así como “lo busco, hablo de eso, pienso en eso” y
“la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto, llegar a esa posición,
parece una forma maravillosa de alcanzar la felicidad, una torre para alcanzar
el cielo (véase Gen 11, 1-9), y todo se vuelve funcional para ese objetivo”,
añadió.
“Sin embargo,
los ídolos exigen un culto y a ellos se sacrifica la propia vida con tal de
alcanzarlos. Se antepone el dinero, la fama o el éxito a la familia, a los
hijos y a la integridad de la vida. Los ídolos son mentirosos
prometen felicidad, pero no la dan, sino que esclavizan y terminan haciéndose
dueños de nuestra existencia”: así el Pontífice puso en guardia
sobre el poder nocivo que ejercen los ídolos en nuestras vidas, dando, además,
algunos ejemplos de estos ídolos, a saber, la fama, la belleza, la carrera, el
dinero.
“Los ídolos
piden sangre”, aseguró. Y “las estructuras económicas sacrifican vidas
humanas por mayores ganancias”. De este modo las vidas se arruinan, las
familias se destruyen y los jóvenes quedan en manos de modelos destructivos, sólo
para aumentar las ganancias.
“En cambio, el
verdadero Dios - iluminó el Papa a los presentes - no nos ofrece ilusiones
ficticias ni hace despreciar el momento presente, sino que enseña a amar a los
demás y a vivir la realidad de cada día”.
Reconocer las propias idolatrías es un inicio de gracia
Y porque el
Dios verdadero no pide la vida sino que la dona, reconocer las propias
idolatrías es un inicio de gracia que pone en el camino del amor, sostuvo
Francisco, explicando asimismo que, de hecho, el amor es “incompatible” con la
idolatría: si algo se vuelve absoluto e intocable, entonces es más
importante que un cónyuge, un hijo o una amistad. El apego a un objeto o a una
idea nos hace ciegos al amor.
En cambio “para
amar de verdad”, uno “debe ser un ser libre de los ídolos”.
Reconozcamos y erradiquemos los ídolos que nos tienen esclavizados
En los saludos
que dirigió a los fieles en los distintos idiomas, hablando en italiano se
dirigió en particular, y como lo hace habitualmente, a los jóvenes, los ancianos,
los enfermos y los recién casados, y recordando la memoria litúrgica de San
Alfonso María de Ligorio “celante pastor que conquistó los corazones de la
gente con mansedumbre y ternura, frutos de la relación con Dios, bondad
infinita”, les animó a que su ejemplo les ayude a vivir con alegría la fe en
las acciones sencillas de cada día.
Mientras que en
la conclusión de la catequesis que impartió en nuestro idioma animó a todos a
entrar en el propio interior “para reconocer y erradicar los ídolos que los tienen
esclavizados” y para poner en su lugar “al verdadero Dios, que los hará –
dijo - libres y plenamente felices”.
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
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