Sus escritos los utilizó Pío XII cuando definió el
dogma de la Asunción en 1950
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José Luiz Bernardes Ribeiro
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San Buenaventura (1274), fue el 5º ministro
general de la Orden Franciscana después del seráfico padre Francisco.
Buenaventura tenía un gran amor y devoción a la Virgen María, y retenía como
absolutamente cierto que, Dios preservó a María santísima de la violación del
pudor y la integridad virginal en la concepción y el parto, y que tampoco
permitió que su cuerpo se desintegrase, descomponiéndose para luego convertirse
en cenizas.
Fueron
tantos los escritos sobre el tema que dejó el santo que incluso un párrafo
entero de la constitución apostólica Munificentissimus Deus está
dedicado a la teología de San Buenaventura da Bagnoregio. Recordemos que con
esta constitución apostólica del 1 de noviembre de 1950, el Papa Pío XII
proclama el dogma de la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma.
Recordamos ese gran amor de san
Buenaventura a la Virgen María con estos consejos y una pequeña oración:
“En todo tiempo ten una gran y
amorosa veneración a la gloriosa Reina, Madre de nuestro Señor. En todas tus
necesidades y en todas tus penas recurre a Ella como al más seguro de los
refugios, implorando su protección; tómala por abogada y encomiéndale con
devoción y confianza tu vida, pues Madre es de misericordia. Ofrécele cada día
un testimonio especial de veneración. Y para que tu devoción sea acogida
favorablemente y tus obsequios le sean agradables, imita su pureza, conservando
puros tu alma y tu cuerpo, y esfuérzate en seguir sus huellas, practicando la
humildad y la mansedumbre”.
¡Augusta
Reina de los cielos! Vos que en virtud de vuestra prerrogativa de Madre de Dios
podéis mandar a las potestades del infierno, dignaos mandar que impidan a los
demonios causarnos el menor daño, y haced que los ángeles nos protejan y nos
preserven de todo mal y de todo peligro.
Amén.
Fuente: Aleteia
