En su mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el
18 de noviembre, el Santo Padre pide "no ser indiferentes al grito de
dolor" de los más olvidados de la sociedad
La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado el
mensaje para la Jornada Mundial de los pobres instituida por el Papa Francisco al
finalizar el Jubileo de la Misericordia, que lleva como título
"Este pobre gritó y el Señor lo escuchó", en alusión al
Salmo (34, 7) y que este año se celebrará el 18 de noviembre de 2018.
"Las palabras del salmista se vuelven también las
nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas
situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y
hermanas, que habitualmente designamos con el término general de pobres”,
explica el Santo Padre, señalando que quien escribe tales palabras, a pesar de
tener una experiencia directa de la pobreza, "la transforma en un canto
de alabanza y de acción de gracias al Señor".
La clave está en buscar a Dios dentro de cada
realidad, situación o circunstancia de la vida, incluso en aquellos momentos
más trémulos y vacíos de la propia existencia; puesto que la verdadera pobreza
humana no reside en los bienes materiales, sino en los dones del Espíritu.
Por ello, el Pontífice subraya que este salmo
"permite también a nosotros hoy comprender quiénes son los
verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada
para escuchar su grito y reconocer sus necesidades".
Escuchar a los
pobres
Por otra parte, el Papa destaca tres verbos
fundamentales contenidos en la lectura de este salmo, que ayudan a comprender
la actitud del pobre y su relación con Dios: gritar, responder y
liberar.
En primer lugar gritar; porque la
condición de pobreza "no se agota en una palabra, sino que se transforma
en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios". Un grito que
expresa sufrimiento, soledad y desilusión, pero al mismo "esperanza",
ya que pide ser escuchado.
"¿Cómo es que este grito, que sube hasta la
presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, y nos deja
indiferentes e impasibles?", plantea el Sucesor de Pedro, señalando que
por ello, en esta Jornada, "estamos llamados a hacer un serio examen de
conciencia para darnos cuenta si realmente hemos sido capaces de escuchar a los
pobres".
Responder a los
pobres
El segundo verbo propuesto por el Papa es responder,
ya que tras escuchar el grito del pobre que sufre, es necesario dar una
respuesta concreta.
"El Señor -dice el salmista- no sólo escucha el
grito del pobre, sino que responde. Su respuesta, como se testimonia en toda la
historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición
del pobre", continúa explicando el Obispo de Roma, añadiendo que
la Jornada Mundial de los Pobres "pretende ser una pequeña respuesta
que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo
y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el
vacío".
Una respuesta que no debe limitarse a la mera "asistencia
material" del necesitado; sino a un auténtico encuentro personal, ya que-
dice Francisco- "los pobres no necesitan un acto de delegación, sino del
compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor".
Liberar a los
pobres
El último verbo es liberar: "el
pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para
restituirle dignidad", escribe el Santo Padre, recordando que la pobreza
"no es buscada, sino creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la
injusticia" y que por tanto, "cada cristiano y cada comunidad están
llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los
pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone
que seamos dóciles; atentos para escuchar el clamor del pobre y
socorrerlo" (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).
Y al respecto, el Pontífice pone en guardia sobre
la "distancia social" que tiende a crearse en torno a los pobres, que sufren
el rechazo, la marginación y la indiferencia de quienes pasan por su lado
ignorando su presencia; ya que actuando así, "sin darnos cuenta se produce
también una alejamiento del Señor Jesús, quien jamás los rechaza sino que los
llama y los consuela".
Los primeros en
reconocer a Dios
Asimismo, Francisco hace hincapié, en que los pobres
son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y
dar testimonio de su proximidad en sus vidas "porque confían en que Dios
permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no hace
faltar el calor de su amor y de su consolación".
"Sin embargo, para superar la opresiva condición
de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y
hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de
la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos
«reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y ponerlos en el centro del camino
de la Iglesia", puntualiza el Papa invitando a todos a participar de
la Jornada Mundial dedicada a los pobres, como un momento
privilegiado de nueva evangelización.
"Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a
descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta
oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para
que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro
salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza
prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene", concluye el Obispo
de Roma.
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