228
millones de personas pasan hambre en un continente que, hasta los años 70, era
autosuficiente en alimentos y exportaba una media de 1,3 millones de toneladas
anuales de alimentos
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| Foto: REUTERS/Goran Tomasevic |
Este
25 de mayo se ha conmemorado la creación, en 1963, de la Organización para la
Unidad Africana (OUA) –hoy Unión Africana– con el fin de promover la
unidad y la solidaridad de los estados africanos. La ONG Manos Unidas, en este
día, reflexiona sobre los desafíos a los que se enfrenta África.
El
primero, el expolio. En África viven más de 1.200 millones de personas y, sin
embargo, el producto interior bruto (PIB) del continente apenas representa el
1,5 % del total mundial.
«A pesar de ser el continente con las mayores riquezas
naturales del mundo, las políticas de venta de tierras a países de Europa, el
Golfo Pérsico, América, China o India para su explotación indiscriminada, así
como la actividad extractiva sin control, las agresiones al medioambiente o la
especulación financiera, sitúan a África a la cola del desarrollo.
De
los 50 países menos desarrollados del mundo, 40 son africanos», asegura Waldo
Fernández, desde Manos Unidas.«Mientras no se produzca un cambio radical en las
políticas comerciales, medioambientales y financieras, que mantienen a la mayor
parte de los países africanos en la pobreza, no podremos hablar de justicia en
África y con África», afirma Fernández.
228
millones de personas pasen hambre en un continente que, hasta los años 70, era
autosuficiente en alimentos y exportaba una media de 1,3 millones de toneladas
anuales de alimentos. Hoy, los países de África deben importar, como media, el
25 % de los alimentos que consumen, «mientras en sus tierras abundan las
plantaciones de palma de aceite, caña de azúcar, girasol y soja para
biocombustibles», señala. «Parece insólito que países en los que el 80 % de la
población depende de la agricultura y donde las emergencias alimentarias y las
hambrunas son recurrentes, estén alimentando a las poblaciones de otros
continentes».
Cooperación en
África
En
África se sigue muriendo de hambre y de enfermedades prevenibles; las guerras y
los conflictos están a la orden del día; más de 300 millones de personas no
tienen acceso al agua potable ni al saneamiento; hay corrupción y falta de
democracia… Sin embargo, «sigue en pie y muestra al mundo signos de esperanza:
en años recientes su PIB ha crecido a ritmos superiores al 5 %; se han reducido
los porcentajes de mortalidad infantil y de malaria; han mejorado las políticas
de salud pública y ha aumentado significativamente la escolarización», explica
Waldo Fernández.
Además,
cuenta con una riqueza incontestable: la juventud de su población. «Serán estos
jóvenes, cada vez más formados y con una mayor conciencia política y social,
los que encaminen al continente hacia el lugar en el que, por justicia, le
corresponde estar», continúa Fernández.
Manos
Unidas asegura «ser consciente de que el actual esquema de cooperación para el
desarrollo necesita mejorar para resolver las ingentes carencias de África».
Desde el punto de vista del hambre y la pobreza, »parece razonable que las ONGD
prioricen el apoyo a proyectos encaminados a reducir las vulnerabilidades de
las poblaciones pobres. Pero cualquier esfuerzo de cooperación será
insuficiente si no se atacan de raíz las causas de la pobreza. Y esto pasa por
un cambio radical en las políticas, internas y externas, que perpetúan la
pobreza», asegura.
Fuente: Alfa y
Omega/Manos Unidas
