Un ratón en mi biblia
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En
la estantería de estudio tenemos varias Biblias para poder trabajar
concordancias. Ayer fui a por una... ¡y me encontré que un ratón se había
comido parte de la Biblia!
Me
quedé mirando asombrada porque no me lo podía creer. Por un lado, no me
explicaba cómo había podido llegar hasta allí; y, por otro... con la cantidad
de libros que tiene la estantería, ¡mira que comerse precisamente la Biblia!
Me
senté en el suelo a observar el destrozo con detenimiento. Seguía sin poder dar
crédito a lo sucedido. Llamé a Israel, que estaba cerca, y le conté lo que
había hecho el ratón. Israel, riéndose, me respondió:
-Tenía
hambre y se ha alimentado de la Palabra de Dios...
Me
quede pillada con esta frase, y acabé dando gracias al Señor por el ratón,
porque con su “picia” me estaba invitando a alimentarme yo también en mi vida
de la Palabra del Señor.
Y,
es cierto, la Palabra de Dios tiene una fuerza impresionante, nunca te deja
indiferente: tiene la fuerza de levantarte cuando estás caído, de corregirte
cuando te desvías del camino, de consolarte en el dolor... En ella encuentras
todo lo que necesitas.
A
lo largo de mi vida religiosa, querido retero, me ha sostenido muchas veces
leer un versículo. Muchos me han tocado el corazón y me han acompañado durante
días.
Al
final, entiendo al ratón... Al tener hambre, lo mejor que ha podido hacer es
comer la Palabra de Dios.
Hoy
el reto del amor es que busques tu Biblia y, con ella en la mano, pídele al
Señor que te hable a través de su Palabra. Ábrela por una página y lee un rato
con paz, déjate impregnar por ese versículo que el Señor te quiere regalar. Si
no tienes Biblia, ponte la aplicación de la Biblia de Jerusalén y pincha un
versículo para descubrir lo que el Señor te quiere decir. ¿Comerás hoy de la
Palabra de Dios?
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
