Preparación muscular
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Nada
más salir de la cama, sentí que me habían caído, por lo menos, 50 años más de
golpe. Fue estirarme un poco y...
-¡Ay!
Mi espalda...
Me
agaché para coger los zapatos y...
-¡Ay,
ay, ay! ¡Qué dolor de piernas!
Tratando
de aliviarme, quise sentarme en la silla, pero, al doblar las rodillas...
-¡¡Aaaaaaaaayyyyyy!!
¡Me muero! ¡De esta me muero!
Ya
calzada, no encontraba fuerzas para volver a ponerme en pie. Quise ayudarme de
los brazos, pero...
-¡¡Ay,
ay, aaaaaaaayyyyy!!
Ya
te digo; lo menos, 50 años más de golpe. ¿Que qué me pasaba? Pues que el día
anterior había estado de cocina, lo di todo... y me desperté con agujetas hasta
en la lengua.
Ese
día, caminar sin parecer un robot, ni hacer muecas con la cara, ni resoplar al
sentarme o levantarme... ¡era toda una proeza!
Lo
cierto es que, por ganas, me habría quedado en la cama todo el día. Pero, ya lo
decía mi antiguo profesor de Educación Física: ¡las agujetas se quitan con más
agujetas!
“¡Ay,
Señor, lo que hace la falta de costumbre!”
De
pronto descubrí... ¡que nos pasa exactamente igual en la vida de nuestra alma!
Puede ser que un día sientas en tu corazón que el Señor te invita a sonreír a
esa persona que te cae un tanto antipática. Tal vez te animes a ello pero,
¡cómo cuesta! Y más si no recibes una respuesta amable: ¡ahí sí que puedes
acabar con buenas agujetas en la cara y en el alma!
Pero,
un acto que se repite da lugar a un hábito: cada vez nos cuesta menos
realizarlo. Igual que en el deporte, que a medida que se practica, cada vez se
tienen menos agujetas; cada vez que se apuesta por amar, es una victoria hacia
un Amor más grande, ¡hasta poder entregarnos con alegría!
Sin
embargo, como en el deporte, nuestra alma también necesita cierta “preparación
muscular” antes del esfuerzo. En el caso de un ejercicio físico, se recomienda
tomar agua con azúcar para evitar las agujetas, ¿no? ¿Y no decía Israel hace un
par de días que Jesús es como el azúcar? ¡Pues eso! Para poder apostar por
amar, la preparación es empaparse del amor del Señor...
Hoy
el reto del amor es sonreír a esa persona que te resulta complicada y con la
que te encuentras todos los días. ¡Pero recuerda prevenir las “agujetas”! Antes
de nada, dedícale unos minutos a Cristo, ¡déjate querer por Él! Él no pone
límites a su amor por nosotros... ¿pondremos nosotros límites a nuestro amor a
los demás? ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
