Localizando para agradecer
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El
sábado recibí una vista inesperada: tres personas que han pasado por mi vida de
una forma especial coincidían en el locutorio. Estaba impresionada, pues era
inimaginable que se pudiese dar. Se encontraba delante de mí la persona que me
llevó al Señor, que me dio la mano en mis primeros pasos en la fe y que siempre
ha permanecido; una profesora que en su momento me dedicó tiempo y atención con
mis estudios y con todo lo demás, dejando una huella profunda en mí (¡hacía
unos 12 años que no la veía!) y, por último, otra que me acompañó a lo largo de
un tramo del camino.
Las
tres iban juntas de excursión por la zona por otro motivo, y en el coche
cayeron en la cuenta de que las tres me conocían, por lo que decidieron venir a
verme.
Y
ahí las tenía. Las miraba asombrada. Hubo un momento en que les compartí lo
impresionada que estaba de la “coincidencia” y sentí que no podía dejar de
darles las gracias por todo.
La
gratitud es mostrarle a la otra persona que realmente valoramos y apreciamos lo
que ha hecho por nosotros o lo que nos ha dado.
Hay
muchas formas de reconocer al Señor, su gracia y su compañía en nuestra vida. Y
a menudo son rostros humanos; no son circunstancias que a lo mejor uno ha
planeado, son personas. El Señor nos acompaña, nos ayuda y nos da su gracia
mediante personas que pone cerca de nosotros, en las que podemos reconocer Su
bondad para con nosotros.
Si
miras hacia atrás en tu historia, seguro que te viene a la cabeza una persona
que, de forma especial, ha permanecido y te ha tendido una mano en un momento
dado: un profesor, un amigo, vecinos, sacerdotes... personas cuya presencia ha
sido decisiva en un momento dado, pero que hace tiempo que no sabes de ellos.
Hoy
el reto del amor es que localices a esa persona en la que estás pensando y le
des las gracias. Llama, busca, pregunta y ¡localízala! Dale las gracias, pero
un "Gracias" de verdad, y descubrirás que agradecer es tan
gratificante como recibir. Quizá sea una aventura, pero... ¡merece la pena!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma