En el Día Mundial del Agua
2018, el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Mons. Fernando
Chica, habla acerca del agua, “derecho inalienable y fundamental”
Cada
22 de marzo, el Día Mundial del Agua viene celebrándose, bajo distintos
títulos, desde el año 1993 por voluntad de la Asamblea General de las Naciones
Unidas. Una jornada que es “un auténtico aldabonazo, una llamada a nuestra
conciencia para que ayudemos a los más necesitados de este recurso fundamental”
asegura Monseñor Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa
Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA, haciendo hincapié en que hay que plantarle
cara a este enorme problema del agua porque “cuando el dolor de las personas
está de por medio, no hay tiempo que perder”.
Bajo
el lema “la respuesta está en la naturaleza”, todas las iniciativas de este año
“se centran en explorar como la naturaleza puede ayudarnos a superar los
desafíos que plantea el agua en pleno siglo XIX” dice Monseñor Fernando Chica
Arellano, ya que “cuando descuidamos los ecosistemas” – puntualiza –
“dificultamos el acceso a los recursos hídricos, imprescindibles para
sobrevivir y para prosperar”.
“El
lema de este año nos hace mirar a la naturaleza buscando soluciones naturales
que puedan dar respuesta a muchos de nuestros problemas”, así, plantar bosques,
reconectar los ríos con las llanuras aluviales incluso restaurar los humedales
son soluciones que “devolverán el equilibrio al ciclo del agua, además de
mejorar la salud pública y los medios de vida” asegura el Observador Permanente
de la Santa Sede ante la FAO.
663 millones de personas
viven sin suministro de agua potable cerca de su hogar
Según
la ONU, en la actualidad más de 663 millones de personas viven sin suministro
de agua potable cerca de su hogar, algo que es “un verdadero escándalo” dice
Mons. Chica, porque en la mayoría de los casos “los que se trasladan son
mujeres y niñas”.
Fernando
Chica explica además, que son las clases más vulnerables de la sociedad que
tienen que recorrer muchos y largos kilómetros bajo un sol abrasador. “A veces
para recoger un poquito de agua pasan hasta 6 horas caminando y a veces entre
caminos muy inseguros”, pero al mismo tiempo esa agua, cuando vuelven a casa,
“lo tienen que hervir porque no pueden beberla directamente” afirma, ya que si
la beben “generalmente se enferman con diarreas, con tosferina, y con otros
tipos de enfermedades infecciosas.”
Esto
nos está diciendo – señala Chica – “que hay que invertir en saneamiento” y que
el problema del agua requiere mucha inversión, sobre todo en aquellos países
más necesitados: “Pensemos en Etiopía, en Somalia, en Kenia, en Sudán de Sur”
dice Mons. Chica, “hay números países, sobre todo en África, que requieren
grandes inversiones, dosis de generosidad y de solidaridad, una solidaridad
activa, eficaz, concreta”. Y es por ello que esta Jornada Mundial del Agua nos
tiene que llevar “a levantar la mirada y pensar en todos esos hermanos y
hermanas que sufren porque les falta el elemento fundamental para la vida” y
cuando este falta – asevera – “lo que se engendra es muerte”.
Menos pesimismo y más
responsabilidad
“Agua
verdaderamente hay” detalla el Observador Permanente de la Santa Sede, lo que
pasa es que “está muy mal distribuida, unos nadan en la abundancia y otros no
tienen lo mínimo”, por tanto - continúa – “hace falta equidad, y verdaderamente
invertir para solucionar este problema”.
Y
es por ello que ante la carencia del agua, Chica nos invita a no caer en el
pesimismo: “tenemos que crecer en esperanza y abandonar planteamientos
insolidarios para crear una cultura del cuidado del agua y adoptar medidas
concretas y soluciones viables, que aseguren una tenencia y una gestión
racional y clarividente de este recurso tan fundamental para la paz y el
progreso de los pueblos”, sin olvidar la importancia de “educar a las nuevas
generaciones en este sentido”.
Por
último asegura que “preservar el agua es defender la vida” e incentiva a que en
esta Jornada Mundial del Agua 2018 “suene la campaña de la responsabilidad”
para que todos pensemos en los más menesterosos, en los que vienen detrás de
nosotros y los cuales no pueden heredar un mundo devastado y contaminado, “sino
aquel jardín que Dios pensó cuando creo el mundo y lo dotó de este riquísimo y
precioso elemento como es el agua que es un bien común de todos, un derecho
inalienable y fundamental”.
Mireia
Bonilla – Ciudad del Vaticano
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