Joseph Yacoub, primer
titular de la cátedra UNESCO “Memoria, culturas e interculturalidad” y profesor
honorario de la Universidad Católica de Lyon, reflexiona sobre
futuro del cristianismo en Irak y en Siria
A medida que la situación se
hunde en la violencia y la inestabilidad en Siria e Irak, Oriente Medio se
vacía progresivamente de sus comunidades cristianas. Joseph Yacoub, primer
titular de la cátedra UNESCO de “Memoria, culturas e interculturalidad” y
profesor honorario de la Universidad Católica de Lyon, acaba de publicar un
libro titulado Los cristianos de Oriente
frente al nacionalismo árabe y el islamismo.
Yacoub
describe para Aleteia los retos vinculados al mantenimiento de una diversidad
cultural y una coexistencia pacífica.
Aleteia: Desde 1984, usted no
ha parado de escribir sobre los cristianos en Oriente, en particular los de
Irak y Siria. En 2003, ya escribió el libro Menaces
sur les chrétiens d’Irak [Amenazas sobre los cristianos de Irak]…
¿Imaginaba usted una situación así quince años después?
Joseph Yacoub: En 2003, mi libro salió
menos de un mes antes de la invasión americana de Irak. En aquel momento decía
yo que si por desgracia Estados Unidos comenzara una guerra contra Irak, se
podrían pronosticar amenazas para los cristianos de ese país. Cuando examinamos
las cosas de cerca, el pasado, lejano e inmediato, era portador del presente.
Varias guerras se sucedieron –Irán-Irak de 1980 a 1988, Primera guerra del
Golfo de 1990 a 1991– con consecuencias muy desafortunadas para las comunidades
cristianas.
Se
puede decir que el año 1992-1993 fue un punto de inflexión para el país. El
embargo impuesto a Irak fue despiadado, especialmente para los niños. No hizo
ninguna distinción religiosa y todo el pueblo iraquí sufrió como resultado de
ello.
Enfrentado a grandes
dificultades, el régimen utilizó las lágrimas de la religión para asentar su
poder. Este período marca así el comienzo de la islamización progresiva del
Estado y de la sociedad con la instrumentalización del islam por el poder
político. Se instaló en el país un clima de violencia. En la sociedad civil,
los signos de desecularización se han multiplicado. El bloqueo económico y el
clima de violencia han generado un aumento de la inestabilidad política en el
país y causado gran preocupación entre el pueblo iraquí cristiano, inquietudes
por su futuro y el de sus hijos. No tenían ningún horizonte, ninguna razón para
permanecer en su país. “Este país ya no es nuestro país”, decían.
¿Los cristianos de Irak van a
desaparecer?
En
2003, se calculaba que el número de cristianos en Irak era de un millón. Hoy en
día, se estima que el 60% de ellos han optado por el exilio. A la luz de estas
cifras, de los hechos y del clima general, existe el riesgo de que
desaparezcan. No debemos negar lo evidente. El país está varado en la
inestabilidad y la violencia y el poder político es incapaz de defender el
interés general y el bien común. Por lo tanto, existe un riesgo real de que el
número de cristianos disminuya gradualmente hasta desaparecer por completo. En
Irak, como en Siria, se muere una de las cristiandades más antiguas del mundo.
¿El éxodo es inevitable para
las comunidades cristianas de Irak y Siria?
El
éxodo afecta a todas las comunidades. La historia fluctúa constantemente, es un
vaivén, y por eso es difícil hablar de destinos fatales. Dados los hechos, ¿se
puede remediar este éxodo? La realidad demuestra lo contrario por el momento.
Cuanto más se atasca la situación, menos posibilidades hay de que estas
comunidades valoren otras opciones.
¿Cuáles serían las
consecuencias de la desaparición de las comunidades cristianas en Irak y Siria,
consideradas cuna del cristianismo?
La
desaparición de las comunidades cristianas en Irak y Siria sería una tragedia
sin precedentes, especialmente en dos países que vieron nacer el cristianismo.
Mesopotamia no es solo una historia antigua, ni los vestigios de un pasado
cumplido o un recuerdo polvoriento. Está inscrita en el presente, como cultura
y civilización, en la memoria de muchas comunidades cristianas orientales. Los
cristianos de Oriente, pueblos profundamente autóctonos, herederos de un
cristianismo indígena y apostólico que habla el arameo, están dotados de
liturgias propias que se remontan a los primeros siglos. En las orillas de
estos tres ríos bíblicos, el Tigris, el Éufrates y el Jabur, entre Irak y
Siria, han escrito páginas que permanecerán para siempre vivas en la memoria de
Oriente.
Recordemos
que estos países han estado en el centro del cristianismo desde los primeros
siglos: ¿no es esta la tierra de Pedro y Tomás? ¿No se convirtió san Pablo de
camino a Damasco? Fue en Antioquía, entonces capital de Siria, donde el nombre
de cristianos apareció por primera vez en el año 37. País de las primeras
liturgias, Siria envió varios obispos al concilio de Nicea en 325. Debido a que
el cristianismo está consustancialmente ligado a estas tierras, su desaparición
sería una tragedia.
¿Cómo se integra (o no) el
cristianismo de Oriente en el nacionalismo árabe?
A
nivel de la identidad nacional, el nacionalismo árabe, aunque secularizado como
ha sido, ha intentado borrar toda clase de diversidad étnica y cultural,
acentuada por la ausencia de democracia, para imponer la imagen de una nación
supuestamente unificada del Golfo al Atlántico. Sin embargo, esto es un mito y
su fracaso político ha contribuido al aumento de las corrientes islamistas, que
no ha podido contener. Hay que hacer una distinción entre la arabidad y el
nacionalismo como ideología. Los nacionalistas árabes expulsaron
voluntariamente de su historia todo lo que precedió a la aparición del islam en
el siglo VII y dieron prioridad al periodo árabe-musulmán. Sati al-Husri, un
teórico sirio del nacionalismo árabe, presenta así una visión de la historia
recortada, en ruptura con todo lo que precedió al siglo VII. Según él, el
arabismo es el punto de partida del renacimiento nacional.
Sin
embargo, la historia de estos países es una crítica al nacionalismo árabe. En
su continuidad y unidad, cada civilización viene a tomar de lo que la precedió
y se enriquece con lo que había antes: ¡el arameo y el árabe son dos lenguas
hermanas! Las contribuciones son recíprocas y es lamentable observar que los
ideólogos del nacionalismo árabe no integraran en sus análisis y en su proyecto
político el cristianismo oriental y las herencias civilizacionales en estos
países antes del siglo VII.
¿Cómo se puede mantener en
estos países la diversidad cultural que representan los cristianos orientales?
Hay
muchos obstáculos que superar. Se trata de reconocer el ser cristiano oriental
en su existencia y su esencia de la misma manera y en pie de igualdad con el
ser arabomusulmán. Esto daría legitimidad histórica y profundidad al
cristianismo oriental. Al mismo tiempo, también tranquilizaría a los cristianos
orientales que entonces podrían decir: “Este país es mi país”. Una vez más, no
son los misioneros occidentales los que han venido a convertirnos, los
cristianos llevan aquí 2000 años, son orientales. Es una característica propia
que nos distingue del cristianismo occidental.
El cristianismo oriental, al
igual que el islam –la cultura arabomusulmana–, son dos componentes religiosos
y culturales fundamentales de estos países. El día en que esta razón cristiana
oriental se integre y reconozca de la misma manera que la arabomusulmana, por
ejemplo, mediante una inscripción en las constituciones de estos países, una
gran parte del problema ya se habrá resuelto. La síntesis del cristianismo
oriental y el islam podría producir un ser oriental profundamente arraigado y
apegado a su país, independientemente de su religión.
En un plano más personal,
¿cómo ve usted la situación en Siria?
Como
ya se lamentara el profeta Jeremías, yo lloro el país donde pasé mi infancia.
Este mosaico permanece en mi memoria y sigue siendo una fuente de riqueza, pero
una pregunta que me sigo haciendo es: “¿Cómo hemos llegado hasta ahí?”. Siria
ha sufrido una inestabilidad crónica y estaba atascada en un nacionalismo árabe
que creía victorioso en detrimento de sus minorías. Siria no gestionó su
diversidad porque no supo mirar de frente su historia: la de una tierra de alta
cultura y de múltiples civilizaciones.
Agnès Pinard Legry
Fuente: Aleteia