"Hay un elemento
constante que caracteriza a la Academia: estar al servicio de la Iglesia con la
intención de promover, solicitar y sostener en sus diversas formas la
inteligencia de la fe en el Dios revelado en Cristo"
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| Audiencia del Papa a la Pontificia Academia de Teología |
Poco después del mediodía de este 26 de
enero el Papa Francisco recibió en audiencia a miembros de la Pontificia
Academia de Teología, que este año celebrará tres siglos de su
institución. Tras expresar su complacencia por el encuentro y su gratitud
al Presidente de dicha Academia, el Rev. P. Réal Tremblay, por las palabras que
le dirigió, el Romano Pontífice pasó a su meditación sobre el recorrido de
dicha Academia Pontificia: “Tres siglos de vida ciertamente constituyen una
meta significativa, pero no deben ser la ocasión ni para mirar en manera
narcisista a sí mismos, ni para volverse nostálgicamente hacia el pasado. Más
bien, representan el estímulo para una conciencia renovada de la propia
identidad y para el relanzamiento de la propia misión en la Iglesia”, expresó.
El recorrido histórico
Sucesivamente el Papa recordó que la
Pontificia Academia de Teología ha conocido, en su historia, diversos cambios
de estructura y organización “para ir al encuentro de los desafíos siempre
nuevos planteados por los diferentes contextos sociales y eclesiales en los que
se ha encontrado operando”, y reconoció que, sin embargo, cuando el cambio en
la situación histórica y cultural ya no requirió esta tarea, la Academia
“asumió la fisonomía, que aún posee, de un grupo de estudiosos llamados a
investigar y profundizar temas teológicos de particular relevancia”. Al mismo
tiempo, precisó Francisco, en la composición del cuerpo de los socios, se
delineó aquel equilibrio entre los miembros que operan en la Urbe y los que
operan fuera de él, que todavía hoy distinguen la peculiar dimensión católica e
internacional de la Institución.
La constante: el servicio a la
Iglesia
“Más allá de los diversos cambios, -
continuó el Obispo de Roma- hay un elemento constante que caracteriza a la
Academia: estar al servicio de la Iglesia con la intención de promover,
solicitar y sostener en sus diversas formas la inteligencia de la fe en el Dios
revelado en Cristo; fiel al Magisterio de la Iglesia y abierta a las
necesidades y desafíos de la cultura, ella se pone como lugar de confrontación
y de diálogo para la comunicación del Evangelio en contextos siempre nuevos,
dejándose solicitar por las urgencias que alcanzan a la humanidad sufriente
para ofrecer la contribución de un pensamiento creyente, encarnado y solidario:
también el Foro de Creación que están actualmente llevando a cabo los empuja
precisamente en esta dirección”.
El intercambio cultural, una
fuente de riqueza
En la
prosecución de su discurso, Su Santidad señaló otro aspecto que ha caracterizado
la Pontificia Academia de Teología desde sus inicios, a saber, el vínculo con
las demás instituciones
universitarias y
educativas romanas, a partir de la histórica Universidad "La
Sapienza", siguiendo por las Escuelas del Seminario Romano, hasta las que más tarde se convertirían en
las Universidades Pontificias de Roma.
“Los
contactos continuos, en una relación de recíproco intercambio cultural con
estas instituciones y con muchas congregaciones religiosas a las que
pertenecieron y pertenecen sus miembros, hicieron que la Academia Pontificia de
Teología nunca haya sido considerada una entidad aislada y autónoma, sino que
haya desempeñado su papel insertada en una red de relaciones a partir de la
cual todos los interlocutores se han enriquecido. Mirando al pasado, la
Academia todavía está llamada aun hoy a captar su propia identidad no en una
perspectiva autorreferencial, sino como promotora de un encuentro entre
teología, filosofía y ciencias humanas, para que la buena semilla del Evangelio
dé sus frutos en el amplio campo del conocimiento”.
Por
último el Santo Padre Francisco remarcó que la necesidad de una cooperación
cada vez más estrecha entre las instituciones académicas eclesiásticas romanas
requiere que la Academia Teológica “no sea extraña” sino que “sepa colocarse en
diálogo fecundo con cada una de ellas para favorecer un trabajo común,
coordinado y compartido”.
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
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