Rosa Pich-Aguilera y Lola Pérez tienen muchas cosas común. Son mujeres católicas,
muy comprometidas con su fe, defensoras de la familia y madres de familia
numerosa
![]() |
Lola Pérez y Rosa Pich-Aguilera compartieron juntas su
testimonio
|
Pero además, ambas han quedado enviudado en los últimos meses,
después de que sus maridos fallecieran los dos debido a un cáncer de hígado.
Lola es la viuda de Rafa Lozano, con el que tras 22 años de matrimonio tuvieron seis hijos. Rafa fue un incansable defensor de la vida desde su labor en RedMadre y el Foro de la Familia. Y desde el COF Juan Pablo II de Madrid ambos ayudaron a cientos de personas, con su palabra y su testimonio.
Lola es la viuda de Rafa Lozano, con el que tras 22 años de matrimonio tuvieron seis hijos. Rafa fue un incansable defensor de la vida desde su labor en RedMadre y el Foro de la Familia. Y desde el COF Juan Pablo II de Madrid ambos ayudaron a cientos de personas, con su palabra y su testimonio.
Por su parte, Rosa es viuda de Chema
Postigo, con quien ha tenido 18 hijos. Juntos
compartieron la muerte de tres de ellos. Su testimonio como familia numerosa
dio la vuelta al mundo e incluso quedó patente en un libro, Cómo ser feliz con 1, 2, 3…hijos?.
La revista Misión ha juntado
a ambas para hablar de muerte y vida, del sufrimiento de este tiempo pero
también de las gracias que sus maridos están ya produciendo. Es en definitiva
un enorme testimonio de fe de dos mujeres extraordinarias. Esta es la entrevista realizada por Juan Luis Vázquez
Díaz-Mayordomo para Misión:
- Han pasado trece meses de la muerte de Rafa y
diez meses de la de Chema. ¿Qué recordáis de esos momentos?
-Rosa Pich (RP): Chema fue muy
consciente de la gravedad de su enfermedad y sabía que era algo terminal.
Fuimos al hospital porque le dolía la espalda, y ya no salió de él. En el
hospital llamó a los niños y empezó a decirles: “Jesús es muy bueno y nos
quiere mucho. Primero se llevó con Él a vuestros hermanos Javi y Montsita,
después a Carmen, y ahora…”. Y no siguió. A los niños se les empezaron a caer
las lágrimas. Fue un momento muy especial. Recuerdo que un hijo mío dijo:
“Mamá, ¿quieres que vaya a buscar un cubo para recoger todo esto?”, y rompimos
a reír. Otro me dijo por la noche:
“Mamá, ha sido el día más bonito de mi vida; hemos llorado y reído a la vez”. A
pesar del dolor, fue muy bonito.
- Lola Pérez (LP): Nosotros
tuvimos más tiempo para asimilar la gravedad de la enfermedad de Rafa, pero el
día que nos dieron el diagnóstico reunimos a los niños en casa. Ellos
preguntaron: “¿Vamos a tener otro hermano? ¿Vamos a cambiarnos de casa?”,
porque eran nuestros temas de entonces, pero él les contestó: “No. Algo mucho mejor: vamos a tener un
combate. Y para ese combate nos tenemos que poner la mejor armadura: la
oración”. Les contó lo que pasaba y los niños empezaron a
llorar, a preguntar, a enfadarse…, que son emociones normales. Hasta que uno de
mis hijos le dijo: “Bueno, papá, lo mejor es que no te vas a quedar calvo”,
porque mi marido ya era calvo. Y empezamos a reír y a abrazarnos. Fue
un momento súper bonito, y esa unión de todos resultó clave para nosotros
después.
- Y vosotras, ¿cómo vivisteis la despedida de
vuestro marido, después de tantos años juntos?
RP: Es verdad que en esos
momentos del hospital tienes poco tiempo para pensar en ti misma. Yo lloré mucho, pero enseguida pensé: tengo
muchos niños conmigo y se merecen una infancia feliz. No me
podía hundir en un pozo, tenía que ponerme a nadar y mirar adelante.
LP: El año previo a la muerte
de Rafa se hizo patente todo lo que habíamos vivido juntos los años anteriores.
Para mí fue un año de fe, de probar aquello en
lo que creíamos Rafa y yo: o te lo crees, o no te lo crees.
Aprendí mucho de él, de su aceptación de aquello que toca vivir, de su
humildad. Parece que los hombres tienen la obligación de mostrarse fuertes y tener
todo controlado, pero en Rafa vi una aceptación de la debilidad muy bonita. Me
ayudó mucho ver ese interior.
- La forma de vivir con alegría la muerte de
Rafa y de Chema ha llamado mucho la atención. ¿Cómo se puede vivir así una
situación tan dolorosa?
RP: La fe es un don, es un
regalo, y la gente que no la tiene quizás no lo pueda entender. Nacemos para ir al Cielo; es una realidad.
Nosotros hemos vivido la muerte de tres hijos, y eso lo hemos superado gracias
a la fe, vivida día a día. Algunos me han dicho: “No sabes lo
que ha alcanzado la muerte de tu marido; te enterarás en el Cielo”.
- ¿Os ha llegado algún favor especial tras la
muerte de vuestros maridos?
LP: Sí. Rafa era muy provida y
daba muchas charlas sobre el matrimonio. Después
de su muerte, varias parejas que no podían tener hijos ya han podido
concebir. Y me han dicho: “Esto nos lo ha conseguido
Rafa, se lo hemos pedido a él”. Otra cosa muy bonita es que a nuestro grupo de
oración venían varias personas solteras que no encontraban novio o novia;
bueno, pues en este año he asistido ya a ¡ocho bodas! Para mí es una bonita
señal, pero reconozco que todo esto es algo que me abruma [risas].
-¿De dónde os viene esa fuerza que tenéis en
este tiempo?
RP: De estar delante del
Santísimo, de rezar el Rosario todos los días, de la Misa diaria… Es lo que a
mí me ha funcionado. Y en los
momentos de desánimo, coger la Cruz y decir: “Señor, Tú puedes más, ayúdame”.
LP: Para mí, la clave es amar y
seguir amando. Que nuestro marido se haya ido no es una tragedia, es la promesa
cumplida: “Vais a estar conmigo en el
Cielo”. Rafa ya está donde tiene que estar. Tener muy
presente la vida eterna te hace vivir el presente de una manera distinta.
También ayuda nuestra forma de vivir en familia, de desdramatizar todo y vivir
la vida con alegría: eso luego sale.
- Esa forma de vivir la fe alegre en medio del
dolor también se reflejó en el tanatorio y en el funeral…
LP: A mí la gente me decía:
“¿Cómo llevas a tus hijos al tanatorio?”, y yo pensaba: “¡Pero cómo no los voy a llevar!”.
Ellos tenían que estar con su padre hasta el último momento. Y luego estaban
allí consolando a la gente, hablando y riendo con todos. Ellos me han enseñado
mucho también.
- La relación con vuestro marido, ¿cómo
continúa hoy? Porque Rafa y Chema están vivos, en Dios…
LP: Bueno, yo he estado muy
enfadada con él [risas]. “Oye, me tienes que ayudar”, le digo hoy. A mí
me costó muchísimo no tenerle físicamente, mirarnos y cogernos de la mano, pero
es verdad que con el paso del tiempo he ido notando su presencia de otro modo. Rafa está ahí, y sobre todo lo percibo cuando
comulgo en Misa. No solo viene el Señor, sino también la
Iglesia de allá arriba: “Oye, estoy aquí”, le noto. Está pendiente, ¡y más le
vale! [risas].
RP: Nosotros casi no tuvimos
tiempo de despedirnos, porque todo fue muy rápido. Yo lo noto cerca, pero es muy difícil…
A veces no entiendes por qué te ha pasado esto, pero toca vivir en la fe y
mirar hacia delante. Dios no nos quiere aquí llorando por las esquinas, sino
que sigamos caminando, en mi caso muy arropada por mis 15 hijos.
- ¿Os habéis enfadado con Dios en algún momento?
LP: Yo sí. La primera vez que
fui a Misa después de la muerte de mi marido estuve a punto de darme la vuelta.
Estaba muy dolida, pero ha sido muy bonito el proceso de vuelta, de reconocer
su amor, de decirle: “Pero si Tú entregaste a tu propio Hijo…”. Me ayudó mucho reconocer que no soy una
superwoman ni una supersanta. Volví dejándome hacer, dejándome
amar.
RP: Yo creo que es muy bueno que tus hijos vean esa
debilidad, que se den cuenta de que somos personas de carne y
hueso y que las cosas nos afectan. Yo me encerré el otro día en la
habitación a llorar, y no pasa nada. Es bueno llorar.
- ¿Qué diríais a quienes estén pasando un
sufrimiento similar al vuestro?
RP: Que tenemos derecho a estar
enfadados y tristes, y a llorar… Pero tenemos
que pedir a Dios que nos ayude a entender que nos ama y que de
este dolor va a sacar algo bueno.
LP: Yo les animaría
también a seguir amando a los demás, pero sin esconder su sufrimiento ni
taparlo. Y no tener miedo a pedir
ayuda.
- Vamos a mirar al futuro. ¿Cómo es la Rosa de
hoy, la Lola de hoy? ¿Cuál es vuestra misión?
RP: La mía es estar con mis
hijos. He renunciado a algunas cosas solo para estar más tiempo con ellos, y
para poder abrir la puerta de casa por las tardes cuando llegan. Luego está la misión de dar aliento a otras
personas que lo están pasando muy mal, que se sienten solas y
acuden a mí para buscar ayuda.
LP: Mi misión es seguir amando.
Amar y querer lo que el Señor me ponga delante:
en el servicio a matrimonios y familias con dificultades en el COF, y, sobre
todo, en mi familia. Cuando murió Rafa percibí la tentación de
despegarnos y de que cada uno hiciera su vida, y por eso también he rechazado
algún trabajo para poder estar tiempo con mis hijos y vivir más para ellos.
Fuente: ReL
