La ayuda que llega a
tiempo
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
estuve un rato en la cocina trabajando. En ese momento en que estaba sola, de
pronto la puerta se abrió y una hermana... ¡me pilló! Estaba llorando, pero,
¡no hay por qué asustarse! En esta ocasión lloraba porque estaba pelando
cebolla.
Los
ojos se me deshacían en lágrimas, casi tenía que dejar el cuchillo porque, de
tanto lloriquear, no veía bien para seguir cortando. Y, rápidamente, ella se
acercó a mí:
-¿Estás
llorando por la cebolla? ¡Espera! -me dijo, mientras se acercaba corriendo a la
nevera.
La
vi coger un huevo, y me lo puso delante de la tabla de cortar.
-Dicen
que con la cáscara del huevo no se llora...
Pero
parecía que aquello no le convencía del todo. Y enseguida me explicó que ella,
cuando iba a cocinar, lo que hacía era ponerse una miga de pan entre los
labios.
Así
que, sin más miramientos, se fue corriendo a por un trozo de pan.
La
verdad es que yo estaba un poco escéptica, pero, sólo por el cariño que veía en
ella, por el detalle de ayudarme a buscar una solución, me puse la miga de pan
en los labios, y así me pasé el resto del tiempo que estuve con las cebollas.
La
verdad es que tenía razón, ¡aquello funcionó!
El
Señor me mostró que merece la pena confiar en las personas que tenemos al lado.
Sí,
porque cuántas veces nos encontramos en situaciones de nuestra vida así,
llorosos por las circunstancias vividas. Seguro que has experimentado que
siempre aparece alguien que acude a ayudar, para tenderte una mano y, sin
embargo, ¡cómo nos cuesta fiarnos del otro! Pensamos que su experiencia es
diferente, y casi casi nos resignamos a llorar mientras pelamos la cebolla,
como si no hubiera otra posibilidad.
Pero
con el Señor siempre hay otra posibilidad, Él nunca te deja caído. Y, como le
encanta trabajar en equipo, seguro que te está tendiendo Su mano por medio de
la de un hermano.
Hoy
el reto del amor es escuchar las propuestas de los demás. Hoy el Señor te dará
un montón de oportunidades para confiar en los demás; dale tu mano, fíate, y
deja que Él te muestre que cuatro ojos ven más que dos.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma