La sobrepoblación, la pobreza, el
espíritu de acogida, la laboriosidad: el rostro del país asiático según la
descripción de sor Annamaria Panza y del padre Franco Cagnasso
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| Sor Annamaria Panza, misionera en Bangladesh desde hace 13 años |
Después
de haber visitado Myanmar, el Papa Francisco (del 30 de noviembre al 2 de
diciembre próximos) visitará Bangladesh. La densidad de la población de este
país, que nació en 1971, es de las mayores del mundo: 160 millones de
habitantes en un territorio de alrededor de 15.000 kilómetros cuadrados (la
mitad del territorio, por ejemplo, de Italia).
Los católicos constituyen una
pequeña minoría, con menos de 400.000 personas. Después siguen los protestantes
(menos de 300.000), los budistas (alrededor de 700.000) e hindúes (poco menos
de 8 millones). La gran mayoría de la población es musulmana.
La expectativa de los
musulmanes
«Todos
los órganos de información han anunciado la visita del Pontífice, la población
musulmana me parece muy curiosa e interesada, también porque el Papa Francisco
ha reservado una especial atención por los grandes sufrimientos de los
musulmanes Rohinyá, que, huyendo en masa de Myanmar, fueron acogidos en campos
para prófugos que contruyó el gobierno aquí en el sur.
En el país no todos
tienen las ideas muy claras: algunos me han preguntado dónde se encuentra el
Vaticano o si el Vaticano es un estado mayor que Italia». Lo dijo a Vatican
Insider el padre Franco Cagnasso, de 74 años (20 de los cuales los ha pasado en
Bangladesh), misionero del PIME que vive en Dhaka, la capital, donde ofrece sus
servicios en una parroquia de la periferia, enseña y se ocupa de la formación
de un grupo de jóvenes que están buscando su vocación.
Los misioneros del PIME
Llegaron
a este territorio, que entonces pertenecía a la India, en 1855; en él se
quedaron cuando, en 1947 fue fundado Paquistán y también en 1971, cuando,
después de una guerra cruel, nació Bangladesh. En la actualidad los misioneros
y las misioneras (Monjas Misioneras de la Inmaculada) del PIME son respectivamente
22 y 54 (de las cuales solo 15 son extranjeras). Están presentes en las
ciudades y en diferentes zonas rurales habitadas por aborgígenes, se ocupan de
la evangelización y de las actividades pastorales, además de comprometerse en
los rubros de la educación, de la salud y social con escuelas, hospitales,
consultorios médicos, centros de asistencia y de promoción humana.
La alegría de los católicos
El
padre Franco dice que la llegada casi inminente del Papa Francisco representa
una gran alegría para el clero católico local (constituido principalmente por
bangladesíes) y para las minúsculas comunidades locales presentes en el
territorio. «Los fieles están felices y agradecidos: esperan que el Pontífice
les ofrezca buenos pensamientos y de aliento, que los confirme en la fe
haciendo que se sientan parte de la gran familia de la Iglesia. Si, como me
imagino, los medios describen la visita en términos positivos, los católicos se
sentirán incluso orgullosos y finalmente tomados en cuenta, precisamente como
sucedió en 1986, en ocasión del viaje de Juan Pablo II, cuando la población
musulmana vio con simpatía a los católicos y la policía los elogió públicamente
por el admirable comportamiento que demostraron durante la visita».
El terrorismo
Desgraciadamente,
también Bangladesh, en estos años, ha sido atacado en repetidas ocasiones por
el terrorismo: el atentado más grave de los últimos tiempos, en el que
perdieron la vida también nueve ciudadanos italianos, fue en la capital Dhaka,
el primero de julio de 2016. «Aquí la población islámica, que es principalmente
pacífica y profesa un islam abierto y moderado, condenó duramente ese y los
demás atentados, sosteniendo que los ejecutores no pueden decirse verdaderos
musulmanes porque, se afirma, “el Islam es religión de paz”.
EL gobierno se
está comprometiendo mucho para combatir contra el terrorismo y ha puesto en
marcha operaciones de vigilancia en las madrasas (escuelas coránicas, ndr.)»,
afirmó sor Annamaria Panza, de 53 años (13 de los cuales los ha pasado en
Bangladesh), responsable de la comunidad provincial de las Monjas Misioneras de
la Inmaculada: «por el momento, en Dhaka, la situación es tranquila, pero hay
mucho miedo y se vive en estado de alerta: la policía vigila con mucha
atención».
Los problemas principales
El
mayor de los problemas que afectan al país, según sor Annamaria, es «la
sobrepoblación. Es expresión ejemplar de ello Dhaka, en donde viven 16 millones
de personas y las casas aumentan a un ritmo constante. Se ha convertido en una
ciudad extremadamente caótica, casi inhumana. La economía nacional ha tenido un
crecimiento tumultuoso, debido principalmente a las tantas fábricas textiles
que han surgido en los últimos años, pero todo ello ha provocado fuertes
desequilibrios y nuevas formas de pobreza. Muchísimos bangladesíes, sin
posibilidades para mantener a sus familias, deciden migrar, por lo que el
principal ingreso del país son sus remesas».
Pobreza y corrupción
Los
misioneros y las misioneras del PIME han visto el proceso de urbanización que
comenzó en los años ochenta del siglo pasado, y a lo largo de este tiempo se
han establecido en las ciudades para promover iniciativas de apoyo a la
población. En Dhaka, por ejemplo, abrieron dos estructuras para ofrecer a los
trabajadores acompañamiento espiritual y asistencia: «La sobre-población se ha
convertido en un problema social: la pobreza está muy extendida, las personas
ricas aumentan, pero una multitud inmensa no logra sobrevivir y a menudo
trabaja en condiciones inhumanas», subrayó el padre Franco, que añadió: «Otro
de los problemas que afligen al país, y del que se quejan los mismos
bangladesíes, es la corrupción: creo que esta plaga explica la difusión entre
la población musulmana de la petición de instaurar la ley islámica o leyes que
se inspiren en ella. Es importante subrayarlo: aunque en Bangladesh exista una
minoría radical y violenta, esta petición no debe ser considerada como fruto de
una postura radical, pues manifiesta la cada vez mayor convicción de que el
islam podría ser la mejor solución para organizar a la sociedad y, como
consecuencia, erradicar el fenómeno de la corrupción».
Las minorías religiosas
En
Bangladesh, en donde el islam es la religión estatal desde 1988, existe la
libertad de culto: no hay obstáculos para la práctica religiosa ni para la
construcción de nuevos lugares de culto. Las leyes tutelan a las minorías y no
prevén explícitas discriminaciones, según indicaron sor Annamaria y el padre
Franco: «Por otra parte, en realidad, las minorías religiosas, paralelamente a
las minorías étnicas, son a menudo penalizadas». Y añadió el padre Franco: «No
me gustaría atribuir la culpa de todo ello al islam en cuanto tal: como sucede
en otros países, cuando una comunidad representa a la mayoría y al mismo tiempo
es fuerte y unida puede acabar penalizando a las minorías incluso sin darse
cuenta. No se puede negar que hechos de abusos, normalmente detonados por
razones económicas, dañen a las minorías, que son objetivos más fáciles».
El diálogo interreligioso
La
Iglesia católica local ha instituido la Comisión para el diálogo interreligioso
que trabaja con mucho compromiso; para promover el conocimiento recíproco en
cada diócesis se organizan encuentros y debates, en los que también participan
sor Annamaria y el padre Franco: «Tenemos la impresión de que el diálogo
interreligioso no es un tema particularmente importante para la población, pero
hay iniciativas apoyadas por pequeños grupos de personas que desean conocerse y
ofrecer un contributo al desarrollo del país y a la cohesión social». En la
capital, por ejemplo, se lleva a cabo cada año una peregrinación a los lugares
de culto de las diferentes religiones. En la universidad de Dhaka surgióel
departamento de Ciencia de las religiones, con profesores cristianos,
musulmanes, hindúes y budistas. Además, en ocasión de la graves emergencias,
como por ejemplo un aluvión, grupos de religiones diferentes se reúnen para
ponerse de acuerdo sobre cómo coordinar los rescates y la ayuda.
Un pueblo, muchas cualidades
Después
de muchos años de vivir en Bangladesh, el padre Franco y sor Annamaria han
aprendido a conocer a este pueblo, del que aprecian muchas peculiaridades: «los
bangladesíes poseen un fuerte sentido de la familia, un notable espíritu de
acogida y una admirable laboriosidad: aquí nadie está con los brazos cruzados,
nadie se desespera: incluso en las situaciones más difíciles todos buscan
paciente y obstinadamente modos para arreglárselas y seguir adelante». Sor
Annamaria añade: «Admiro mucho también su sentido artístico, gracias al cual
crean cuadros, música y cantos de una belleza refinada.
Otra peculiaridad de
este pueblo que siempre me ha sorprendido mucho es el sentido de lo divino: en
Bangladesh se puede decir que no existe el ateísmo: todos creen en la
existencia de Dios y están seguros de Su cercanía. En este país las mujeres
cuentan poco, pero yo soy muy respetada precisamente porque, en cuanto
religiosa, soy, para todos “una mujer de Dios”: las personas con las que me
encuentro (pertenezcan a la religión que pertenezcan) me piden que rece por
ellas y que las bendiga. En Bangladesh la bendición (la de los padres a los
hijos, de los ancianos a los jóvenes, de los religiosos a todos) es
importantísima, en cierta manera es indispensable para vivir».
CRISTINA
UGUCCIONI
DHAKA
Fuente:
Vatican Insider
