A ojo
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Cuando
vamos de cocina y podemos echar el día, nos gusta preparar a las monjas alguna
receta nueva.
Me
encanta cuando innovamos con platos originales, pero lo que más me gusta es que
siempre nos inventamos algún añadido. Claro, es que las recetas normalmente son
para cuatro personas, y nosotras somos quince, y además habitualmente no
tenemos todos los ingredientes que se piden en la receta... así que nos
lanzamos a "ir a ojo":
-
¿Cuántos calabacines pelamos?
-
Pues... esos tres.
-
¿Y cebollas?
-
Yo creo que con una es suficiente...
Y
así elaboramos una receta personalizada.
El
otro día, mientras preparábamos una de estas nuevas comidas, me acordaba de las
abuelas. Nuestras grandes cocineras, que hagan lo que hagan siempre está
buenísimo. Nunca he visto a mi abuela cocinar con receta. Seguramente se la
sabe de memoria de tanto hacerlo, pero, aún así, estoy segura de que ellas
cocinan "a ojo". Prueban el guiso y saben perfectamente qué le falta
y cómo modificar el sabor.
Me
encanta cocinar como ellas, así, "sin medida", sin un cálculo exacto
de cada ingrediente.
Y
es que así es el Amor. San Agustín dijo que "la medida del amor es amar
sin medida". Pero esta entrega (que es necesaria) no quiere decir darse
sin mirar nada más, ni tampoco ser tonto. Si a un guiso le añadiésemos sal, y
más sal, y más sal... sería imposible de comer para nadie.
Amar
sin medida es como "cocinar a ojo". El que guisa así pone en el plato
todo su tiempo, su mirada, y no cesa de preguntarse "¿Qué le falta?".
Sólo así puede darle lo que realmente está necesitando, y el resultado es un
plato exquisito.
El
Amor mira al hermano y comprende su circunstancia. Y, de la misma manera, se pregunta
"¿Qué puedo añadir yo?", y sólo así sabremos cuándo el hermano
necesita que se le escuche, o también cuándo necesita sencillamente que se le
deje en paz, sin insistirle más. Amar sin medida es mirar al otro, conocerle y
darle lo que realmente esté necesitando con total desinterés por nuestra parte.
Hoy
el reto del amor es acercarte a esa persona "a ojo". Mírala, reza por
ella y pregúntale al Señor qué puedes hacer tú o cómo puedes mostrarle que
estás a su lado. Él, que es el Amor, te concederá querer a esa persona sin
condiciones, y después te impulsará a añadir el ingrediente necesario para que
el plato esté en su punto.
VIVE
DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
