EL CRISTO MUTILADO, TESTIGO DE LA PEOR MASACRE DE COLOMBIA

El Cristo de Bojayá fue testigo del asesinato de 79 personas, que murieron cuando una bomba cayó en la iglesia de su pueblo en la que estaban refugiadas

Ayer viernes, esta misma talla presidió el Gran Encuentro de Oración para la Reconciliación Nacional en el que participó el Papa Francisco.

El Cristo de Bojayá no tiene cruz. Tampoco extremidades. El madero, al igual que las piernas y los brazos, le fueron arrancados de cuajo. Era el 2 de mayo de 2002. Una lluvia de balas, también de gotas de agua, caía con intensidad sobre el pueblo de Bojayá. De un lado, la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Del otro, el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (ACU), ambos luchando por el control de la zona. 

Los bojayaceños creyeron encontrar en la parroquia de San Pablo Apóstol el mejor refugio para la guerra y para la tormenta que había inundado las calles de su pueblo. Aunque no todos alcanzaron lo que se presuponía que sería un buen escondite. Las ACU tomaron como rehenes a algunos de los habitantes del pueblo, a los que utilizaron como escudos humanos para protegerse así del fuego de las FARC, que les atacaba incluso con artillería pesada.

Fue entonces, con gran parte del pueblo al amparo del templo parroquial, cuando uno de los proyectiles impactó en el tejado «dejando 79 muertos, decenas de heridos, cientos de desplazados y secuelas que aún no se pueden contar», informó este lunes el Centro Nacional de Memoria Histórica. El suceso se convirtió en una de las peores masacres del país.

Cristo mutilado

La bomba, lanzada por las FARC, afectó también a una imagen de Jesús Crucificado a la que el pueblo le tenía gran devoción. El fuego sacrílego arrancó de cuajo el madero y las extremidades de la escultura.

A la talla, recuperada y custodiada desde entonces por los lugareños, se la empezó a conocer pronto como el Cristo mutilado. Asimismo, se erigió en símbolo del dolor provocado por la guerra con las FARC y de la reconciliación y la construcción de la paz.

Encuentro por la paz

Es con ese mismo espíritu de reconciliación y paz entre los colombianos con el que el Papa ha emprendido su viaje al país, que está visitando hasta el domingo 10 de septiembre, y con el que Francisco presidió este viernes el Gran Encuentro de Oración para la Reconciliación Nacional.

En el acto, que se celebró en Villavicencio, participaron 16 supervivientes de la masacre, así como el Cristo de Bojayá. La imagen ha sido colocada de nuevo en una cruz y presidió el encuentro en el que el Pontífice escuchó a las víctimas y en el que también participaron los agresores de un conflicto armado que ha tenido en vilo al país durante más de medio siglo.

José Calderero

Fuente: Alfa y Omega