Atravesando
el cielo
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
La
sala del Novi es realmente muy grande. Allí estábamos Israel y yo trabajando en
una mesa, sentadas una enfrente de la otra. Se había desatado una impresionante
tormenta. Los truenos retumbaban por todo el monasterio cada poco tiempo.
De
pronto, las dos gritamos a la vez:
-¡¡Wow, menudo rayo!!
-¡¡Wow, menudo rayo!!
Israel
vio el resplandor a través de la ventana que había a mi espalda. Yo vi la luz
que iluminaba el pasillo a través de la puerta, que quedaba detrás de Israel.
-Pues
sí que ha debido de ser enorme... -comentamos- para que lo hayamos visto las
dos...
Dándole
vueltas, me daba cuenta de que nosotros somos como ese rayo. En los momentos de
oración, Cristo mismo nos carga con la electricidad de su amor... ¡para que
podamos atravesar todo el cielo!
Sin
embargo, no vale ser un rayo cualquiera. Cristo nos invita a ser como el enorme
rayo de la tormenta. No por lo grande que fue... sino porque lo vimos todos.
¿Quién no ha oído la expresión "tienes que entrar por su puerta"? La
luz del rayo entró por mi puerta... ¡y por la ventana de Israel!
Efectivamente,
cada persona es diferente, con gustos y aficiones distintas, a veces incluso
contrarias: ¡cada uno miramos en una dirección! Bien lo sabía Jesús: a los
pescadores los buscó en su barca; a Mateo, en su mesa de impuestos, y a los
fariseos, amigos de banquetes, les acompañó en la mesa... ¡Y así sigue actuando
hoy! Se hace uno con todos, para que cada uno nos sintamos amados en nuestra
realidad.
Hoy
el reto del amor es que entres por la puerta de la persona que tienes al lado.
Te invito a que, en tu oración, le preguntes a Cristo quién necesita sentir su
amor. ¡Y a ello! Pero hoy no uses las palabras, sino tu tiempo. Piensa en algo
que le guste, ¡y compártelo! Puedes ver con él el partido de fútbol, o
acompañar a tu esposa a ver escaparates, o dedicar un rato a jugar con tus
hijos... ¡entra por su puerta llevando la luz del Señor! ¡Preparemos juntos una
auténtica "tormenta"! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
