Manifiesto del 1º de mayo del 2017 de las Hermandades del Trabajo
Desde
nuestros inicios en julio de 1947 nada de lo que ocurre en el mundo del trabajo
nos ha sido ajeno. Cada Primero de Mayo, fiesta de San José Obrero, las
HERMANDADES DEL TRABAJO han venido denunciando las situaciones de injusticia,
desigualdad y explotación que padecen nuestros hermanos trabajadores.
En
el marco de la celebración del 70 aniversario de nuestra fundación, constatamos que
los derechos de los trabajadores se siguen vulnerando gravemente. Esta realidad
apremiante nos obliga a continuar reclamando un trabajo digno y a seguir
combatiendo las situaciones de dolor y pobreza a través de acciones, obras y
servicios que buscan el desarrollo integral de la persona. No en vano insistía
nuestro fundador, D. Abundio García Román, “Cristo vendrá al mundo a hombro de
trabajadores”, parafraseando a Giuseppe Toniolo, apóstol italiano.
LA REALIDAD DEL TRABAJO ACTUAL
NOS SIGUE INTERPELANDO
El
actual mercado de trabajo y su regulación legal deja puertas abiertas a una
explotación, especialmente de los trabajadores menos cualificados, que son los
más vulnerables. La reforma laboral ha precarizado, y sigue haciéndolo, el
trabajo de tal modo que muchas personas trabajadoras tienen que asumir
condiciones laborales y salariales injustas e indignas a pesar del relativo
crecimiento económico y reducción de las cifras del paro.
Lo
cierto es que hay un porcentaje excesivo de contratación temporal, los salarios
se han reducido, la economía sumergida alcanza niveles como nunca, propiciando
una contratación ilegal. Las coberturas sociales han disminuido y para muchas
personas el trabajo no es un medio para salir de la pobreza que les permita tener
una vida digna para él y su familia, con un desarrollo integral en todos los
ámbitos: laboral, social, cultural, espiritual, ocio y tiempo libre,
dificultando seriamente la conciliación familiar y laboral, imposibilitando a
participar en actos de integración con otros trabajadores.
La
situación actual se ve agravada por los grandes escándalos de corrupción que
han llevado a un descrédito del sistema actual con algunos políticos,
empresarios y sindicalistas corruptos que sirven a sus propios intereses más
que al bien común. Otra situación injusta es la política fiscal que grava más
las rentas del trabajo que las del capital.
Por
otro lado, las mujeres, los inmigrantes, los mayores de 45 años y los jóvenes
siguen sufriendo la discriminación en el mercado de trabajo. A esto se ha sumado
el desarrollo tecnológico que avanza a pasos agigantados con criterios y fines
mercantilistas, promoviendo una cultura del “descarte”.
Asistimos
en estos últimos tiempos a la llegada masiva de refugiados, hermanos nuestros
que provienen de países en conflicto y guerra, buscando un trabajo para
asegurar su futuro y el de su familia, situación que ha generado en Europa
tensiones y miedos, que deben llevar al compromiso real, la solidaridad y la
responsabilidad de todos.
COMPROMETIDOS CON LA
JUSTICIA SOCIAL Y EL BIEN COMÚN
Ante
esta situación como trabajadores cristianos y ciudadanos comprometidos con la justicia
social y el bien común:
Reivindicamos
con voz potente y clara la necesidad de un sistema de relaciones laborales más
justas y solidarias, que garantice plenamente el derecho a un trabajo digno. Por
ello reclamamos unas condiciones laborales que no sean contrarias a la familia
y a la vida social, cultural y espiritual de los trabajadores. “El trabajo es
sagrado. Por eso la gestión de la ocupación es una gran responsabilidad humana
y social, que no puede ser dejada en las manos de pocos o descargado sobre un
‘mercado’ divinizado. Causar una pérdida en puestos de trabajo significa causar
un grave daño social” (Papa Francisco).
Reclamamos
un sistema económico que realmente esté al servicio de la persona y la sociedad,
garantizando que la riqueza generada por el trabajo favorezca fundamentalmente
a los trabajadores y al bien común. Una economía que produzca lo suficiente, de
manera sostenible, no una economía que genera un deterioro ecológico imparable
e irreversible basada en el consumismo y el despilfarro. En definitiva, una
economía y una política que tengan al hombre, en su plenitud de hijo de Dios,
en el centro, poniendo a su servicio y al de toda la sociedad todo lo demás.
Promovemos
una formación integral humana y cristiana a través de la capacitación laboral y
profesional como instrumento para dignificar a los trabajadores. Exigimos a las
Administraciones Públicas que destinen fondos para este fin los cuales deben
estar bien empleados, gestionados y supervisados.
“Afirmamos
que el trabajo en todas sus formas es la virtud humana más fundamental”.
COMISIÓN
NACIONAL DE HHT DE ESPAÑA.
C/
Juan de Austria, 6 Bajo B. 28010 - Madrid.
