Aquí
está el secreto del camino que conduce a Emaús: que incluso cuando la
apariencia es contraria, nosotros seguimos siendo amados por Dios
“Que
Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde,
saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su
amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza”. Fue
el deseo que expresó el Papa Bergoglio al saludar a los peregrinos de
lengua española que participaron en la Audiencia General del cuarto miércoles
de mayo.
Prosiguiendo
con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, mediante la
lectura de un pasaje del Evangelio de San Lucas, que narra la experiencia
de los dos discípulos – que tras la muerte de Jesús huyen
desilusionados de Jerusalén – el Santo Padre propuso en
esta ocasión meditar acerca de Emaús como camino de esperanza.
Hablando
en italiano, el Papa Francisco explicó que estos dos peregrinos
habían cultivado una esperanza meramente humana, que ahora veían destrozada
puesto que la cruz elevada en el Calvario representaba para ellos el
signo más elocuente de una derrota. Y así huyen manteniendo en sus ojos los
acontecimientos de la pasión de Jesús, para ir a un lugar tranquilo y
tratar de remover aquel recuerdo tremendo.
El Obispo
de Roma afirmó que el encuentro de Jesús con estos dos discípulos que
parece casual, bien puede definirse la “terapia de la esperanza” del Señor,
quien les pregunta y los escucha. Sí, porque como dijo el Papa, el
nuestro no es un Dios entrometido, a pesar de que conoce ya los motivos de
nuestras decepciones. Y reafirmó que Jesús está al lado de todas las
personas desanimadas que caminan con la cabeza gacha. El Maestro, que
camina con nosotros de manera discreta, logra devolvernos la esperanza. Lo
saben bien – dijo el Papa – todas las personas que han experimentado momentos
de oscuridad en sus vidas.
Por
otra parte, el Pontífice destacó que nuestro Dios es como una lumbre
tenue que arde en un día de frío y de viento, y que por más frágil que parezca,
Él ha elegido el lugar que todos desdeñamos.
El Sucesor
de Pedro recordó que aquel rápido encuentro de Jesús con los dos
discípulos de Emaús contiene en realidad todo el destino de la
Iglesia, porque nos habla de una comunidad que no está encerrada en una ciudad
fortificada, sino que camina en su ambiente más vital, es decir, en la calle,
donde encuentra a las personas, con sus esperanzas y decepciones.
El Santo
Padre concluyó su reflexión afirmando que la Iglesia escucha las historias
de todos para ofrecer siempre la Palabra de vida, que es testimonio del amor de
Dios. Aquí está el secreto del camino que conduce a Emaús: que incluso
cuando la apariencia es contraria, nosotros seguimos siendo amados por Dios.
María
Fernanda Bernasconi
Radio
Vaticano
