No
hay que confundir la «presciencia» divina, por la cual Dios conoce todos los
actos futuros y futuribles, con «predestinación»
Pregunta:
Padre:
Lo saludo y le consulto lo siguiente: Dios nos dio el libre albedrío. ¿Cómo se
compagina eso con el papel de Judas? Es decir; teóricamente Judas antes del
comienzo del tiempo ¿estaba ya predeterminado como traidor? Gracias.
Respuesta:
Estimado:
El caso de Judas es como el de cualquier otro pecador. No hay que confundir la
«presciencia» divina, por la cual Dios conoce todos los actos futuros y
futuribles, con «predestinación», la cual consiste en la ordenación del hombre
al fin sobrenatural, que será conseguido mediante auxilios sobrenaturales.
La predestinación tiene
por objeto los elegidos para la vida eterna.
Respecto
de los que se condenan no existe una «reprobación positiva antecedente», es
decir, un decreto por el cual Dios destinaría positivamente a algunos a la
condenación sin atender a los pecados del hombre. Esto es incompatible con la
bondad divina. Se trata de un error teológico defendido por algunos herejes
desde los primeros siglos. Uno de sus primeros defensores fue un presbítero de
nombre Lucidio, quien amparándose erróneamente en la doctrina de San Agustín,
afirmaba que algunos eran predestinados por Dios al bien y a la gloria,
mientras que otros eran destinados al mal y a la pena eterna.
El Concilio de
Arlés condenó estas ideas[1].
Luego fueron defendidas por algunos monjes como Fausto de Rietz. La reprobó
fuertemente San Fulgencio de Ruspe y la condenó el papa Hormisdas en el año
520, con el calificativo de «acatólica». Fue definitivamente condenada en el
Concilio de Orange, en el año 529[2].
En el siglo IX surgió de nuevo defendida por el monje Gottesschalk y fue
condenada en los concilio de Maguncia (año 848), Quierzy (año 849 y 853) y
Valence (año 855). Muchos escritores de la época entre los que sobresalen
Remigio[3] e Hincmaro de Reims[4] lucharon
contra esas teorías. Entre los reformadores la adoptaron Juan Wiclef, Lutero,
Zwinglio y Calvino. Esta actitud protestante fue reprobada en el Concilio de
Trento[5].
El
Concilio de Valence resumió la doctrina católica, diciendo: «Confiadamente
confesamos la predestinación de los elegidos para la vida, y la predestinación
de los impíos para la muerte [Nota: aquí usa el término como
«predestinación consecuente» y no como «predestinación antecedente»]; sin
embargo, en la elección de los que han de salvarse, la misericordia de Dios
precede al buen merecimiento; en la condenación, empero, de los que han de
perecer, el merecimiento malo precede al justo juicio de Dios. ‘Más por la
predestinación, Dios sólo estableció lo que Él mismo había de hacer o por
gratuita misericordia o por justo juicio’, según la Escritura que dice: El que
hizo cuanto había de ser (Is 45,11); en los malos, empero, supo de antemano su
malicia, porque de ellos viene, pero no la predestinó, porque no viene de Él…
Que hayan sido algunos predestinados al mal por el poder divino, es decir, como
si no pudieran ser otra cosa, no sólo no lo creemos, sino que si hay algunos
que quieran creer tamaño mal, contra ellos, como el Sínodo de Orange, decimos
anatema con toda detestación»[6].
El
Concilio de Trento decretó por tanto: «Si alguno dijere, que no está en poder
del hombre dirigir mal su vida, sino que Dios hace tanto las malas obras, como
las buenas, no sólo permitiéndolas, sino ejecutándolas con toda propiedad, y
por sí mismo; de suerte que no es menos propia obra suya la traición de Judas,
que la vocación de san Pablo; sea excomulgado» (canon 6). Y también: «Si alguno
dijere, que no participan de la gracia de la justificación sino los
predestinados a la vida eterna; y que todos los demás que son llamados, lo son
en efecto, pero no reciben gracia, pues están predestinados al mal por el poder
divino; sea excomulgado» (canon 17).
[1]
Cf. Denzinger‐Hünermann,
nn. 333 y 335.
[3] Cf. Libellus
de tenenda inmobiliter Scripturae veritate: PL 121,1083ss.
P.
Miguel A. Fuentes, IVE.
Fuente:
El Teólogo Responde
