El arzobispo de Valencia
vuelve nueve años después a la vicepresidencia de la Conferencia Episcopal con
el objetivo de «pronunciarse sin ningún temor»
El cardenal
Antonio Cañizares (Utiel, Valencia, 15 de octubre de 1945) regresa nueve
años después a la vicepresidencia de la Conferencia Episcopal Española (CEE)
con el objetivo de abordar con «sencillez y verdad la situación que estamos
viviendo» y que el arzobispo de Valencia califica de «laicismo generalizado».
En su despacho del Palacio Arzobispal presidido por tres fotos del Papa
Francisco, con quien sostiene estar «muy unido» y mantener una estrecha
relación de amistad fraguada en Roma, expone a ABC las claves de su
nuevo mandato.
¿Estamos ante un escenario
político similar al vivido en el trienio 2005-2008 con Ricardo Blázquez?
Aquella época estuvo marcada por leyes del Gobierno socialista que la Iglesia
calificó de «reingeniería social»…
A
nivel político hoy tenemos una situación extraña en muchos sentidos, pero es
distinta. La capacidad de entrar en diálogo y colaboración es necesaria y así
lo intentaremos. En aquel momento Ricardo Blázquez y yo nos entendimos muy bien
y ahora nos entenderemos todavía mejor. Los dos estamos al servicio de la
Conferencia Episcopal para ayudar a nuestros hermanos obispos.
¿Qué papel tiene que
desempeñar la Iglesia ante lo que el cardenal Blázquez ha calificado como de
«anticlericalismo trasnochado»?
Más
que un anticlericalismo trasnochado en España, yo diría que estamos en una
situación de laicismo generalizado, que está en muchas partes y no se le puede
atribuir exclusivamente a ningún grupo político en particular. Es la sociedad
en general, que vive como si Dios no existiera. Y eso tiene unas repercusiones
en la condición del hombre, en la moral y a la hora de abordar los problemas
fundamentales de nuestra sociedad.
¿Qué respuesta debe dar la
Conferencia Episcopal?
Es
la hora de la evangelización y no la hora del proselitismo. Es la hora de
anunciar la verdad del Evangelio y enseñar el arte de vivir conforme a esa
verdad que encontramos en la persona de Jesucristo. Hay que ofrecerlo a todos
sin imponer a nadie.
¿Su elección como
vicepresidente obedece a la necesidad de elevar el tono ante esa generalización
del laicismo que usted denuncia?
Los
obispos me eligieron vicepresidente en primera votación para que la
Confederación Episcopal aborde, como se ha hecho en otros momentos y con toda
la sencillez y toda la verdad, la situación en la que estamos inmersos, que es
similar a la que dio lugar al documento La verdad os hará libres. Yo
entonces no era obispo, sino secretario de la comisión de la Doctrina de la Fe
y elaboramos un texto que fue el más extendido en toda la historia de la
Conferencia Episcopal, con más de seis millones de ejemplares y una repercusión
mundial enorme. En estos momentos necesitamos algo similar. Los obispos no
podemos ser unos obispos mudos ante el laicismo. La historia de la Conferencia
Episcopal ha sido muy buena en ese sentido y se ha pronunciado sin ningún
temor, simplemente como servicio a los hombres, con el objetivo de lograr una
sociedad más libre, más pacífica y con más derechos humanos.
¿Coincide con Francisco
Vázquez en que Valencia se ha convertido en un laboratorio de ideas para
quebrar la libertad religiosa?
Estoy
de acuerdo en prácticamente todo lo que dice Francisco Vázquez, porque es un
hombre sensato y de bien. Aunque milite en el PSOE le tiende la mano a todos.
Cuando vino recientemente a impartir una conferencia en la Universidad Católica
de Valencia yo le dije que si se presentara a presidente le votaría. Hacen
falta políticos de su talla, como los de la Transición, sin renunciar nadie a
sus convicciones. Además, Vázquez fue un extraordinario embajador ante la Santa
Sede.
¿A qué se refiere cuando
sostiene que la educación está «acosada»?
Es
que es cierto. Ahora se habla de un pacto escolar que resulta necesario, pero
hay que ponerse de acuerdo en qué es la educación, en los principios
fundamentales que deben regir a la persona humana y a la sociedad. Sin embargo,
en el pacto escolar se va a ver quién tiene más cotas de poder en la escuela, y
no debe ser eso. No se puede abordar un pacto sin tener en cuenta ni a los
padres, ni a los profesores ni a las instituciones que están dedicadas a la
enseñanza. La Iglesia también tiene que decir algo respecto a este tema.
¿Y cuál debe ser la
respuesta que ofrezca la Iglesia en este debate?
La
Iglesia debería ofrecer a la sociedad una alternativa a la enseñanza dentro del
marco jurídico, como la que supuso la gran revolución cultural en España en
1976. Toda la escuela católica, que supone el 30% en nuestro país, es la
alternativa. Seguramente muchos dirían que eso es necesario. Aquí en Valencia,
los colegios de Santiago Apóstol y Nuestra Señora de los Desamparados son los
de mayor integración de niños inmigrantes y de etnia gitana. Esos centros
realizan al mismo tiempo una obra social y educativa enorme. En el fondo, es
una escuela de promoción de la familia. Ese es el ejemplo de la alternativa de
enseñanza que debe ofrecer la escuela de la Iglesia. Hay que dar sentido a la
vida y enseñar el arte de vivir. Ojalá el pacto escolar tenga en cuenta estos
principios y no solo los del informe Pisa.
¿Cómo debería concretarse
el compromiso en la defensa de la vida que reclama usted a los legisladores?
Como
decía Juan Pablo II, el problema del siglo XXI es la defensa de la vida. La
dignidad de la persona humana es el futuro y los gobiernos deben legislar
conforme a eso. La defensa de la vida es la defensa del hombre. Cuando la
Iglesia dice «no» al aborto, no está diciendo tanto «no» al aborto: dice sí a
la vida. Cuando la Iglesia propugna leyes que favorezcan la maternidad reclama
que se proteja la vida de la madre y los nacituros. Estamos diciendo algo nuevo
que recogía la ley de Alberto Ruiz Gallardón, que no era una norma sobre el
aborto, sino de protección de la madre y de la vida naciente. Era la única
legislación de toda Europa de estas características, pero por los intereses que
fueran, en los que no voy a entrar, esa ley no salió adelante. Aquí en la
Comunidad Valenciana se ha derogado la ley de protección a la maternidad. Es
algo inconcebible. No era una ley machista como algunos la han calificado.
Además, estas leyes son necesarias más que nunca ahora que comprobamos cómo
está descendiendo la natalidad.
¿Que le parece que el
secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, reclame más «Franciscos» y menos
«Cañizares» en la Iglesia española?
Yo
le diría al líder de Podemos que antes de opinar conozca mejor el pensamiento
del Papa Francisco y el de Antonio Cañizares y se informe más. La unidad entre
Su Santidad y un servidor es total. Soy amigo de Francisco antes de que él
fuera Papa y yo arzobispo de Valencia.
Alberto
Caparrós/ABC
Fuente:
Alfa y Omega