Lo aclara el canciller de la Pontificia Academia para las Ciencias, en
la primera jornada de un inédito encuentro sobre tráfico de órganos y turismo
de trasplantes en el Vaticano
“Alguien puede creer que el Vaticano encubre
las malas prácticas de China, pero no es así”. Lo aclaró Marcelo Sánchez
Sorondo, canciller de la Pontificia Academia para las Ciencias, en el primer
día de una cumbre sobre tráfico y trasplantes.
Así salió al paso de la
polémica internacional suscitada por la participación en el encuentro de dos
funcionarios chinos, uno de ellos señalado por favorecer la política de
extracción forzada de órganos a prisioneros. Los delegados de Pekín se defendieron acusando a la
prensa de publicar mentiras y asegurando que están comprometidos con un cambio
en el sistema que respete los derechos humanos de los presos. El Papa sigue de
cerca el caso y espera señales claras de ese cambio.
Por primera vez en la historia, la
Santa Sede convocó a los máximos expertos médicos e institucionales del mundo
para debatir sobre este flagelo, en franco crecimiento. Delegados de más de 50
países aceptaron disertar en una cumbre de dos días (7 y 8 de febrero) bajo el
título: “Tráfico de órganos y turismo de trasplante”. ¿Objetivos? Presentar un
diagnóstico preciso del problema, firmar una declaración de consenso contra
estas prácticas y apoyar la lucha contra ellas a nivel global.
Entre los asistentes destacó, desde
el principio, la presencia de dos personajes de alto nivel en el gobierno
chino: Jiefu Huang y Haibo Wang, presidente y miembro del Comité Nacional de
Donación y Trasplante de Órganos. Su presencia en Roma desató la indignación de
grupos investigadores de la práctica de extracción forzada en el país asiático.
Una polémica que montó en la vigilia del inicio de la cumbre y llegó hasta
oídos del Papa.
Los delegados chinos defendieron su
posición en un mensaje a la Academia Pontificia en el cual declararon su
“devoto compromiso” en la construcción de un nuevo sistema de donación que
prohíba el uso de órganos proveniente de prisioneros. Incluso alegaron haber
sido víctimas de ataques desde dentro y fuera de China, por parte de aquellos
que pretenden mantener el viejo sistema porque obtienen beneficios económicos
de él y solicitaron el apoyo de la comunidad internacional para lograr un
cambio definitivo.
Al respecto, Sánchez Sorondo sostuvo
que la Academia Pontificia estudió mucho el caso y llegó a la conclusión que
invitar a los delegados chinos podría tener dos efectos: uno positivo y otro
negativo. “El efecto negativo es que alguien puede creer que invitando a China
nosotros queramos cubrir las malas prácticas que son conocidas en ese país,
pero no es así”, reconoció.
“El efecto positivo es reforzar la
posición actual del gobierno chino, del presidente y de los ministros que
quieren cambiar verdaderamente y respetar la dignidad humana en este campo, es
decir no vender los órganos de los prisioneros como se hizo. Hay una evolución
en esto, ellos quieren ser ayudados por la comunidad internacional y por la
Iglesia, nosotros estamos muy contentos de esta actitud y creemos realmente que
ellos quieren cambiar, que están cambiando”, abundó.
Pero el arzobispo argentino mantuvo
prudencia y precisó: “Que ahora no se haga ningún transplante de órganos ilegal
en China esto no lo podemos decir, pero queremos fortalecer el movimiento del
cambio”.
En estos días el Papa Francisco fue
informado de la controversia y tuvo una reacción elocuente. Aseguró que a todos
se trata con misericordia y por eso se mantuvo la invitación a los funcionarios
chinos, pero que espera gestos evidentes de transformación, por ejemplo
“desmontar los quirófanos de las cárceles”.
En sus declaraciones, el canciller
Sánchez Sorondo consideró a la extracción de órganos y el tráfico son “delitos
de lesa humanidad”. “Debemos decir claramente que este es un crimen contra la
humanidad porque si no se dice esto se confunde la gente, quitarle el órgano a
una persona en una persona conciente, como se hace, es un crimen contra la
humanidad. Se necesita que las legislaciones estén acorde a esto, existen pero
son insuficientes. Aquí pasa que las multinacionales son más veloces que las
leyes y aprovechan las circunstancias”, estableció.
Explicó que la causa fundamental de
este comercio es la existencia de una sociedad que no se centra en la persona
humana sino en el dinero, en la cual los ricos quieren “vivir bien” y por eso
“hacen de todo” para tener los órganos que necesitan.
“En el pasado se decía que este era
sólo el 1 por ciento de todo el tráfico pero no, ahora se está entendiendo que
es un fenómeno mucho más importante y queremos saber a qué responde
exactamente. La diferencia de este tráfico con otros es que este no puede
llevarse a cabo sin las manos de los doctores, aquí son casi todos médicos,
representantes de instituciones u organismos privados, especialistas en trasplantes. Se debe empujar la ética, que los médicos involucrados recuperen
la conciencia médica”, insistió.
Fuente: Vatican Insider
