Una experiencia que te
marcará
Se acercaron a pedir el
Bautismo para dos bebés, de 17 y 2 meses, respectivamente.
Ella, voz cantante,
bautizada en la Iglesia católica, mediopensionista en
cuestiones de fe y algo alejada de sus obligaciones como cristiana; él, hijo de
musulmán y católica, no bautizado ni educado en creencia alguna,
sorprendentemente abierto, interesado en explorar su propia dimensión
espiritual, quizá algo agnóstico.
El bebé de 17 meses no era el mayor. Su
hijo mayor había muerto hacía unos meses, con 2 añitos de edad, sin bautizar.
Yo me puse a rezar en silencio.
«¿Dónde
estará?, ¿le querrá Dios? Que no le castigue a él por mi falta de
responsabilidad…». «Nuestra», terció él. Bien
visto, una oportunidad de oro para dejarte hacer por Dios y acercarles al Amor
con mayúsculas.
Cuando se serenaron los
ánimos, hablamos de la responsabilidad de los padres, cristianos o no, que han
decidido traer hijos al mundo, de cómo Dios nos pide que colaboremos con Él,
porque nadie se da la vida a sí mismo. Hablamos de la gracia, de que iban a
tener dos santos en casa –«¿cómo?»; «sí, santos: en gracia de Dios, limpios de
todo pecado, incapaces del mal»– y de lo que se debe hacer para cuidar a dos
santos. También de lo que se te puede pegar de dos santos.
Suturas para el alma, ¿verdad?
Jaime Noguera
Diácono permanente
Diácono permanente
Fuente: Artículo
originalmente publicado por Alfa y Omega
