Toma
decisiones, aunque no tengas toda la certeza de que serán las mejores. No te
precipites, pero tampoco lo alargues de manera excesiva
Hay mucha gente
que se siente manipulada. ¡Sin embargo hay aún más que de hecho están
siendo manipulados, pero no se han dado cuenta! Y piensan que la vida
tiene que ser así. Que una relación amorosa, laboral o de amistad
funciona de esa manera siempre. ¡Pero no!
Manipular
significa utilizar a otros para mis propios intereses. La mayor parte de las
veces se hace a base de mentiras o de injusticias.
Claro que todos
tenemos intereses. Y deseamos alcanzarlos. Lo vemos desde un niño que
patalea en el supermercado para que su mamá le compre lo que quiere,
hasta una esposa que coquetea con otros para celar a su marido.
Pero una cosa
es un hecho, y otra es una actitud. Porque muy distintos son los actos aislados
que todos podemos realizar inconscientemente, con respecto a la actitud
de manipulación constante en la que se puede basar una o varias
relaciones interpersonales.
«Padre, mi marido no me da dinero si no hago todo, ¡exactamente todo!, lo que él me dice y de la manera en que a él le agrada.»
Una persona
manipuladora sabe qué tecla tocar para lograr sus objetivos. «Es que tengo
miedo de que me corran de mi trabajo, por eso he accedido a actuar de una
manera con la que no estoy de acuerdo.»
Todo esto puede
parecer inofensivo, y sin embargo, un manipulador lo que logra no es que
hagas tal o cual cosa, sino que te conviertas en un objeto que puede usar
a su gusto. Llegas a ser una pieza de ajedrez con la cual puede jugar a
su antojo.
De esta manera,
la autoestima de la persona abusada llega a estar por los suelos, llegando a
pensar incluso que si no hace lo que el manipulador le pide, entonces su
trabajo o su misma persona no tendrá ningún valor. Pautas a seguir:
1. Lo primero que tienes que hacer es descubrirlo. No es fácil, porque el manipulador es un camaleón. Y puede pasar de
un comportamiento impositivo, agresivo y violento, a uno sereno, amistoso
y sonriente.
Sus reacciones,
por eso, serán siempre impredecibles. Un día pueden estar felices, y al
siguiente exasperados hasta por el más mínimo detalle.
Si algo sale
mal, jamás aceptará su responsabilidad. Si algo sale bien, se atribuirá la
mayor parte del mérito.
La burla, el
sarcasmo y las críticas son su arma preferida.
2. Ahora es
importante que te analices a ti mismo(a), para ver hasta dónde te ha afectado
una relación así:
- Has perdido
seguridad, te sientes vulnerable, débil, sin posibilidad de defenderte.
- Temor
excesivo a equivocarte. Haces todo lo posible con tal de no molestar al
otro(a). Tu principal preocupación es ésta.
- Tu autoestima
ha disminuido considerablemente. Lo que antes estabas seguro(a) de poder
hacer, ahora te lo cuestionas siempre.
- Te cuesta
tomar decisiones, porque estás al pendiente de lo que el otro pueda pensar.
- No te crees
capaz de romper con esta manera de relacionarte.
Y si aún dudas,
pregunta a tus familiares y amigos más cercanos si te ven de esta manera o
no.
3. Pero ahora, ¿qué hay que hacer?
Lo primero es
pedirle luz a Dios para que te ilumine y sepas qué pasos dar. No siempre se
trata de romper la relación, como de sanarla. Porque, como dice Jesús,
sólo la verdad nos hará libres.
Recuerda que
para que haya una manipulación tiene que haber un manipulador y un manipulado.
Poco podrás hacer para cambiar al manipulador, ¡pero transformarte a ti
mismo(a) está completamente en tu poder!
No des la
batalla solo(a), busca apoyo afectivo en tus amigos y familiares, sicológico si
lo necesitas, y espiritual.
Si la situación
de abuso es insostenible, tendrás que tomar decisiones drásticas.
Acéptate como
eres, con tus defectos y virtudes, pero recuerda que tienes un valor y una
dignidad infinitos. Esto no depende del hecho de que los otros lo
reconozcan o no. Simplemente es así. Y la primera persona en aceptarlo
debes ser tú mismo(a)
Toma
decisiones, aunque no tengas toda la certeza de que serán las mejores. No te
precipites, pero tampoco lo alargues de manera excesiva.
Y por último,
aprende a decir “no” cuando se te pida que hagas algo en contra de tu propia
dignidad. ¡Nadie, jamás, puede ser utilizado en contra de su propia
libertad!
Por: Adolfo Güémez
Fuente: Analisis y Actualidad
