El escaso o nulo fundamento
de las críticas a Madre Teresa
Ser santo está al alcance de
toda mujer y de todo hombre. En realidad muchos lo
consiguen, aunque la inmensa mayoría no llegue a estar en los alteares. No es
lo mismo que ser un atleta de la élite mundial que muy pocos –solo los muy
dotados– lo consiguen.
Cuando el Papa canoniza un
santo de altura internacional, no faltan quienes quieren ver imperfecciones,
fallos en su ejemplaridad de vida, y lo critican de tal modo que parece injusto
a ojos de quienes lo admiran. Y así ha sido con todos los santos, más cuanto es
más conocido.
Madre Teresa, que había
levantado una oleada mundial de admiración y devoción por su entrega a Dios a
través de los más pobres de todos los pobres, no podía ser menos. Parecía
casi imposible criticarla, pero el diablo, celoso a cada santo que proclama la
Iglesia católica, no podía estar ausente ¡Y
de qué manera! Cada santo supone un tremendo fracaso del diablo que no pudo
conseguir doblar su voluntad en vida.
Han salido, pues, los
“detractores” de Madre Teresa: unos que si no hacía bien su trabajo con los
enfermos y moribundos, otros que si gestionaba mal su dinero, y los de más allá
que si no resolvió el problema de la pobreza en el mundo o en Calcuta.
Antes que nada conviene decir
que los santos no fueron personas perfectas. No lo pueden ser porque la perfección completa no existe en las
cosas humanas. Santa Teresa de Calcuta se esforzó, con una vida heroica, a
acompañar a los más necesitados y darles un poco de calor humano, una
esperanza, un hálito de consuelo, y compartir lo más humano que existe, el
amor, besando su rostro y sus llagas. Vivió además todas las virtudes humanas y
sobrenaturales cara a Dios y en grado heroico, no solo las teologales
(fe, esperanza y caridad), sino todas las virtudes: la humildad, la justicia,
la fraternidad, la fortaleza, la laboriosidad, la misericordia, etc.
Los santos son personas
normales y han tenido defectos y fallos personales. Ellos lucharon toda su vida en limar esos defectos por amor a
Dios. Por eso, si un santo, como Santa Teresa, tiene golpes de genio –como
tenía san Juan Pablo II– no disminuye su santidad si luchaba contra sus
defectos. Son santos porque han amado a Dios profundamente, sin importarles el
sacrificio y la abnegación personal.
Lo mismo se puede decir del
trabajo de Madre Tersa como “gestora” de los fondos económicos que recibía: no se le puede exigir que
los haya gestionado como un profesional MBA de la gestión, sino que basta con
sus rectas intenciones y su honradez. A lo mejor pudo gestionarlos mejor, pero ella no
es santa por la perfección con aque gestionó sus fondos.
Y otra crítica. ¿Podía
Madre Teresa terminar con la pobreza en Calcuta o en otra parte? A esta pregunta hay que responder con
otra pregunta: la misión que Dios encomendó a la Madre Teresa ¿era
la de eliminar la pobreza? La
respuesta a esta segunda pregunta es clara: Madre Teresa recibió de Dios la
misión de ser instrumento de su misericordia entre los más pobres y desvalidos
del mundo. No recibió de Dios
la misión de erradicar la pobreza.
Como dijo el papa Francisco,
ella no siguió ninguna ideología, ni ninguna política, todo lo hacía –lo hacen
sus seguidoras y seguidores— por amor a Dios y a los más pobres, con el amor
que brota de su corazón. Su trabajo consistía en hacer que estos pobres sean
felices y dar amor, allí donde las estructuras políticas no alcanzan en superar
el drama de la pobreza y la miseria, de la soledad y el abandono de los demás.
El origen de la pobreza y la
miseria está en la injusticia de los hombres para con otros hombres sus semejantes. Dios ha
querido derramar su misericordia a través de las religiosas Misioneras de la
Caridad y otras fundaciones de Madre Teresa que buscan
acompañar a los más necesitados dándoles comida, medicinas, un techo, pero
sobre todo dándoles amor, ternura, cariño, y compartir su sufrimiento y sus
carencias. Dijo Madre Teresa, “La pobreza material siempre se puede
satisfacer con lo material”, pero es mucho más importante el dolor y el
sufrimiento de la soledad, “la agonía de ser rechazado”, como Jesús en
Getsemaní que sudó sangre.
La gran pobreza, pues, es el
sentirse solo, abandonado, despreciado. El
remedio a la pobreza y a la miseria material corresponde a la acción política de quienes se dedican a la vida
política, a resolver los problemas y armonizar la convivencia entre los
hombres. A la religión le corresponde el plano de Dios distinto al plano del
César. Y quienes han criticado a la Madre Teresa son quienes han confundido, de
nuevo, los planos religiosos y político, lo material y lo sobrenatural, a Dios
y al César.
Fuente:
Aleteia
