Jubi-Leo
Mari Asun es una amiga de la Comunidad que vive en el
pueblo. Siempre está dispuesta a ayudarnos y comparte con nosotras muchos
momentos, la queremos mucho. Tiene animales, y llevábamos bastante tiempo
bromeando con ella:
-Mari Asun, ¿nos dejas un cerdo?
Y así, la broma se hizo realidad hace dos días, cuando
apareció en el torno con un cerdito que nos presentaron en la sobremesa.
¡Imagínate la cara de las monjas!
No dimos lugar a debate y, sin más dilación, le
pusimos nombre: como ya tenemos a Jubi, le llamamos Leo para completar
"jubileo", pues es el Jubileo de la Orden y de la Misericordia este
año, y aquí... ¡acoplamos todo!
Sin embargo, los primeros momentos no fueron muy
buenos. Al sacarlo de la caja, el miedo le hacía caminar retrocediendo o
sentarse en el suelo con las patas encojidas. Jubi ladraba al nuevo intruso
constantemente.
Ayer por la mañana salimos a la huerta y Leo no
estaba, ¡se había escapado! Por el olor, Verónica no tardó en encontrarlo.
¡Estaba tomando el sol tan pancho!
Por la tarde se volvió a escapar del recinto en el que
estaba, y tuvimos que poner más seguridad.
Ya casi de noche, Israel lanzó la voz de alarma de que
se había vuelto a escapar.
Le buscaron rastreando la huerta, pero no aparecía.
Volvimos a intentarlo, ¡fue un auténtico despliegue! Sión, Israel, Verónica y
yo rastreando toda la huerta.
Jubi parecía no entender qué hacíamos... hasta que se
metió detrás de un árbol enorme lleno de ramas por el suelo. Tardó en salir y,
cuando lo hizo, iba por delante de ella Leo. Jubi lo encontró y nos lo llevó
victoriosa como si de un trofeo se tratase.
Entendimos que no podíamos dejar a Leo cerrado
(tampoco creo que se deje coger...) y que, si se volvía a perder, Jubi lo iba a
buscar.
Cuántas veces tenemos miedo a soltar a ese hijo que se
hace mayor, a esa persona que acompañas, a ese amigo del que tanto has cuidado
y tanto te preocupa. Sientes que se te va fuera de control; que, cuando le
proteges con algo, salta por otro lado... Llega un momento en que no sabes ni
cómo encontrarte con él, las palabras que decir, cómo indicarle el camino a
casa, el camino a la Felicidad... ¡si supiese que se puede ser Feliz!
Permanece, permanece a la espera, y deja que haga su
propia experiencia, que salga Cristo a su encuentro como menos imaginas. No
puedes evitar que se caiga, pero ten siempre la mano dispuesta a parar el
golpe. No dejes de amar, no dejes de orar.
Hoy el reto del amor es que dejes en las manos del
Señor a esa persona que tanto te preocupa, esa persona a la que tanto quieres
pero con la que sientes que no puedes hacer nada. Y, como nosotras hicimos con
Leo, permanece a la espera, que Él te lo traiga de vuelta sabiendo dónde va a encontrar
el abrazo y la acogida que necesita.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
