La gran obra de una vida, sea en el matrimonio, sea en la vida
sacerdotal o religiosa, sea en el campo profesional o social se encuentra en la
fidelidad a Dios, a los demás y a nosotros mismos
Es
bien conocida la historia de El Señor de los Anillos. Frodo, de un momento a
otro se encuentra enredado en la historia de un anillo que significa la
salvación de toda la Tierra Media. Ha sido elegido para una misión que jamás
había sospechado. No está sólo. Tiene una comunidad.
La pequeña comitiva pasa por mil peripecias para conseguir su objetivo. La nieve pantanosa en las montañas nevadas, la batalla en las Minas de Moria. Gandalf desparece. Las sucesivas peleas contra los orcos. La gran victoria frente al reto que se les presentó en el abismo de Helm. La destrucción de Sarumán. Al final Frodo se queda solo. También Sam se ha separado.
La pequeña comitiva pasa por mil peripecias para conseguir su objetivo. La nieve pantanosa en las montañas nevadas, la batalla en las Minas de Moria. Gandalf desparece. Las sucesivas peleas contra los orcos. La gran victoria frente al reto que se les presentó en el abismo de Helm. La destrucción de Sarumán. Al final Frodo se queda solo. También Sam se ha separado.
Tolkien plasma de modo loable el aspecto psicológico del protagonista en estos
momentos. Toda la responsabilidad recae sobre Frodo. No tiene a nadie. Su
fidelidad es la suya y nadie le puede sustituir. Los enemigos siguen al acecho.
Ha recibido una misión y que se cumpla depende de él y sólo de él. Todos
conocemos el desenlace de la historia. Hizo hasta lo imposible y la providencia
se encargó de que el anillo fuera destruido..., junto con Gollum.
Todos hemos recibido una misión y la obra de nuestra vida es realizarla. La
fidelidad es una virtud que se consigue día a día, minuto a minuto. Es la
constancia en las propias determinaciones. En el campo humano y profesional
ésta alcanza su mayor grado en la realización de la propia elección de vida. A
Frodo le ofrecieron la misión de destruir el anillo, aceptó y fue consecuente
con su respuesta hasta donde pudo.
Esto exige varios requisitos: objetivos claros, constancia, tenacidad,
reciedumbre, “amor a la camiseta”, cultivo de los detalles en la vivencia de lo
que se ha elegido. Con los actos de hoy construimos el hombre maduro que
queremos ser mañana. La fidelidad es la corona y la gloria del hombre que ha
amado con pasión lo que ha hecho de su vida.
La fidelidad es una virtud que está al alcance de todos y que tiene infinitas
expresiones en cualquier campo de la vida humana. Es fiel el amigo que no
vuelve la espalda a los suyos en los momentos de dificultad, más aún los
acompaña y les brinda todo su apoyo moral y material.
Es fiel el novio que ni de lejos juega con el amor de su prometida, sino que lo
cultiva con los pequeños detalles de cariño y afecto: la invita a salir, la
respeta, evita lo que le molesta.
Es fiel el esposo que, después de una larga aventura de años y años con su
mujer, cada mañana le brinda la misma frescura de su amor en su beso de
“¡Buenos días!”. Reina entre los dos un ambiente de total confianza porque
saben que son fieles y ninguno fallará.
Es fiel el hombre consagrado que cada mañana se presenta ante su Señor con una
sonrisa en los labios y un sincero “Gracias por el nuevo día. Aquí estoy para
hacer tu voluntad”.
Nadie es verdaderamente fiel por temor al castigo. Esto no sería auténtica
fidelidad. La fidelidad es un compromiso que nace de lo más hondo de nosotros
mismos. Es un “conozco las consecuencias y quiero, con todo lo que implique…”.
El hombre fiel es el que confirma su opción fundamental con cada una de las
pequeñas decisiones que forman el entramado de su existencia. Es un hombre
libre que aceptó y sigue aceptando, que amó y sigue amando. La fidelidad es la
confirmación diaria de un sí que no pertenece al pasado.
Los frutos del que es fiel no se hacen esperar. La felicidad profunda y la
alegría verdadera vienen a constituir el fruto más evidente de la auténtica
fidelidad. El hombre fiel es maduro, sincero, trabajador, realista. Hay una
coherencia entre lo que es y dice ser.
Ser fiel es creer, confiar, amar…, sufrir con resignación, aguantar con
paciencia, esperar contra toda esperanza, luchar sin desalentarse, empeñarse en
la meta, apasionarse por el ideal, perseverar en medio de las más atroces
dificultades… para corresponder a otro que primero nos ha sido fiel. Para
nosotros, católicos, ese Otro se escribe con mayúscula y su nombre es
Jesucristo.
Para el cristiano ser fiel significa corresponder al inmenso amor de Dios a la
propia persona. Ser un fiel católico no significa cumplir pura y secamente los
mandamientos… “porque si no me voy a condenar”.
La fidelidad no se edifica sobre los cimientos inconsistentes de una moral
negativa que cifra todo en torno al “no”. La formulación negativa de algunos
mandamientos del decálogo tiene su razón de ser en el Amor, que jamás es
negativo: “Amarás A Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
Renunciamos a aquello para amar más a Dios.
“El cristianismo es el encuentro con una persona: Jesucristo”, nos decía el
Papa Benedicto XVI en su primera encíclica. Es a Él a quien le somos fieles,
porque antes él ha sido fiel a su amor hacia nosotros.
La gran obra de una vida, sea en el matrimonio, sea en la vida sacerdotal o
religiosa, sea en el campo profesional o social se encuentra en la fidelidad a
Dios, a los demás y a nosotros mismos. Cada uno, como Frodo, tiene una misión
para la que fue creado por Dios. Está en sus manos realizarla o hacerla
fracasar.
Dificultades y sufrimientos no faltarán, y esto se constata en toda vida
humana. Pero el hombre fiel tiene su mirada clavada en un ideal y nada lo mueve
de allí.
El grado de plenitud de nuestra vida es el grado de lo fieles que somos. Siendo
lo que somos y hemos elegido ser llevaremos en alto nuestra dignidad de
cristianos, católicos, seguidores de Jesucristo, seguros de alcanzar un día no
muy lejano la recompensa prometida: “Ven siervo bueno y fiel, porque has sido
fiel en lo poco, te recompensaré en lo mucho, entra en el gozo de tu Señor…”
Por: Armando Cuéllar, LC.
