En nuestro tiempo hay una "nube de testigos", simplemente recordemos los dolores, privaciones, torturas y muerte que ahora mismo están experimentando tantos cristianos en Siria, Irak, Yemen, etc.
Pregunta:
Padre Nelson: Cuando leo las historias admirables
de los mártires en el coliseo romano, o cuando leo de los milagros
espectaculares del libro de los Hechos de los Apóstoles, me pregunto: ¿dónde
están esas obras en nuestro tiempo? ¿No se supone que uno debería ver cosas
maravillosas con más frecuencia? ¿O es que por el hecho de que ahora contamos
con métodos muy precisos como son los de la ciencia moderna resulta que no
había tantos milagros antes?
En tu pregunta
mencionas dos situaciones distintas: la de los mártires y la de los milagros.
En cuanto a
los mártires, no tengamos duda: en nuestro tiempo hay, numéricamente hablando,
una "nube de testigos", como dice la Carta a los Hebreos (12,1):
simplemente recordemos los dolores, privaciones, torturas y muerte que ahora
mismo han experimentado o están experimentando tantos cristianos en Siria,
Irak, Yemen, Nigeria, Libia o Egipto. Los espantosos tormentos a que están
siendo sometidos nuestros hermanos en la fe tienen la grandeza de un amor
sublime pero también tienen toda la carga de crueldad de los tiempos antiguos.
En cuanto a
los milagros, tengamos en cuenta dos cosas. Primera, que cada proceso de
beatificación o de canonización de los que no han muerto mártires, tiene como
requisito que haya sucedido un milagro comprobado. Y comprobado quiere decir lo
que entendemos usualmente: comprobado científicamente. Lo que hay que preguntar
no es si hoy suceden muchos milagros sino: ¿cómo es que tantas personas vivan
prisioneras del materialismo o del cientificismo si la misma evidencia
científica muestra que hay cosas inexplicables para la ciencia, es decir:
milagros?
Lo segundo que
hay que decir es que los milagros que más le interesan a Dios son las
conversiones. Y una conversión, si lo pensamos bien, no es un prodigio pequeño:
que una persona tenga todo dispuesto en su vida, en su corazón y en su mente
para negar la obra divina o incluso su existencia, y después llegue a profesar
con amor su fe, y dejarse matar por ella, ¿qué es eso, sino un milagro
impresionante? Y de esos milagros suceden muchos, como pueden dar testimonio
tantos que están evangelizando en todo el mundo.
Así que,
abramos nuestros ojos, y con mayor gratitud y empeño, sigamos anunciando el
Nombre de Jesucristo.
Fuente: fraynelson.com
