Si Karol Wojtyła no hubiera
conocido a quien le habló de santa Faustina...
El desarrollo del culto
de la Divina Misericordia que estamos viviendo en el mundo de hoy no se
produciría sin Juan Pablo II. El primero que se dio cuenta de ello fue el
Papa Benedicto XVI, llamando en 2007 a Juan Pablo II “el apóstol de la
misericordia divina”.
La misión de santa
Faustina era transmitir el mensaje de la misericordia de Dios a la Iglesia,
pero fue el papa Karol Wojtyla quien introdujo en la vida de la Iglesia la
verdad de la misericordia de Dios y su culto en las formas previstas por la
santa.
El mensaje de la
Misericordia de Dios le acompañó a Karol Wojtyla durante toda su vida adulta, y
le era, como lo confesó en junio de 1997 con el motivo de la visita papal en
Lagiewniki, siempre “cercano y apreciado” por él.
Karol
Wojtyla fue informado por primera vez acerca de la figura de la mística de
Lagiewniki en 1942 por su amigo, un sacerdote y más tarde cardenal, Andrzej
Deskur, de forma aún incompleta sobre el mensaje de la misericordia de Dios
transmitido a la santa por Cristo.
Este mensaje tuvo un
impacto en el sacerdocio de Karol Wojtyla, en su espiritualidad (como se dijo,
fue elevado al sacerdocio en la sombra de Lagiewniki), y en consecuencia en el
desarrollo del culto de la Divina Misericordia en el mundo.
Karol Wojtyla, dotado de
una clase especial de sensibilidad espiritual y sensible a los signos de la
santidad, desde el principio no tuvo dudas sobre la veracidad de las
apariciones de santa Faustina, ni de su santidad, ni de su mensaje particular
de la misericordia de Dios.
Por lo tanto, después de
la guerra, siendo un joven sacerdote, regresaba a la capilla de la Divina
Misericordia en Lagiewniki donde se encontraba la imagen de Cristo.
En 1957, el entonces
Metropolita de Cracovia, el arzobispo Eugeniusz Baziak, pidió al Padre Wojtyla
que escribiera una opinión sobre el culto de la Divina Misericordia encargada
por el Vaticano.
Vale
la pena señalar que se trataba de una opinión totalmente positiva, cuando la
mayoría de los obispos polacos emitió un
dictamen negativo, lo que contribuyó a la publicación en 1959 por el Santo
Oficio de una notificación con la prohibición del culto de la Divina
Misericordia en las formas propuestas por santa Faustina Kowalska.
Es significativo que dos
semanas después del anuncio de la notificación, el obispo Wojtyla viajara a
Lagiewniki para celebrar la devoción a… la Misericordia Divina en la capilla
del convento ante la imagen de Jesús Misericordioso.
La
notificación fue abolida en abril de 1978 gracias al total mérito de Karol
Wojtyla, metropolitano de Cracovia, quien lo
consiguió siendo constante, con determinación y diplomacia.
Tenía que superar muchas
resistencias al mismo tiempo y actuar con mucha precaución, tanto en Polonia
como en el Vaticano.
Fue ayudado en este
proceso desde 1952 por el sacerdote Andrzej Deskur, quien le allanaba el camino
en las oficinas del Vaticano. Este sacerdote fue empleado de la curia vaticana
y devoto de la santa Faustina y de la Divina Misericordia.
En los años 60 ambos
llegaron a la conclusión de que la acción más apropiada sería no
insistir en que elSanto Oficio retirara su notificación, sino en
demostrar la santidad de santa Faustina.
En 1964, el arzobispo
Wojtyla recibió del entonces del jefe del Santo Oficio, el cardenal Alfredo
Ottaviani, el permiso extra oficial para iniciar el proceso de la investigación
de la persona de santa Faustina en la arquidiócesis de Cracovia.
El proceso de Cracovia
comenzó en 1965 y terminó después de dos años. Junto con el inicio del proceso
de beatificación, en el Vaticano se realizaba el estudio del Diario de
Santa Faustina por los teólogos censores.
Después de que los
censores dictaminaran que el Diario es el resultado de las
revelaciones divinas y su contenido es coherente con el Evangelio, el cardenal
Karol Wojtyla podía comenzar los esfuerzos para la retirada de la notificación.
También era una
condición para la continuación del proceso de beatificación de santa Faustina
en el Vaticano, cuyo observador designado por cardenal Wojtyla fue el obispo
Deskur.
Para poder negociar la
retirada de la notificación, el metropolita de Cracovia habló con los
funcionarios de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el sucesor del Santo
Oficio).
Negoció también con el
papa Pablo VI la retirada de las restricciones asociadas con el culto de la
Divina Misericordia.
La notificación fue
finalmente cancelada en abril de 1978. Seis meses después Karol Wojtyla se
convirtió en Papa. Tal cronología de sucesos fue sin duda la obra de la
Divina Providencia.
Si la cancelación de la
notificación se hubiera producido ya durante el pontificado de Juan Pablo II,
algunos podrían dudar de que todos los aspectos del caso se explicaran en
profundidad, o tal vez influyeron los sentimientos o las presiones del Papa de Cracovia.
Una vez completada la
información del proceso de Cracovia sobre santa Faustina, la misión de Karol
Wojtyla en la obra del apostolado de la misericordia de Dios en la
arquidiócesis de Cracovia había terminado.
Para que el culto de la
Divina Misericordia pudiera entrar en una nueva etapa de desarrollo y para
poder realizarse plenamente en la Iglesia universal, se necesitaba de una
persona adecuada en el Vaticano, como Karol Wojtyla de Cracovia, con la
espiritualidad apropiada, sensibilidad, experiencia y capacidad de
entendimiento de los signos de los tiempos.
Sin
Juan Pablo II el culto a la Divina Misericordia no experimentaría tal
desarrollo al día de hoy.
El Papa Wojtyla ya en el
segundo año de su pontificado, en 1980, publicó como su segunda, la encíclica
sobre Dios rico en misericordia, Dives in Misericordia,
continuando con la enseñanza de la misericordia de Dios hasta el final de sus
días.
En 1993 proclamó
beata a santa Faustina, y en 2000 la canonizó. Al mismo tiempo estableció
el segundo domingo de Pascua como Domingo de la Divina Misericordia. De
esta manera cumplió la petición de Jesús en su anuncio a santa Faustina en 1922.
La culminación de las
actividades de Juan Pablo II fue la visita a Cracovia-Lagiewniki en agosto de
2002.
El Papa consagró
entonces la basílica de la Divina Misericordia -cuya construcción fue apoyada
por él económicamente- y estableció en ella el centro del culto de la Divina
Misericordia. Al final de la visita en una ferviente oración confió el
mundo a la Divina Misericordia.
Por
Ewa K. Czaczkowska, profesora Adjunta de la UKSW, periodista,
Fuente: Aleteia
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