Encontrarte en presencia de Dios
Necesitamos la oración. Hay personas que quieren
rezar porque sienten que deben hacerlo. Pero va más allá. Rezar no es una
obligación. Se trata más bien de una necesidad. La oración es un descanso, es
un encuentro con Dios que nos llena de paz y de luz.
Necesitamos que nos cuiden, que nos den
paz y alegría. Necesitamos descansar, que nos quieran. Nos hace bien a todos ser
cuidados. La
oración es una oportunidad para descansar y dejar que Dios nos cuide.
No todo
puede ser acción en mi vida. Necesito recogerme. Volver a lo más mío, a mi interior.
Necesito quedarme a los pies de Jesús. La
oración honda me hace más niño, más humilde.
El papa Francisco decía: “Cuando nos dejamos elevar a la atalaya de la oración, a la
intimidad con Dios para servir a los hermanos, el signo es la humildad”.
Desde
el corazón de Jesús aprendo a mirar a los demás con humildad. En la oración aprendo a sentirme niño
desvalido. Dios me cuida.
El otro día leía: “La auténtica oración tiene lugar
cuando logramos encontrarnos en presencia de Dios. Entonces cualquier
pensamiento se convierte en padre de una oración y las palabras resultan
superfluas. Esta oración es absorbente. Una vez que la has experimentado, no
puedes olvidarla nunca. Y no me refiero a ninguna gracia mística
extraordinaria. Me refiero únicamente a la conversación con Dios, al desbordamiento espontáneo del alma
que ha llegado a darse cuenta de que es un niño pequeño a los pies de un padre
amoroso y providente”.
Una
oración que pacifica el alma. Me abrazo a Dios. Confío en Él. Me dejo
llevar. Dios sostiene mi vida. Esta oración es una gracia que pido cada día.
A veces la oración puede apartarme de
hacer cosas. Tal vez es que necesito descansar y dejar mi alma en Dios. Eso es
lo que importa. Dios me sostiene. Yo me vacío de todo lo que me pesa, también
de mi acción. La oración se convierte entonces en descanso del alma.
Sin
oración no es fecunda mi entrega. El servicio sin oración me hace activista. Y la oración sin acción me puede hacer
egoísta. Me encierra. Me aísla. Sueño con ese santo equilibrio entre la oración
y la acción.
CARLOS PADILLA ESTEBAN
Fuente: Aleteia
