Abierto 24 horas
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
Como ya alguna vez hemos compartido, en el coro, cada
monja tiene una cajonera donde guarda las cosas que suele utilizar para la
oración.
La puerta de mi cajonera es muy curiosa, pues, al
abrirla, fenomenal, pero, al cerrarla..."¡¡iiyyyiihhh!!" Un
chirriante ruido que retumba por toda la iglesia. Así que ya decidí dejarla
abierta durante toda la oración para no molestar.
Ayer, mientras la cerraba al acabar nuestra oración,
me surgió pensar que ojalá le ocurriera igual a nuestro corazón. Que sus
puertas fueran fáciles para abrirse y chirriantes al cerrarse, para así no
tener que cerrarlas nunca, o, que cuando se nos cierren, suenen tanto que nos
despierte a volver a abrirlas rápidamente.
Porque muchas cosas nos cierran en nosotros mismos: un
mal gesto, una metedura de pata, un enfado, no poder perdonar...
Pero, ¿sabes? Realmente sí que tenemos la puerta
chirriante cuando se cierra nuestro corazón. Es la voz del Señor que, desde
dentro, clama por la reconciliación, haciendo muy difícil acallarla.
Cristo siempre permanece contigo, pero también Él
necesita tu corazón abierto para podértelo llenar de vida y que luego la puedas
dar a los demás. Y es que Cristo es quien tiene su corazón totalmente abierto
para nosotros, y desde la llaga de su costado derrama todo Su Amor para ti,
para que tú también puedas vivir con el corazón abierto a todos.
Hoy el reto del Amor es no cerrar tu corazón a los
demás. Hoy puedes entregarte a los demás mirando antes por ellos que por ti,
puedes ser generoso, amable... no dejes de amar y, si en algún momento sientes
que no puedes o algo te quita la Paz, escucha, porque oirás esa madera
chirriante avisándote de que algo de ti se cierra.
Vive abierto,
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
