Servir sin ruido
Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
El martes tuvimos retiro con David, un sacerdote de
Vitoria que lleva ordenado dos años. Le conocemos desde hace mucho tiempo, es
parte de nuestra Comunidad.
La verdad es que fue una gozada escucharle y ver cómo
su corazón vibra con el Señor; tiene un don especial para la confesión.
Pues bien, como iba a hacer noche, la Madre Priora nos
encargó prepararle la casita donde iba a dormir. Estuvimos Israel y yo, lo
dejamos todo a punto, pero vimos que la cuerda de la persiana del salón estaba a
punto de romperse. Sin embargo, ya no nos daba tiempo de arreglarla.
Ayer volvimos para limpiar de nuevo.
-¡Uy va! -exclamó Israel- ¿Así que al final llegaste a
cambiar la cuerda?
-No -respondí yo extrañada.
David había cambiado la cuerda de la persiana. Pero no
sólo la cambió, tuvo que bajar a comprar una cuerda nueva, desmontó la persiana
encima de la mesa y volvió a colocarlo todo como si no hubiese pasado nada.
A las dos nos ha botado el corazón, nos hemos
encontrado con un gesto de amor hecho desde el silencio, ya que David en ningún
momento nos dijo nada, lo ha hecho y sólo Cristo lo sabía. Si no hubiera sido
porque habíamos visto el mal estado de la cuerda antes de su llegada, no nos habríamos
dado cuenta.
Cuántas veces hacemos las cosas para que nos vean,
para que nos lo reconozcan. Y Jesús nos dice que la sabiduría está en servir
sin ruido, que pongamos nuestros dones al servicio de los demás, pero que no se
enteren, que sólo les llegue la cuerda de la persiana nueva.
Mi corazón, ante este gesto de amor, pudo ver al Señor
detrás. Me di cuenta de que a un corazón enamorado no se le pasan los detalles
pequeños, que está en lo más delicado. Es impresionante, porque Jesús da su
vida por ti, por todo lo que no entiendes, por todo lo que está roto en tu
vida. Él, con su sangre en la cruz, pone una cuerda nueva a tu persiana para
que, con la resurrección, tú puedas abrirte al amor.
Hoy el reto del amor es hacer un gesto de amor pero
que nadie se entere, que sólo Cristo lo vea y, cuando lo hagas, mira al cielo y
dale gracias.
Te deseo un feliz domingo.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma