Un útil glosario de
palabras relacionadas con el mundo religioso femenino
Recientemente, una pieza de Aleteia trataba la cuestión de por qué algunas
mujeres religiosas llevan el hábito y otras no, lo que motivó otra pregunta por
parte de un lector:“¿Cuál es la diferencia entre una ‘hermana’ y una ‘monja’, y
en qué se diferencian las postulantes de las novicias?”.
Resumiendo, una “monja” es una mujer que ha sentido la llamada a vivir
en una abadía, un monasterio o un convento, como religiosa contemplativa.
Normalmente, esto conlleva vivir y
trabajar dentro de un espacio designado cerrado, vedado a todo el mundo excepto
a los sacerdotes, al personal médico y al personal trabajador, de forma que las
moradoras sólo abandonan la clausura para asuntos médicos o para actividades
relacionadas con el monasterio.
Al igual que con los monjes, el “trabajo”
de una monja, además del que requiere la ayuda para el sustento material de la
casa, es la oración, que continúa a lo largo de todo el día por el bien de la
Iglesia y del mundo.
Una “hermana” es una mujer religiosa cuyo carisma
apostólico se considera “activo”, es decir, que aunque tanto ella como su
comunidad rezan, también ayudan a la Iglesia por
otros medios, entre otros trabajo social, educación, enfermería, asistencia pastoral
y en retiros, obra misionera, trabajo con medios de
comunicación, cuidado de mayores, etc. Básicamente,
ayudan donde sienten que las necesitan.
Alguien más rigorista podría argumentar
largo y tendido sobre la diferencia entre las dos, pero la mayoría de las
hermanas se refieren a sí mismas como “monjas” y la mayoría de las monjas se
llaman “hermanas” entre ellas, así que, aunque hay diferencias, a la mayoría de
las religiosas no les importa el término.
Hay religiosos y religiosas, por tanto
algunas de las etapas que se mencionan a continuación existen para ambos, pero
como la duda surgió en torno a las mujeres, también nos centraremos en ellas
aquí.
Una aspirante es alguien que vive durante un
tiempo con una comunidad para ver si se siente atraída por esa vida y cómoda
con esa comunidad, además de para que la comunidad la evalúe también. Algunos
lugares llaman a esta etapa “pre-postulantado”.
Una postulante ya se ha mudado formalmente a la
comunidad y vive en ella, aunque continúa en una fase de “interrogación”, un
periodo de intensa meditación para definir su vocación.
Según la comunidad, el postulantado dura
de 6 meses a un año, y durante ese tiempo es
posible que se la llame “hermana”, o no. Este hecho y el que la postulante
lleve o no algún tipo de uniforme o respete un simple código de vestimenta depende de la comunidad.
Una novicia (del latín novicius, nuevo o reciente)
es una postulante que ha sido recibida formalmente dentro de la comunidad, es
una principiante.
El noviciado
—normalmente (pero no siempre) de dos años para las mujeres y un año para los
hombres— da comienzo a un periodo de intensa formación y estudio, de una
profunda experiencia de la oración que irá acompañada de una formación tanto
canónica como apostólica.
Si la comunidad lleva hábito y adopta
nombres de religión (algunas
hacen las dos cosas, otras ninguna, y algunas comunidades lo dejan a elección personal de la hermana o monja),
todo suele suceder (aunque no
siempre) a la entrada
en el noviciado, y la hermana asumiría el velo
blanco.
Algunas comunidades permitirán el cambio
de nombre al empezar el noviciado, pero retrasan el hábito hasta los primeros
votos, o viceversa.
Puesto que el noviciado aún se considera
parte de una fase de discernimiento en la vocación, la novicia es libre de abandonar la
comunidad en cualquier momento (y, claro está, también se le puede
pedir que abandone).
Los primeros votos se realizan cuando la novicia ha
completado el necesario periodo de noviciado, ha solicitado admisión formal a
los votos y los miembros de votos perpetuos y la dirección de la comunidad han
discernido en ella una vocación auténtica para su orden o asociación.
La novicia realiza unos votos
“simples”, que son vinculantes por la ley canónica durante un
periodo de tiempo específico, normalmente de tres a cinco años, a veces más.
Se la considera ahora una miembro de
“profesión temporal” en la comunidad y puede trabajar en un apostolado y firmar
usando la abreviatura correspondiente a su comunidad.
La profesión temporal aún es un periodo
de discernimiento,
así que una religiosa todavía puede solicitar la separación, pero como los
votos son canónicos, requiere un proceso más formal.
Los votos finales (o perpetuos; en el monacato se denomina “profesión
solemne”) se realizan cuando la religiosa profesa sus votos de
por vida como miembro de la comunidad.
En la mayoría de los casos firma su
declaración de votos en el altar y lo muestra ante los presentes, y sus votos
son canónicos.
En este momento ya es una religiosa de votos
perpetuos, está plenamente profesada y, en cierto sentido, ya es una
“profesional” de esa vida. Y como en cualquier profesión, la formación es
continua y dura toda la vida.
Fuente:
ACI Prensa
