He recibido
repetidas críticas sobre la doctrina católica del Purgatorio como doctrina
anti-bíblica.
La doctrina
falsa sobre un supuesto “purgatorio”, es anti-Escritural. En Hebreos 1, 3
leemos “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su
sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,
habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo,
se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.
Nuestros pecados ya fueron purgados; también Hebreos 9, 27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
En cuanto a 2 Mac 12, 46, quisiera recordarle que durante el período inter-testamentario entre Malaquías y Mateo aproximadamente 400 años, no hubo profeta de Dios, ni tampoco hubo profecía, Dios se mantuvo callado, así que esos libros no son en ninguna manera inspirados por Dios, al principio la Iglesia católica romana los rechazó, pero no fue sino hasta Trento donde pasaron a formar parte del canon, para sustentar esa falsa doctrina de orar por los muertos.
Nuestros pecados ya fueron purgados; también Hebreos 9, 27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
En cuanto a 2 Mac 12, 46, quisiera recordarle que durante el período inter-testamentario entre Malaquías y Mateo aproximadamente 400 años, no hubo profeta de Dios, ni tampoco hubo profecía, Dios se mantuvo callado, así que esos libros no son en ninguna manera inspirados por Dios, al principio la Iglesia católica romana los rechazó, pero no fue sino hasta Trento donde pasaron a formar parte del canon, para sustentar esa falsa doctrina de orar por los muertos.
Quisiera
decirle que he tenido dudas acerca del purgatorio. Tal vez usted me pueda
informar en qué parte de la Biblia se habla del purgatorio. Tengo una amiga
cristiana que dice que en ninguna parte de la Biblia se habla del purgatorio,
¿es verdad? ¿son sólo inventos?
Mi pregunta es
la siguiente: muchos cultos evangélicos, cuestionan el purgatorio, porque según
ellos solamente hay blanco o negro, no gris blanco o negro, ¿cómo uno como
católico puede sustentar que existe el purgatorio y no es una imaginación de
católicos?
Respuesta:
Como puede
verse en la primera objeción (no es una consulta), la persona que me envía la
carta reconoce la importancia del texto del segundo libro de los Macabeos, por
lo cual niega su canonicidad (o sea, su inspiración); sobre ese punto concreto
reenvío al capítulo en que trataremos del canon bíblico.
Como algunos
hermanos separados niegan la existencia del purgatorio porque entienden mal lo
que la Iglesia enseña sobre el mismo, ante todo, digamos que los católicos
llamamos “Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es
completamente distinta del castigo de los condenados”.
La existencia
del mismo ha sido negada o pervertida por muchos herejes, como Basílides (s.
II), Erio (s. IV), los flagelantes, albigenses, cátaros y valdenses (durante
los siglos XII y XIII), los primeros protestantes (s. XVI); y hoy en día sigue
siendo objeto de contestación, no sólo entre los no católicos, sino entre
algunos católicos, llevados, probablemente por una falsa idea del mismo. Esto
no deja de tener su importancia, porque si la doctrina fue negada desde los
primeros siglos, también hay que destacar que fue enseñada desde los primeros
siglos.
Para los
católicos, es de fe definida su existencia. Hay numerosos documentos, pero
sobre todo son fundamentales las afirmaciones de los Concilios de Florencia y
de Trento. Este último dice en su Decreto sobre el Purgatorio (año 1563):
“Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la
doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres,
enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento,
que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los
sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa;
manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la
sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados
concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los
fieles cristianos”.
Pero el hecho
de que sea definida por el magisterio, no significa que no tenga base bíblica.
Hay que decir que la realidad del purgatorio se encuentra claramente expresada
en la Escritura, aunque falte la expresión purgatorio, que se adoptó con el
tiempo.
Así, por
ejemplo, en el Antiguo Testamento, tenemos el lugar tradicional del segundo
libro de los Macabeos: cuando Judas Macabeo advierte que sus soldados caídos en
combate tenían entre sus ropas algunos objetos idolátricos saqueados en el
pillaje de Jamnia, envía a Jerusalén una importante suma de dinero destinada a
ofrecer sacrificios por los muertos; y explica el libro: Por eso mandó [Judas
Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que
quedaran liberados del pecado (2 Mac 12, 46). Tan claro es este texto que
Lutero, dándose cuenta que con él se venía abajo su enseñanza de que la Biblia no
habla del purgatorio, negó el carácter canónico de este libro.
En el Nuevo
Testamento hay alusiones de diverso valor probativo. Las más interesantes son:
- Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro (Mt 12, 32). Esta expresión ni en el otro, deja claramente entender que hay otra clase de pecados que se perdonan, al menos, en la otra vida. Esto no puede entenderse, evidentemente, ni del cielo ni del infierno; por tanto, se postula un lugar distinto, donde este perdón pueda tener efecto. Negar esto es hacer inútiles las palabras de Cristo, como dice San Agustín: “no podría decirse con entera verdad que algunos pecados no se perdonan ni en este mundo ni en el futuro, si no hubiera otros que pudieran perdonarse, ya que no en éste, por lo menos en el otro”.
- Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el juego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el juego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del juego (1 Co 3, 10-15). Éste es lugar clásico del Nuevo Testamento que han invocado los Santos Padres y muchos teólogos para afirmar la existencia del purgatorio. Habla aquí San Pablo, de los predicadores de la iglesia de Corinto; unos prudentes que edifican a los fieles sobre el fundamento que es Cristo; otros, cuyas doctrinas no se fundamentan en Cristo. De éstos dice San Pablo que su obra perecerá, pero ellos salvarán la vida pasando, primero, por el fuego. Explica Bover: “bajo estas imágenes habla San Pablo de castigos escatológicos y temporales sufridos por faltas no graves… No serán castigos de esta vida terrena, sino castigos impuestos por Dios en el día del Señor, previo al juicio divino, que dará a cada uno según sus obras. De estas afirmaciones de San Pablo se desprende una conclusión: …después de esta vida terrena, se dan castigos temporales impuestos por faltas no graves. Los castigos escatológicos de que habla el Apóstol no son, ciertamente, el purgatorio; pero de lo que él afirma, ¿no podemos nosotros colegir lógicamente la existencia del purgatorio?”. Y luego de seguir analizando el texto, concluye el insigne exegeta: “De las afirmaciones de San Pablo, se deduce lógicamente la existencia del purgatorio”.
De aquí que la
tradición cristiana haya sido siempre unánime al respecto, y así, por ejemplo,
decía San Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario
creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma
Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia
contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el
futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden
ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro”.
San Cesáreo de
Arlés escribió: “Si no damos gracias a Dios en la tribulación ni procuramos
redimir los pecados con buenas obras, seremos retenidos en aquel fuego
purificador, hasta que todos los pecados leves, a modo de madera, heno, paja,
queden consumidos”. Se podrían citar muchos otros
testimonios.
La tradición
también se hace testigo de esta verdad, con la piadosa práctica de ofrecer
sufragios por los difuntos (evidentemente con la esperanza de que estas
oraciones y sacrificios los ayuden). Como enseña el Catecismo: “Esta enseñanza
se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos… Desde los
primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha
ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para
que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La
Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de
penitencia en favor de los difuntos”.
P. Miguel A.
Fuentes, IVE.
Fuente:
