Fortalecer la fe
recorriendo el trabajo interior del apóstol Tomás, el "incrédulo" del
Evangelio
“La Séptima perla, el gran viaje del discípulo
incrédulo” – es un recorrido en la vida de fe del apóstol Tomás, el incrédulo
por excelencia. El autor imagina que lee en el corazón del apóstol, dando voz a
los pensamientos, perturbaciones, fatigas y alegrías que él sintió tras la
muerte de Jesús, pero que humanamente pertenecen a todos nosotros.
El corazón de Tomás es imagen del corazón del hombre, del creyente y de su recorrido de fe.
El corazón de Tomás es imagen del corazón del hombre, del creyente y de su recorrido de fe.
La obra compuesta por siete capítulos
recorre el itinerario espiritual del apóstol desde el domingo de Pascua hasta
el domingo in Albis,
día en que finalmente encuentra a Jesús resucitado. El autor, al narrar esta
semana de sufrimiento y búsqueda, subraya algunos pasajes de los textos
evangélicos, y utiliza imágenes para explicar las etapas de este camino
espiritual.
“El desierto o noche oscura” como momento
de acercamiento del discípulo a la cruz, “las capas de terreno en el
corazón del discípulo” que representan los obstáculos de la vida espiritual,
“las perlas escondidas” que representan los momentos cruciales para reencontrar
con la oración los instrumentos para continuar en el camino de fe.
Monseñor Giancarlo M. Bregantini escribe
en la introducción al texto, a propósito de la incredulidad de Tomás que, a
diferencia del resto de los apóstoles, no había todavía visto al resucitado:
“(…) Cierto, debe ser tremendo oír decir,
casi como desafío fraterno, pero punzante: “nosotros…. nosotros hemos visto al
Señor”. Ciertamente, en su tono no había desdén ni ironía. Ciertamente no. Y,
sin embargo, creemos que en su corazón, en el de un discípulo fiel,
siempre vigilante y atento, esa no presencia, ese no haber estado, debe haber
significado una herida muy amarga. Dura de aceptar”.
1.- La mirada del Señor
Tomás vio morir a Jesús, asistió a sus
sufrimientos. Sus ojos y su corazón están aún llenos de la pena por la muerte.
Cuando los apóstoles y María de Magdala le anuncian que el Maestro ha
resucitado y está vivo, Tomás no lo puede creer.
“¿Cómo pueden sonreír tan pronto
basándose en una noticia que no tiene ningún fundamento? Para un hombre
práctico como yo no hay lugar para estos cuentos de fantasía. Si los hechos han
verdaderamente cambiado quiero pruebas certeras… sin embargo, advierto aún las
palabras de Jesús dentro de mí: Resucitaré al tercer día…. me atraviesan de
lado a lado”.
El apóstol vence la tentación de dejar
perder todo recorriendo el camino junto a su Maestro y descubriendo la perla
escondida en su corazón: la mirada de Jesús que se posa en él.
2.- Reconocerse pequeños
Tomás instintivamente quisiera vengar al
Señor, pero al mismo tiempo siente el deseo de perdonar a los enemigos que lo
han condenado a muerte. Aunque afligido, logra encontrar su segunda perla
escondida: la humildad.
“(…) Intuye que, si quiere encontrar al
Mesías, debe reconocerse pequeño, permanecer humildemente de rodillas hasta las
lágrimas y besarle sus santos pies que fueron traspasados por los clavos de la
cruz. (…) Dentro de sí percibe que el Espíritu lo empuja, provocándole un gran
deseo de pedir humildemente perdón, especialmente por sus pecados de
incredulidad”.
3.- La fe crece cuando es puesta a prueba
La fe incluso cuando es aparentemente
madura es débil frente a las tentaciones, y para madurar y no ceder a las
seducciones del mal necesita de la prueba.
“Esa perla escondida nos buscará, como
dice san Pablo, esa que es definida “la armadura de Dios”, simbolizada por el
“escudo de la fe” y el “yelmo de la salvación”, para rechazar los dardos de
fuego del maligno”.
4.- La Eucaristía
Entre las muchas tentaciones que el
apóstol Dídimo vive tras la muerte de Jesús, una de las más fuertes es la de
usar otros alimentos para nutrirse excluyendo la cruz. En los periodos de
dificultad cada uno de nosotros corre el riesgo de crear, dice el autor, un
Dios a su imagen y semejanza, mientras que “la vía de Cristo es mejor, porque
fuera de ella no existen otras auténticas”.
Nunca es conveniente esquivar las cruces,
incluso las más pesadas que el Señor nos pide para madurar nuestra fe. Jesús
quiere que le llevemos con él (…) la Eucaristía es el único alimento que nos
confirma en las situaciones de prueba ayudándonos a permanecer en la recta vía.
Eso es posible incluso cuando no hay motivación y existe la impresión que el
mundo cae alrededor, como le sucedió a Tomás.
5.- El agua viva
El apóstol está viviendo la experiencia
del “desierto”, la terrible aridez de los momentos de crisis espiritual en que,
sólo perseverando en la fe, es posible recibir el Espíritu Santo que es agua
viva.
“(…) Cuando el peso de la cruz aumenta,
se tiene la tentación de buscar fuentes que están más cerca de la mano y,
sobretodo, que puedan quitar la sed inmediatamente. Se trata de fuentes
ficticias, porque asemejan a esos caminos de fácil acceso que buscan el éxito o
la gratificación en poco tiempo, obtenidos sin esfuerzo. Si confiamos, en
cambio, en esa pequeña reserva que tenemos, cuando el periodo de prueba ha
terminado, el Señor mismo proveerá a encender nuestra llama. Es el esfuerzo de
permanecer en la vía estrecha, es decir, no abandonar la oración perseverante,
incluso cuando no es tan agradable, incluso cuando se llega a creer que no
sirve para nada o que es sólo una pérdida de tiempo. De hecho quien deja de
rezar, deja de buscar a Dios”.
6.- La luz
Tomás, el sexto día después de la muerte
del Maestro busca la luz, una ayuda eficaz para sostener el peso “oscuro e
insidioso” de la incertidumbre.
“(…) En el evento de la Trasfiguración,
la excesiva incomprensión frente a la Pasión, el extremo cierre frente al
misterio, habían ofuscado el corazón de Pedro, Santiago y Juan, a tal punto que
terminaron por dormirse. Pero la magnificencia de la teofanía logró sacudirlos
y despertarlos, para que pudieran contemplar la luz de la gloria que brillaba
en el rostro de Cristo. En los momentos de gran crisis, sin embargo, puede
suceder que intervenga el mismo Señor, por iniciativa propia, para reavivar la
llama de la vigilancia”.
7.- “Felicidad en Cristo”
Se presentó Jesús en medio estando las
puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca
aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas
incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele
Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han
creído.» (Jn 20, 26-29).
Finalmente, después de una larga
búsqueda, Tomas encuentra a Jesús resucitado y lo reconoce como “su Señor y su
Dios”.
“(…) En esta proclamación está el sabor
de una experiencia nueva que le ha hecho degustar una unión íntima con el
Esposo y el toque extraordinario de su gloria revelada”.
Lo que sintió Tomás en ese momento, y
cada uno de nosotros cuando vive intensamente la experiencia del encuentro con
Cristo, puede traducirse, como sugiere el autor, con las palabras del profeta
Isaías:
“Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi
alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de
justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se
adorna con aderezos” (Is 61, 10).
Silvia Lucchetti
Fuente: Aleteia
