Desbrozando
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
Estos días hemos aprovechado un poco para poner bonita
la huerta: flores por aquí, pasando la cortacésped por todo, con la
desbrozadora por los sitios más difíciles...
Y es que, como ha llovido tanto, cuando hemos querido salir ya no era una huerta, era una selva. ¡Hasta cardos del tamaño de una persona!
Mi trabajo consistía en coger la desbrozadora y
acercarme a los árboles donde la máquina cortacésped no puede entrar para quitar
las malas hierbas. Pero de pronto llegué a una zona totalmente intransitable.
Se trata de unos cuatro o cinco ciruelos que están plantados bastante juntos entre sí, y que habían quedado sumergidos entre los cardos, que además eran tan grandes que la desbrozadora no podía con ellos.
Dejé la máquina y me fui a por el rastrillo y la azada,
me bajé las mangas de la bata, porque estos pinchan... y manos a la obra.
Cuando me vi en ese trabajo me di cuenta de que todo
grupo humano es como ese bosquecito de frutales. Que de pronto el otro me
empieza a resultar molesto, o aquel que tiene esto o aquello que me pincha.
Pero, realmente, ¿es el otro? ¿Soy yo? ¿O son los cardos que hemos dejado
crecer entre medias? Claramente son los cardos, son las interpretaciones, la
desconfianza... Es todo esto lo que hace que el hermano sea difícil para ti y
el amor se vuelva cuesta arriba.
Sin embargo, Cristo nos ha llamado a vivir junto a los
demás, y nos quiere a todos felices. Y esto con Él sí es posible.
Él te enseña a mirar a los hermanos de una forma
nueva. Cuando tú has sentido que has metido la pata, y experimentas cómo te
mira Cristo, con qué Amor y respeto trata tu pobreza, cómo te acoge y te
envuelve para sanar tus heridas, dejas de tener miedo a tus pobrezas y caes en
la cuenta de que todos las tenemos. Y es que sólo desde ahí, desde haber
experimentado cómo te trata Él a ti, puedes mirar al otro con cariño, sabiendo
que es igual de pobre que tú. Que somos ambos los que estamos rodeados de
cardos y no es el otro quien te hiere, sino tu propia interpretación de la
situación.
Cuando vives desde el Amor, puedes dejar tus cardos en
Cristo, y Él coge la azada y el rastrillo y va dejando el terreno limpio para
que rebrote el Amor. Te sientes libre para amar, ya que no tienes que salvar ni
tu pobreza ni la del otro, sino que has experimentado quién es el único
Salvador.
Hoy el reto del Amor es tratar a los demás tal y como
tú has experimentado que te trata Cristo. ¿Piensas que amar a todos es un ideal
imposible? ¿Que no es para ti? Es para ti, y para todo el que quiere ser feliz.
No se trata de esfuerzos, pues recuerda que el que coge la azada y el rastrillo
es Cristo. Todo comienza por la vivencia del Amor de Cristo por ti, pues de ahí
tu mirada y tu mentalidad comienza a ver hermanos donde antes sólo veía
elementos molestos.
¿Quieres ser feliz? Ora y ama.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
