El paso de la vida escolar a la universitaria, puede
resultar sencilla para algunos jóvenes, pero compleja para otros. Por esto, los
conocedores en el tema, recomiendan una serie de pautas que facilitan esta
transición
Varios estudios a nivel de Latinoamérica han observado
que un número elevado de alumnos, desertan en los primeros semestres de
universidad seguido de fracasos tempranos, pues no logran adecuarse a las
exigencias que supone la educación superior; lo que se ha convertido en un tema
de especial atención en la población educativa.
En cuanto a qué se debe este fenómeno, las
investigaciones sugieren que obedece a un problema tanto de los estudiantes,
como de las instituciones de educación básica y superior, pues ambas están
llamadas a realizar un trabajo articulado para lograr una mejor adaptación de
los jóvenes.
Referente a los estudiantes, se revelan una serie de
fallas que los conducen a los senderos del fracaso, como son: la pobreza de
métodos de estudio, la dificultad en la comprensión lectora, la ausencia de
conocimientos básicos, la insuficiente orientación en la elección profesional y
la falta de habilidades personales como autodisciplina, persistencia,
concentración, por nombrar sólo algunas.
Adicional a los factores mencionados, se suma la
soledad e incapacidad de los jóvenes pupilos para establecer relaciones
sociales con sus pares, quienes se toparán con personas provenientes de
diversos mundos y deberán aprender a trabajar con ellas.
Cambio de vida
Ahora bien, hay que considerar que los jóvenes pasan
de un ambiente a otro completamente desigual. A diferencia de la universidad,
la vida escolar se caracteriza por ser un espacio comunitario y por su trato
personalizado en el proceso educativo de cada alumno. De cierta forma, en la
escuela secundaria, el estudiante tiende a ser dependiente de la institución y
del profesorado, con quien se llega a desarrollar una estrecha relación.
Por ello, el cambio drástico cuando ingresan a la
universidad, donde encuentran un mayor grado de exigencia, independencia,
competitividad y se hallan frente a una realidad que los obliga a ser los
protagonistas de su propia formación, en la que deben ser autónomos, así como
regular su tiempo y esfuerzo para lograr el éxito, y aunque el profesorado hace
su debido acompañamiento, el grado de involucramiento es mucho menor que en el
colegio. De ahí que algunos jóvenes, les cueste más de lo normal, acoplarse
a las nuevas circunstancias.
El papel de los padres
Aunque a esta edad el joven ya debe tener todo un
paquete de valores y competencias incorporadas, el papel de los padres aún
continúa. La familia está llamada a respaldar a los hijos en sus buenas
decisiones, darles apoyo y orientación durante este período de transición.
También es importante que los padres les brinden oportunidades a los hijos para
ejercer su autonomía y toma de decisiones, como dejarles hacer encargos que
involucren cierto grado de responsabilidad y en caso que se presenten trabas,
serán ellos mismos quienes encuentren la solución.
También hay que identificar cómo y cuándo intervenir
en la vida universitaria de los hijos, habrá que ser sutiles pero a la vez
cariñosos y comprensivos, así los chicos se sentirán acogidos y probablemente
acudirán a los padres en caso de presentarse inconvenientes.
Pautas que facilitan la transición
En gran medida, este problema tiene sus orígenes en la
falta de preparación de los alumnos en la etapa pre-universitaria. Qué se debe
tener en cuenta para lograr dicha adaptación, son los consejos a continuación:
1. Conviene incorporar la pedagogía universitaria (auto aprendizaje) en los últimos años secundaria. De igual manera,
fomentar las habilidades necesarias para llevar a cabo trabajos de
investigación, tutorías y exposiciones orales.
2. Meses previos al ingreso a la universidad, se recomienda que el joven se vaya familiarizando con el ambiente que le espera. Así que los programas pre-universitarios como semilleros o cursos preparatorios, deben ser acogidos por los jóvenes.
3. Los padres también pueden desarrollar un plan de acción en casa, el cual brinde las herramientas necesarias para que el joven llegue totalmente dotado al exigente mundo universitario.
4. La orientación profesional debe hacerse tal vez con más énfasis. La elección de la carrera de acuerdo a los gustos y capacidades del alumno, determinarán en parte, el éxito en su vida profesional.
5. Despertar la motivación de los alumnos, en cuanto al logro de objetivos por esfuerzo y dedicación.
Por LaFamilia.info
