(Porque
después no tendrás tiempo)
El descenso de la lectura que sugieren
las estadísticas, nos ha inclinado a ajustar la ratio de libros de forma
realista.
También son las estadísticas, las que
indican que hay un declive en la novela católica. Y la más reciente polémica
versa sobre si este tipo de novela está llegando a su fin. Pero deberíamos
tener una idea clara. No se puede hablar técnicamente de la catolicidad de una
novela en cuanto objeto.
La solución de la polémica es, pues, que
la novela católica existirá, mientras haya católicos que leen novelas. Pero
sobre todo existirá mientras haya católicos que las escriben. Y esta es nuestra
modesta selección de algunas.
1. El poder y la gloria, de Graham Greene
Está ambientada en Mexico durante la
persecución religiosa del presidente Díaz Cases. Narra la historia de un cura
que es el último que queda en su Estado y va huyendo de un lugar a otro. Pero
es un cura débil, que ha tenido hijos con varias mujeres indias y se emborracha
con frecuencia. Lo único que tiene claro es el tener la vocación de sacerdote y
estar consagrado a Dios con este fin. El buen oficio de Greene, dosificando la
emoción en ascenso, hace que acompañemos al cura por todo el itinerario hasta
su desenlace.
2. Últimas cartas (1532-1535), de Tomás Moro
Redactadas con serenidad y al estilo
isabelino de la época, caracterizado por frases largas y elegantes; estas
cartas del noble Canciller nos muestran su último dilema: O firmar el acta de
sucesión de Enrique VIII o, por el contrario, defender sus convicciones
morales. La esmerada traducción del latín original y la siempre correctísima
edición por Acantilado ed., las hacen una verdadera prioridad para su
biblioteca.
3. El diario de Ana Frank
No es católica la autora del diario, pero
leído con esos ojos – católico significa corazón grande -, la historia de la
judía de Amsterdam hace del pueblo elegido en la Antigua Alianza, un símbolo
universal. Esto explica las controversias que ha tenido su divulgación. Pero el
diario se centra más en el interior de la adolescente. La introspección hace
que afloren las rupturas que se producen en esta etapa de la vida. De ahí que
el padre, tiempo después, al encontrarlo en la casa, tuviese que encargar la
eliminación de alguna nota que apuntó la muchacha con ocasión de algún enfado
con su madre. Por encima de todo esto, el diario de Ana Frank se manifiesta
como uno de los libros más desconcertantes y bellos de la Literatura.
4. Diario de un cura rural, de
Georges Bernanos
Un párroco llega a su nuevo pueblo al que
ha sido destinado. Es de noche, pero descubre, a lo lejos, luces y música. El
baile en que observa a sus futuros feligreses le perturba hasta el extremo de
pensar que ha llegado a un lugar de pecado. La novela sitúa los acontecimientos
en el marco de la batalla cósmica entre el bien y el mal, que se supera en la
Gracia. Porque, como dice uno de los personajes, “Todo es gracia”.
5. La luz apacible, de Louis de Wohl
Trata de la vida de Santo Tomás de Aquino
y de su relación con personalidades de la época bajomedieval, como el
emperador Federico II. Se muestra la gran inteligencia del santo, pero también
su ingenuidad infantil, que a veces es motivo de burla por parte de sus
hermanos. El autor, Louis de Wohl, es un fenómeno personalísimo en el panorama
literario del s. XX, pues escribía biografías históricas con un talento
especial para recuperar personajes del pasado.
6. El hilo de oro
Del mismo autor que el anterior, es la
biografía de San Ignacio de Loyola. Narra la historia de este soldado
guipuzcoano que cayó herido defendiendo la plaza de Pamplona en 1521. Durante
su convalecencia experimentó una llamativa conversión con motivo de sus
lecturas. Su posterior peregrinación a Manresa, los estudios en la Sorbona y la
fundación de la Compañía de Jesús, junto a sus amigos, entre los que destaca
San Francisco Javier, completan el itinerario argumental. Es una recomendable
biografía histórica.
7. Perder y ganar, de Beato John H. Newman
Nos encontramos ante una autobiografía.
Su autor narra el período en que pasó de ser pastor anglicano, a bautizarse en la
Iglesia Católica. Este paso suponía en Inglaterra una gran discriminación. Pero
el beato Newman en lo personal no siempre quiso defenderse. Sin embargo cuando
escribió este libro, ya habían sobrepasado el umbral de protección a su nueva
Iglesia, por lo que decidió defenderla. Y lo hizo en esta propuesta narrativa
según su gran capacidad, no dejando, ni incontestada una cuestión; ni en pie un
argumento de contrario.
8. El tiempo en un hilo, de Maruja Moragas Freixa
Es una novela testimonial. Una mujer se enfrenta
a la adversidad de una separación matrimonial y todo lo que esta conlleva. Así,
el volver a trabajar fuera de casa, o el asumir el vacío de responsabilidad que
dejó la persona ausente. Moragas utilizando metáforas marinas, transmite que
una mujer separada no tiene porqué tener ansias de rehacer su vida, pues la
misma que ya tiene, es una oportunidad de transformación cristiana.
9. El precio a pagar, de Joseph Fadelle
La novela narra la odisea de su autor, un
iraquí que, por su nueva fe cristiana, deberá huir de su país, de sus hermanos
y de sus propios padres. El acontecimiento que desencadena su miedo es el
pronunciamiento de una fatwa,
una sentencia por la cual, cualquier musulmán que acabe con su vida, gozará de
beneficios en el Cielo. El título del libro ya manifiesta que en países como
Irak, el esfuerzo para practicar la fe tiene un precio a pagar y, en otros
países en cambio, este esfuerzo es nimio;y lo poco que lo valoramos.
10. El charlatán moderado, de Gilbert K. Chesterton
Es una novela de misterio de corte
clásico, en la que se desconoce el asesino, el móvil y el modus operandi hasta la
última página. Un artista se enamora de un árbol y, entorno a él, planta un
jardín y construye su casa. El artista vive con su hija, a quien acude
diariamente a visitar un joven médico. Este en cada visita encuentra más
siniestra la visión del árbol. Esta novela es ideal para una lectura meramente
de ocio, pues no es literariamente ambiciosa, pese al prestigio de su autor.
Ignacio
Pérez Tormo
Fuente:
Aleteia
