En el Día de Oración por la Iglesia en
China, el papa Francisco ofrece la misa por el gigante asiático y su pueblo
“Ofrezco esta misa por todos
los chinos, por este gran país, para que el Señor bendiga a China”, dijo el
papa Francisco en la introducción de la homilía
en la Casa Santa Marta del Vaticano de este martes 24 de mayo
por la mañana.
La intención del Papa llega
en el Día de oración por la Iglesia en China, en coincidencia con la memoria de
María Auxiliadora, cuya devoción inspira a numerosos peregrinos a visitar el
Santuario de She Shan, en Shanghai.
Esta Iglesia viva no ha
dejado de crecer en los últimos años. Son 150 mil los bautizados adultos, según
estadísticas estatales.
En este contexto, a pesar de
las dificultades late fuerte el corazón de la devoción a la Virgen María y el
Santuario She Shan es un símbolo de luz, especialmente recordado cada 24 de
mayo, cuando se celebra el Día Mundial de Oración para la Iglesia en China,
instituido en 2007 por Benedicto XVI.
Nuestra Señora de She Shan es
invocada desde el año 2008 como patrona de la Iglesia en China.
El Santuario mariano es la construcción más grande dedicada al
culto cristiano de toda Asia oriental, y meta de peregrinos provenientes de toda
Asia.
También el papa Francisco
había pedido a los fieles del mundo unirse espiritualmente a los fieles
católicos en China. Lo dijo en el Ángelus de este domingo.
El pontífice exhortó a
vivir una cultura del encuentro en China, país donde los católicos
están divididos entre los pertenecientes a la Iglesia
oficial “Patriótica”, controlada por el gobierno comunista, y
la clandestina, en comunión
con Roma y perseguida por Pekín.
La basílica de She Shan es
una iglesia católica construida en el lugar donde en 1863 se construyó un
primer templo en una colina cercana de la ciudad de Shanghai.
La devoción que allí se palpa
testimonia el renacimiento de la fe: casi
fue destruido durante la Revolución cultural de Mao y aún hoy es meta de
peregrinación.
Por ello, el Obispo de Roma
recordó este especial peregrinaje y encomendó a la Virgen para que “done a sus
hijos en China la capacidad de discernir en cada situación las señales de la
presencia amorosa de Dios que siempre acoge y perdona”.
En 1942, el papa Pío XII
erigió la catedral de She Shan en la basílica menor. En 1946, la Santa Sede
coronó la imagen de Nuestra Señora de “Zose”, situada en la parte superior de
la torre del campanario (Zose es como la gente de Shanghai pronuncian la
palabra She Shan).
La basílica, conformada a
cruz latina, ocupa una superficie de una hectárea y tiene unos 20 metros de
altura, tres entradas (norte, oeste y sur) y 3.000
asientos.
El altar donde se encuentra la Virgen está hecho de mármol con
incrustaciones de oro y jade. El exterior se compone principalmente de granito. El techo está
cubierto con azulejos chinos.
El Santuario también recuerda
la protección de la Virgen para los fieles. Se cuenta que en junio de 1870,
debido a los disturbios estallaron en Tianjing, se quemaron las iglesias del
lugar.
Los jesuitas en Shanghai oraron en la estatua de la Virgen y
prometieron construir una iglesia en su honor a cambio de su protección. Más tarde, se inició la construcción de la iglesia. En dos años,
se completó.
Después de la revolución
comunista de 1949, la catedral de She Shan tuvo graves daños durante la
revolución cultural. Al final de ese periodo, se comenzaron a reparar los
daños. En año 2000 se colocó una nueva estatua.
En nuestros días, peregrinos
viajan a lo largo y ancho para hacer su peregrinación anual a She Shan, rezar
por el Camino de la Cruz, el Santo Rosario y participar en la misa en este
lugar santo.
Así, She Shan es un lugar que
ilumina la fe de quien lo visita. La diócesis de Shanghái, que custodia el
santuario, es también el emblema de la vitalidad de la Iglesia en china.
En la Pascua pasada,
centenares de adultos se hicieron bautizar, sin importar las restricciones del
Estado.
Fuente: Aleteia
