La ceremonia en la Iglesia es importante, ¡cuídala!
“Prometo serte fiel, porque tu eres la mujer de mis sueños, prometo que te voy a querer y que no dejaré que sufras, que te miraré a los ojos cada mañana…”
Las
bodas se están convirtiendo en un momento cumbre del romanticismo donde
expresar las propias emociones, en un entorno paradisíaco, todos bellamente
vestidos, con la música que les hace soñar.
El
objetivo es conseguir hacer llorar de felicidad a tu pareja y familiares
allegados, y si es posible, a toda la asamblea. Y por supuesto, después de las
palabras del compromiso, hay que besarse.
El
cine americano, muy dado a este tipo de escenografías, está imponiendo una
serie de clichés
en las celebraciones de las bodas, que invaden incluso, si la hay, la
celebración litúrgica. Hasta el punto de que el presidente de la Conferencia
Episcopal de Filipinas, Sócrates Villegas, ha tenido que llamar la atención,
según recoge Gaudium Press.
“Ninguna persona, incluso ningún
sacerdote, puede añadir, remover o cambiar cosa alguna en la liturgia por su
propia autoridad“, advirtió.
“Basados
en estas normas, la idea de pronunciar votos personales insertados en la
Liturgia del Matrimonio no puede ser permitida”. “No comprometamos el carácter sagrado de
los ritos del Matrimonio sobre el altar del romanticismo”.
¿Es
inadecuado expresar los propios sentimientos hacia la persona querida durante
la celebración del matrimonio en la iglesia? No, pero hay que elegir el momento
adecuado. La celebración litúrgica no es el lugar para hacerlo.
Si
quieres casarte por la Iglesia, es importante que tengas las cosas claras: ¿Cómo conseguir la boda más romántica y
bonita, sin menoscabar la celebración?
1.
Las lecturas, bíblicas.
Es muy importante escogerlas bien: en el Antiguo y el Nuevo Testamento hay
lecturas bellísimas. El sacerdote que vaya a presidir la ceremonia te
puede ayudar. Mucha gente pregunta si sus familiares pueden subir y leer un
texto preparado o si se puede leer una poesía de su escritor preferido.
Seguramente tus familiares escriben muy bien y las poesías que has escogido
pueden tener un contenido muy cristiano, pero la ceremonia no es el momento ni
el lugar… Se puede buscar algún otro momento. Al finalizar la Eucaristía puede
alguien subir a leer o incluso se puede hacer una breve modificación en la
Monición de Entrada para adecuar el texto introductorio a lo que se quiera
leer.
2.
Los votos: Amar y
respetarse para toda la vida; prometer ser fiel en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad. Corto y bonito. Son los votos matrimoniales
tradicionales, los votos matrimoniales cristianos. Hay quien pretende crear
unos votos matrimoniales diferentes. Votos especiales con alguna broma
personal, con algún juego hacia el auditorio. “Ver juntos todas las sagas de
StarWars, subir todos los ochomiles, conseguir ser olímpicos…”, pueden ser
votos muy bonitos pero no valen para la ceremonia. Estos votos pueden leerse
después: en el banquete, antes de comenzar el baile, en otro lugar… Si los
votos no se hacen correctamente, ¡podría ser un matrimonio nulo!
3.
La música: Es muy
importante que durante la ceremonia se pueda escuchar música litúrgica, música
que ayuda a sentir lo que allí se está viviendo, música que nos permita
identificar cada una de las partes del rito y de la Eucaristía. Aunque os
conocierais bailando Raggeatton o os gusten las bandas sonoras de El Padrino… en la ceremonia
debe imponerse lo litúrgico. No valen interpretaciones modernas, ni canciones
que no estén preparadas para una ceremonia. ¿Imaginan en una ceremonia
matrimonial el escuchar una canción cuya letra en inglés o francés hable de
todo lo contrario a la familia? Puede darse la circunstancia.
Para
peticiones personales ya está el baile: la orquesta o el DJ. No convirtamos la
iglesia en un auditorio o discoteca.
4.
La homilía: Los
novios no tienen influencia en lo que dirá el sacerdote. ¿O quizás sí? A veces
el sacerdote es amigo o miembro de la familia. Es una persona muy importante en
vuestras vidas. Ahí puedes recomendarle con humildad que sea breve y conciso.
El sacerdote no es protagonista de nada y en una boda… mucho menos. Intentad
“insinuar” al sacerdote que no se dedique a echar la bronca… que no monte un
“show” y que no aproveche la situación para apologetizar a aquellos que pasan
por la iglesia y no volverán en mucho tiempo. El sacerdote tiene que saber lo
que quiere decir, subir… decirlo y una vez dicho callarse, bajar y dejar que
continúe la ceremonia.
5.
El protocolo, el silencio, los fotógrafos, los niños con los anillos y las
arras. A la hora de
preparar la ceremonia es bueno tener en cuenta todos estos detalles. Un
sencillo ceremonial para seguir lo vivido puede ayudar a todos a que el matrimonio
no se convierta en un circo o en un show. El fotógrafo debe pasar
desapercibido, el silencio debe ser “sepulcral” en ciertos momentos (ya habrá
tiempo para el desparrame en la celebración posterior) y lo anecdótico debe ser
gracioso y eso: anecdótico, debe ayudar a vivir la celebración y no contribuir
a perder el sentido de lo vivido.
Fuente: Aleteia
