CANCIÓN 25
Cogednos las
raposas,
que está ya
florecida nuestra viña,
en tanto que
de rosas
hacemos una
piña,
y no parezca nadie en la montiña.
DECLARACIÓN
1. Viendo la esposa las virtudes de su alma puestas ya en el punto de
su perfección, en que está ya gozando
el deleite y suavidad y fragancia de ellas (así como se goza la vista y olor de las plantas cuando están bien florecidas) deseando ella continuar esta
suavidad y que no haya cosa que pueda impedírsela, pide
en esta canción a los ángeles y
ministros de Dios que entiendan en apartar de ella todas aquellas cosas que pueden
derribar y ajar la dicha flor y fragancia
de sus virtudes, como son todas las turbaciones, tentaciones, desasosiegos,
apetitos, si algunos quedan, imaginaciones y otros movimientos naturales y
espirituales, que aquí pone nombre de raposas, que
suelen impedir al alma la flor de la paz y quietud y suavidad interior, al tiempo que más a su sabor la está gozando el
alma en sus virtudes junto con su Amado.
Porque suele
el alma a veces ver en su espíritu todas las virtudes que Dios
la ha dado (obrando él en ella esta luz); y ella entonces, con admirable
deleite y sabor de amor, las junta todas y las ofrece al Amado como una piña de flores; en lo cual, recibiéndolas el Amado
entonces (como a la verdad las recibe) recibe en ello gran servicio, porque el
alma se ofrece juntamente con las virtudes, que es el mayor servicio que
ella le puede hacer; y así es uno de
los mayores deleites que en el trato con Dios suele recibir éste que
recibe en esta manera
de don que al Amado hace.
Y así, deseando ella que no le impida
cosa este deleite interior que es la viña florida,
desea le quiten no sólo las cosas dichas, mas que también haya gran soledad de todas las cosas, de manera
que en todas las potencias y apetitos interiores y exteriores no haya forma ni
imagen ni otra cosa que parezca y se represente delante del alma y del Amado,
que en soledad y unión de entrambos están haciendo y gozando esta piña.
Cogednos las
raposas,
que está ya florecida nuestra viña.
2. La
viña es el plantel que está en el alma de todas las virtudes que dan al alma
vino de dulce sabor. Esta viña del alma está florida cuando según la voluntad
está unida con el Esposo, y en el mismo Esposo está gozando y
deleitándose en
todas estas virtudes juntas. Y a este tiempo suelen algunas veces acudir a la memoria y fantasía muchas y
varias formas e imaginaciones, y en la parte sensitiva muchos y varios movimientos y
apetitos, que, como habemos
dicho, con su mucha sutileza y viveza molestan y desquietan al alma de la suavidad y quietud interior de que goza, y,
allende de esto, los demonios, que tienen mucha envidia de la paz y recogimiento interior, suelen ingerir en el espíritu
horrores y turbaciones y temores. A todas las cuales cosas llama aquí raposas, porque, así como las
ligeras y astutas raposillas con sus sutiles saltos suelen derribar y estragar
la flor de las viñas al tiempo que están floridas, así, los astutos
y maliciosos demonios con estas turbaciones y movimientos ya dichos, saltando
turban la devoción de las almas santas.
3. Esto
mismo pide la esposa en los Cantares (Ct 2 15), diciendo: Capite nobis vulpes parvulas, quae demoliuntur vineas, nam vinea
nostra floruit, que quiere decir: Cazadnos las raposas pequeñuelas que
estragan las viñas, porque
nuestra viña está florida. Y
no sólo por eso quiere aquí el alma que se las cacen, sino también porque haya lugar para lo
que dice en los dos
versos siguientes, es a saber:
En tanto que de rosas hacemos una piña.
4. Porque
a esta sazón que el alma está gozando la flor de esta viña y deleitándose en el pecho de su Amado, acaece así que las
virtudes del alma se ponen todas en pronto y claro, como habemos dicho, y en su punto, mostrándose al alma y dándole de sí gran
suavidad y deleite; las cuales siente el alma estar en sí misma y en
Dios, de manera que la parecen ser una viña muy
florida y agradable de ella y de él, en que ambos se apacientan
y deleitan. Y entonces el alma junta todas estas virtudes, haciendo actos muy
sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las ofrece ella al
Amado con gran ternura de amor y suavidad; a lo cual la ayuda el mismo Amado (porque sin su favor y
ayuda no podría ella hacer esta junta y oferta de virtudes a su Amado), que por eso dice:
Hacemos una piña, es a saber, el Amado y yo.
5. Y
llama piña a esta junta de virtudes,
porque, así como la piña es una pieza fuerte, y en sí contiene muchas piezas fuertes y
fuertemente abrazadas, que son los piñones, así esta piña de virtudes que hace el alma
para su Amado es una sola pieza de perfección del alma, la cual fuerte y ordenadamente abraza y contiene en sí muchas
perfecciones y virtudes muy fuertes y
dones muy ricos. Porque todas las perfecciones y virtudes y dones se ordenan y convienen en una sólida perfección del alma, la cual, en tanto que está haciéndose por el ejercicio de las virtudes, y ya hecha, se está ofreciendo
de parte del alma al Amado en el espíritu de amor que vamos
diciendo, conviene que se cacen las dichas raposas porque no impidan la
tal comunicación interior de los dos. Y no sólo pide esto la esposa en esta canción para poder hacer bien la piña, mas también quiere lo
que se sigue en el verso siguiente, es a saber:
Y no parezca
nadie en la montiña.
6.
Porque para este divino ejercicio interior es también necesaria soledad y ajenación de todas las
cosas que se podrían ofrecer al alma, ahora de parte de la porción inferior,
que es la sensitiva del hombre, ahora de parte de la porción superior,
que es la razonal, las cuales dos porciones son en que se encierra toda la armonía de potencias y sentidos de todo el hombre; a la
cual armonía llama aquí montiña. Y dice que en ésta no parezca nadie, es a saber, ningún objeto perteneciente a alguna de estas potencias o
sentidos que habemos dicho. Y así, es como si
dijera: en todas las potencias espirituales, como son entendimiento, memoria y voluntad, no haya otras
consideraciones ni otros afectos ni otras digresiones; y en todos los sentidos
y potencias corporales, como son imaginativa y fantasía, y los
cinco sentidos exteriores, no haya otras formas, imágenes o
figuras de algunos objetos y operaciones naturales.
7.
Esto dice aquí el alma,
por cuanto en esta sazón de comunicación con Dios conviene que todos los sentidos, así interiores
como exteriores, estén desocupados y vacíos; porque en tal
caso cuanto ellos más se ponen en obra, tanto mas estorban; porque en llegando el alma a la unión interior de
Dios, ya no obran en esto las potencias espirituales, y menos las corporales,
por cuanto está ya hecha la obra de unión de amor, y así acabaron de
obrar, porque llegado al término cesan
todas las operaciones de los medios. Y así, lo que el alma entonces hace en el Amado es estar
en ejercicio sabroso de lo que ya está en ella
hecho, que es amar en continuación de unión de amor.
No parezca, pues, nadie en la montiña; sola la voluntad esté asistiendo en entrega de sí y de todas las virtudes al Amado en el dicha
manera.
Fuente: Portal Carmelitano
