CANCIÓN 23
Cuando tú me mirabas,
su gracia en
mí tus ojos imprimían;
por eso me
adamabas,
y en eso
merecían
los míos adorar lo que en ti vían.
DECLARACIÓN
1. Es
propiedad del amor perfecto no querer admitir ni tomar nada para sí ni atribuirse a sí nada, sino
todo al Amado; que esto aun en los amores bajos lo hay, cuánto más en el de Dios donde tanto obliga la razón.
Y, por
tanto, porque en las dos canciones pasadas parece se atribuía a sí alguna cosa la esposa, tal como
decir: que haría ella juntamente con el Esposo las guirnaldas, y que se tejerían con el
cabello de ella (lo cual es obra no de poco momento y estima), y después decir y gloriarse que el Esposo
se había prendado en su cabello y llagado en su ojo (en lo cual también parece
atribuirse a sí misma gran merecimiento), quiere ahora en la presente canción declarar su
intención y deshacer el engaño que en esto se puede
entender, con cuidado y temor no se le atribuya a ella algún valor y
merecimiento, y por eso se le atribuya a Dios menos de lo que se le debe y ella desea.
Atribuyéndolo todo a él y regraciándoselo
juntamente, le dice que la causa de prendarse él del cabello de su amor y
llagarse del ojo de su fe, fue por haber él héchola merced de mirarla con amor, en lo cual la
hizo graciosa y agradable a sí mismo; y que, por esa gracia y
valor que de él recibió, mereció su amor, y tener valor ella en sí para adorar agradablemente a su Amado y hacer obras dignas de su gracia y amor. Síguese el verso:
Cuando tú me mirabas,
2.
es a saber, con afecto de amor
(porque ya dijimos que el mirar de Dios aquí es amar), su gracia en mí tus ojos imprimían.
3.
Por los ojos del Esposo entiende aquí su Divinidad misericordiosa, la cual, inclinándose al alma con misericordia, imprime e infunde en
ella su amor y gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace
consorte de la misma Divinidad. Y dice el alma, viendo la dignidad y alteza en
que Dios la ha puesto:
Por eso me
adamabas.
4. Adamar es amar mucho, es más que amar simplemente; es como
amar duplicadamente, esto es, por dos títulos o causas. Y así, en este
verso da a entender el alma los dos motivos y causas del amor que él tiene a ella; por los cuales no sólo la amaba prendado en su cabello, mas que la
adamaba llagado en su ojo. Y la causa por que él la adamó de esta
manera tan estrecha, dice ella en este verso que era
porque él quiso con mirarla darla gracia para agradarse de
ella, dándole el amor de su cabello, y
formándola con su caridad la fe de su
ojo. Y así dice: Por eso me adamabas; porque poner Dios en el alma su gracia es hacerla
digna y capaz de su amor. Y así, es tanto como decir:
porque habías puesto en
mí tu gracia,
que eran prendas dignas de tu amor, por eso me
adamabas, esto es, por eso me dabas más gracia. Esto es lo que dice
san Juan (Jn 1, 16) que dat gratiam pro gratia, que quiere decir:
Da gracia por la gracia que ha dado, que es dar más gracia;
porque sin su gracia no se puede merecer su gracia.
5. Es de
notar, para inteligencia de esto, que Dios, así como no ama
cosa fuera de sí, así ninguna cosa
ama más bajamente que a sí, porque todo lo ama por sí, y el amor
tiene la razón del fin; y
así, no ama las
cosas por lo que ellas son en sí. De donde amar Dios al alma es meterla en cierta manera en sí mismo, igualándola
consigo, y así ama al alma en sí consigo con el mismo amor que él se ama; y
por eso en cada obra merece el alma amor de Dios, porque,
puesta en esta gracia y alteza, merece al mismo Dios en cada obra. Y por eso, se sigue en estotro verso:
6. En ese favor y gracia que los ojos de tu
misericordia me hicieron de levantarme a tu amor, tuvieron valor y merecieron,
los míos adorar lo que en ti vían.
7. Es
tanto como decir: las potencias de mi alma, Esposo mío, merecieron
levantarse a mirarte, que antes con la miseria de su baja obra y caudal estaban caídas y bajas (porque poder mirar el alma a Dios es hacer obras en
gracia de Dios) y ya merecían los ojos del alma en el adorar,
porque adoraban en gracia de su Dios; adoraban lo que ya en él veían, alumbrados y levantados con su gracia y favor, lo cual antes no veían por su ceguera y
bajeza. ¿Qué era, pues, lo que ya veían?
bajeza. ¿Qué era, pues, lo que ya veían?
Veían grandeza de virtudes,
abundancia de suavidad, bondad inmensa, amor y misericordia en él, beneficios
innumerables que de él había recibido, ahora estando en
gracia, ahora cuando no lo estaba; todo esto merecían ya adorar con
merecimiento los ojos del alma, porque ya estaban graciosos; lo cual antes no sólo no merecían adorarlo ni verlo, pero ni aun considerarlo,
porque es grande la rudeza y ceguera del alma que está sin gracia.
Fuente: Portal Carmelitano
