Su papel
está en ayudar a desarrollar a esos niños como personas, reforzarlos en el
plano espiritual
Existen dos tipos de abuelos: los
regalones y los ayudadores. Los primeros sólo buscan que los nietos estén
felices con ellos y para eso se desviven por hacerlo que los niños quieran, los
llenan de regalos y dulces. Los ayudadores, en cambio, quieren apoyar a
los papás en lo que pueden.
Las mamás viven en una vertiginosa
carrera entre el trabajo, las compras, los turnos y la casa. El papel de los
abuelos es fundamental porque tienen
la experiencia, la sensatez, el criterio y el amor para ayudar en la educación
de los nietos.
No se trata de opinar y corregir sobre el
manejo de la casa, la comida o si el niño tiene que ponerse el chaleco o no. Su papel está en ayudar a desarrollar a
esos niños como personas, reforzarlos en el plano espiritual.
Así, por ejemplo, de chicos, les pueden
enseñar a ser cariñosos, a desarrollar algunas virtudes, y, más grandes,
comentar con ellos las noticias del diario, llevarlos al teatro, etc.
Por supuesto que el lado “regalador”
también puede estar presente. Es parte del ser abuelos. Pero teniendo cuidado
en “no atornillar al revés” que los padres. La mejor manera de hacerlo es
preguntándose si así ayudan a la educación de sus nietos o no.
Y si el
abuelo o la abuela creen que algo anda mal en esa familia, claro que puede
hablar con su hijo o hija. Esperar el momento apropiado, invitarlo,
por ejemplo a almorzar, y dar un buen consejo, es parte de su papel. Los
abuelos pueden ayudar mucho, sin necesidad de ser “metidos”.
Una buena relación entre abuelos y nietos
es un maravilloso tesoro para los niños. Si hay confianza, cariño y respeto,
pueden conversar cualquier cosa y preguntarles todas sus inquietudes, incluso
más que a los papás. Y los niños podrán aprender muchas cosas que sólo la
experiencia da.
Fuente: Fragmento
de un artículo publicado por Encuentra.com
