CANCIÓN 11
¡Oh
cristalina fuente,
si en esos
tus semblantes plateados
formases de
repente
los ojos
deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!
DECLARACIÓN
1. Como con
tanto deseo desea el alma la unión del Esposo y ve que no halla
remedio ni medio alguno en todas las
criaturas, vuélvese a hablar con la fe (como la que más al vivo le ha de dar luz
de su Amado) tomándola por
medio para esto; porque, a la verdad, no hay otro por donde se venga a la verdadera
unión de Dios, según por Oseas (Os 2, 20) lo da a entender el Esposo, diciendo: Yo te desposaré conmigo en
fe.
Y dícele con
gran deseo: (Oh fe de mi Esposo Cristo, si las verdades que has infundido de mi Amado
en mi alma con oscuridad y tiniebla las
manifestases ya con claridad, de manera que lo que contienes en fe, que
son noticias informes, las mostrases y descubrieses, apartándote de ellas, formada y acabadamente de repente,
volviéndolo en manifestación de gloria! Dice, pues, el verso:
¡Oh
cristalina fuente!
2. Llámala cristalina a la fe por dos cosas: la primera,
porque es de Cristo su Esposo, y la segunda, porque tiene las propiedades del cristal en ser pura en las verdades y
fuerte y clara, limpia de errores y formas naturales.
Y llámala fuente,
porque de ella le manan al alma las aguas de
todos los bienes espirituales. De donde Cristo Nuestro Señor, hablando con la Samaritana (Jn. 4, 14), llamó fuente a la fe, diciendo que en
los que creyesen en él se haría una fuente cuya agua saltaría hasta la vida eterna. Y esta agua era el espíritu que habían de recibir en su fe los
creyentes (Jn. 7, 39).
Si en esos tus semblantes
plateados.
3. A
las proposiciones y artículos que nos propone la fe llama
semblantes plateados. Para inteligencia de lo cual y de los demás versos es
de notar que la fe es comparada a la plata en las proposiciones que nos enseña, y las verdades y sustancias
que en sí contienen
son comparadas al oro; porque esa misma sustancia que ahora creemos
vestida y cubierta con plata de fe, habemos de ver y gozar en la otra vida al descubierto, y
desnudo el oro de la fe.
De donde David (Sal. 67, 14), hablando de ella dice así: Si durmiéredes entre
los dos coros, las plumas de la paloma serán plateadas, y las postrimerías de su
espalda serán en el
color del oro.
Quiere decir que, si cerráremos los ojos del entendimiento a
las cosas de arriba y a las de abajo, a lo cual llama dormir en medio,
quedaremos sólo en fe, a la cual llama paloma, cuyas plumas, que son las verdades que
nos dice, serán plateadas; porque en esta vida la fe nos las propone oscuras
y encubiertas, que por eso las llama aquí semblantes plateados; pero a la postre de esta fe, que será cuando se
acabe la fe por la clara visión de Dios, quedará la sustancia de la fe, desnuda
del velo de esta plata, de color como el oro.
De manera que
la fe nos da y comunica al mismo Dios, pero cubierto con plata de fe; y no por
eso nos le deja de dar en la verdad, así como el que
da un vaso de oro plateado, no porque vaya
cubierto con plata deja de dar el vaso de oro. De donde cuando la Esposa en los Cantares (Ct 1, 10) deseaba esta posesión de Dios,
prometiéndosela él cual en
esta vida se puede, le dijo que le haría unos zarcillos de oro, pero
esmaltados con plata. En lo cual le prometió de dársele en fe
encubierto.
Dice, pues,
ahora el alma a la fe: (Oh, si en esos tus semblantes plateados, que son los
artículos ya dichos, con que tienes
cubierto el oro de los divinos rayos, que son los ojos deseados que añade luego, diciendo:
formases de
repente los ojos deseados!
4. Por
los ojos entiende, como dijimos, los rayos y verdades divinas, las cuales, como
también habemos dicho, la fe nos las
propone en sus artículos
cubiertas e informes. Y así, es como si dijera: (Oh, si esas verdades que informe y oscuramente me
enseñas
encubiertas en tus artículos de fe, acabases ya de dármelas clara y formadamente
descubiertas en ellos, como lo pide mi deseo! Y llama
aquí ojos a estas
verdades por la grande presencia que del Amado siente, que le parece la está ya siempre mirando; por lo cual dice:
Que tengo en mis entrañas dibujados.
5. Dice que
las tiene en sus entrañas dibujadas, es a saber, en su
alma según el entendimiento y la voluntad; porque, según el
entendimiento, tiene estas verdades infundidas por fe en su alma. Y porque la
noticia de ellas no es perfecta, dice que están dibujadas;
porque así como el dibujo no es perfecta
pintura, así la noticia de la fe no es
perfecto conocimiento. Por tanto, las verdades que se infunden en el alma por
fe están como en dibujo, y cuando estén en clara visión, estarán en el alma
como perfecta y acabada pintura, según aquello que dice el Apóstol (1 Cor 13, 10), diciendo: Cum autem venerit
quod perfectum est, evacuabitur quod ex parte est, que quiere decir: Cuando
viniere lo que es perfecto, que es la clara
visión, acabarse
ha lo que es en parte, que es el conocimiento de la fe.
6. Pero sobre
este dibujo de fe hay otro dibujo de amor en el alma del amante, y es según la voluntad, en la cual de tal manera se dibuja la
figura del Amado, y tan conjunta y vivamente
se retrata en él cuando hay unión de amor, que es verdad decir que el Amado vive en el amante y el amante en el
Amado; y tal manera de semejanza hace el amor en la transformación de los amados, que se puede decir que cada uno es el otro y que
entrambos son uno.
La razón es porque en la unión y transformación de amor el uno da posesión de sí al otro, y
cada uno se deja y da y trueca por el otro; y así, cada uno vive en el otro, y
el uno es el otro, y
entrambos son uno por transformación de amor. Esto es lo que quiso
dar a entender san Pablo (Gal. 2, 22) cuando dijo: Vivo autem, iam non ego;
vivit vero in me Christus, que quiere
decir: Vivo yo, ya no yo, pero vive en mí Cristo. Porque en decir vivo
yo, ya no yo, dio a entender que, aunque vivía él, no era vida suya, porque
estaba transformado en Cristo, que su vida más era divina que humana; y por
eso dice que no vivía él, sino
Cristo en él.
7. De manera que, según esta
semejanza de transformación, podemos decir que su vida y la vida de Cristo toda era una vida por unión de amor. Lo cual se hará
perfectamente en el cielo en
divina vida en todos los que merecieren verse en Dios; porque, transformados en Dios, vivirán vida de
Dios y no vida suya, aunque si vida suya, porque la vida de Dios será vida suya. Y entonces dirán de veras: Vivimos nosotros, y
no nosotros, porque vive Dios en nosotros.
Lo
cual en esta vida aunque puede ser, como lo era en san Pablo, no empero perfecta y acabadamente, aunque llegue el alma a tal transformación de amor que sea matrimonio espiritual, que es el más alto estado
a que se puede llegar en esta vida, porque todo se puede
llamar dibujo de amor en comparación de aquella perfecta figura de transformación de gloria.
Pero cuando este dibujo de transformación en esta vida se alcanza es grande
buena dicha, porque con eso se contenta grandemente el Amado; que por eso, deseando él que le pusiese la Esposa en su
alma como dibujo, le dijo en los Cantares (Ct 8, 6): Ponme como señal sobre tu
corazón, como señal sobre tu
brazo. El corazón significa aquí el alma, en
que en esta vida está Dios como señal de dibujo de fe, según se dijo arriba, y el brazo
significa la voluntad fuerte, en que está como señal de dibujo de amor, como ahora acabamos de decir.
Fuente: Portal Carmelitano
Fuente: Portal Carmelitano
