El
Papa propone doce virtudes contra las 'enfermedades' curiales
A
pesar de verse aquejado por una fuerte gripe, el Papa Francisco dirigió hoy su
acostumbrado discurso para la Curia Romana, con ocasión de la Navidad. En su mensaje, el
Santo Padre presentó un acróstico de la palabra “Misericordia”, con doce
consejos para las personas que trabajan en la Curia Vaticana.
En su discurso, el Santo Padre alentó a los miembros de la Curia a “volver
a lo esencial”, con ocasión del Año Santo de la Misericordia y la preparación
para la Navidad.
“La Navidad es la fiesta de la infinita Misericordia de Dios”, subrayó,
recordando las palabras de San Agustín de Hipona.
Francisco explicó que su acróstico compone un catálogo no exhaustivo “de
las virtudes necesarias” para quienes prestan servicio en la Curia, así como
“para todos aquellos que quieren hacer fértil su consagración o su servicio a
la Iglesia”.
Con la letra “m”, el Santo Padre propuso la “misionariedad y pastoralidad”
y explicó que “la misionariedad es lo que hace y muestra a la curia fértil y
fecunda; es prueba de la eficacia, la capacidad y la autenticidad de nuestro
obrar”.
La pastoralidad sana, por su parte, “es una virtud indispensable de modo
especial para cada sacerdote” y “es la búsqueda cotidiana de seguir al Buen
Pastor que cuida de sus ovejas y da su vida
para salvar la vida de los demás”.
Respecto a la letra “i”, Francisco señaló la “idoneidad y sagacidad”. La
primera “necesita el esfuerzo personal de adquirir los requisitos necesarios y
exigidos para realizar del mejor modo las propias tareas y actividades, con la
inteligencia y la intuición”, y advirtió que la idoneidad “es contraria a las
recomendaciones y los sobornos”.
“La sagacidad es la prontitud de mente para comprender y para afrontar las
situaciones con sabiduría y creatividad”, señaló.
La letra “s” de la palabra misericordia el Santo Padre la asignó a
“spiritualità e umanità” (Espiritualidad y humanidad), y explicó que “la
espiritualidad es la columna vertebral de cualquier servicio en la Iglesia y en
la vida cristiana. Esta alimenta todo nuestro obrar, lo corrige y lo protege de
la fragilidad humana y de las tentaciones cotidianas”.
Por su parte, la humanidad “es aquello que encarna la autenticidad de
nuestra fe. Quien renuncia a su humanidad, renuncia a todo. La humanidad nos
hace diferentes de las máquinas y los robots, que no sienten y no se
conmueven”.
El Papa advirtió que “cuando nos resulta difícil llorar seriamente o reír
apasionadamente —son dos signos—, entonces ha iniciado nuestro deterioro y
nuestro proceso de transformación de ‘hombres’ a algo diferente”.
Francisco asignó la letra “e” a “ejemplaridad y fidelidad”. La primera
palabra, dijo, sirve “para evitar los escándalos que hieren las almas y
amenazan la credibilidad de nuestro testimonio”, mientras que la fidelidad es
requerida “a nuestra consagración, a nuestra vocación, recordando siempre las
palabras de Cristo: ‘El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el
que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto’”.
La “r” corresponde a “racionalidad y amabilidad”. La racionalidad sirve,
explicó, “para evitar los excesos emotivos, y la amabilidad para evitar los
excesos de la burocracia, las programaciones y las planificaciones”.
“Todo exceso es indicio de algún desequilibrio, tanto el exceso de
racionalidad, como el exceso de amabilidad”, añadió.
El Papa asignó la letra “i” a “inocuidad y determinación”. La inocuidad,
dijo, “hace cautos en el juicio, capaces de abstenernos de acciones impulsivas
y apresuradas, es la capacidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, de los
demás y de las situaciones, actuando con atención y comprensión”.
“La determinación es la capacidad de actuar con voluntad decidida, visión
clara y obediencia a Dios, y solo por la suprema ley de la salus animarum
(salud del alma).
La “c” corresponde a “caridad y verdad”, en el listado del Santo Padre.
Estas dos, precisó, son “dos virtudes inseparables de la existencia cristiana:
¿realizar la verdad en la caridad y vivir la caridad en la verdad’. Hasta el
punto en que la caridad sin la verdad se convierte en la ideología del bonachón
destructivo, y la verdad sin la caridad, en el afán ciego de judicializarlo todo”.
La “o” es de “onestà e maturità” (“honestidad y madurez”), dijo el Papa.
“La honestidad es la rectitud, la coherencia y el actuar con sinceridad
absoluta con nosotros mismos y con Dios”, señaló, mientras que “la madurez es
el esfuerzo para alcanzar una armonía entre nuestras capacidades físicas,
psíquicas y espirituales”.
La segunda “r” del acróstico de Francisco corresponde a “respetuosidad y
humildad”. El Santo Padre indicó que “la respetuosidad es una cualidad de las
almas nobles y delicadas”, y es propia de “las personas que tratan siempre de
demostrar respeto auténtico a los demás, al propio cometido, a los superiores y
a los subordinados, a los legajos, a los documentos, al secreto y a la
discreción; es la capacidad de saber escuchar atentamente y hablar
educadamente”.
“La humildad, en cambio, es la virtud de los santos y de las personas
llenas de Dios, que cuanto más crecen en importancia, más aumenta en ellas la
conciencia de su nulidad y de no poder hacer nada sin la gracia de Dios”, dijo.
La letra “d” fue asignada por el Papa a “dadivosidad”, y subrayó que
“seremos mucho más dadivosos de alma y más generosos en dar, cuanta más
confianza tengamos en Dios y en su providencia, conscientes de que cuanto más
damos, más recibimos”.
“Sería inútil abrir todas las puertas santas de todas las basílicas del
mundo si la puerta de nuestro corazón permanece cerrada al amor, si nuestras
manos no son capaces de dar, si nuestras casas se cierran a la hospitalidad y
nuestras iglesias a la acogida”, advirtió.
La “i” corresponde a “impavidez y prontitud”. Francisco explicó que “ser
impávido significa no dejarse intimidar por las dificultades, como Daniel en el
foso de los leones o David frente a Goliat; significa actuar con audacia y
determinación; sin tibieza, ‘como un buen soldado’”.
“La prontitud, en cambio, consiste en saber actuar con libertad y agilidad,
sin apegarse a las efímeras cosas materiales”, dijo y destacó que “estar listos
quiere decir estar siempre en marcha, sin sobrecargarse acumulando cosas inútiles
y encerrándose en los propios proyectos, y sin dejarse dominar por la
ambición”.
La última letra del acróstico, la “a”, el Papa la asignó a “atendibilidad y
sobriedad”. El atendible, explicó, “es quien sabe mantener los compromisos con seriedad
y fiabilidad cuando se cumplen, pero sobre todo cuando se encuentra solo; es
aquel que irradia a su alrededor una sensación de tranquilidad, porque nunca
traiciona la confianza que se ha puesto en él”.
“La sobriedad —la última virtud de esta lista, aunque no por importancia—
es la capacidad de renunciar a lo superfluo y resistir a la lógica consumista
dominante”, indicó.
Francisco subrayó también que “la sobriedad es prudencia, sencillez,
esencialidad, equilibrio y moderación. La sobriedad es mirar el mundo con los
ojos de Dios y con la mirada de los pobres y desde la parte de los pobres”.
“Quien es sobrio es una persona coherente y esencial en todo, porque sabe
reducir, recuperar, reciclar, reparar y vivir con un sentido de la proporción”,
aseguró.
El Santo Padre alentó a los responsables de los dicasterios vaticanos y a
los superiores a profundizar, enriquecer y completar la lista propuesta, “para
que esta sea nuestra guía y nuestro faro”.
Al concluir su mensaje, el Papa recordó que “la misericordia no es un
sentimiento pasajero, sino la síntesis de la Buena Noticia; es la opción de los
que quieren tener los sentimientos del Corazón de Jesús, de quien quiere
seriamente seguir al Señor”.
“Que sea la misericordia la que guíe nuestros pasos, la que inspire
nuestras reformas, la que ilumine nuestras decisiones”, exhortó Francisco.
Fuente: ACI/EWTN Noticias