Algunos políticos actúan como si eliminar los signos y tradiciones
católicas trajera más democracia
La
alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha decidido que este año el Niño Jesús no tiene sitio
en el Ayuntamiento de Madrid. Y no tiene sitio porque “el
Ayuntamiento es de todos y no sólo de los católicos”. Curiosamente, a la
alcaldesa no se le ocurre hacer al revés: poner el belén porque el Ayuntamiento
“es de todos, no sólo de los laicistas”. Bueno, quizás cada vez los
laicistas tengan más coherencia evangélica. No dejan sitio a Jesús en la
posada…
La
decisión ha molestado a muchos madrileños. Sólo el año pasado, ese tradicional
belén fue visitado por 45.000 personas. A otros no les sorprende después de
varias decisiones tomadas por otros grupos de izquierda en el poder en otros
municipios tras las elecciones del 24 de mayo.
En
Barcelona, Ada Colau decidía desvincular totalmente al
Ayuntamiento de la tradicional Misa de la Mercè, la fiesta grande de la patrona
de la ciudad, que se celebra el 24 de septiembre.
En
Valencia, la Generalitat causaba estupor al impedir que la bandera valenciana
entrara en la catedral para las fiestas del 9 de octubre, y emanaba una ley que prohíbe a los cargos políticos
asistir oficialmente a los actos religiosos.
El
partido político Podemos ya amenazó con suprimir la Semana Santa andaluza, y
tuvo que retractarse por la presión popular.
¿Por
qué, con todos los problemas económicos y políticos del país, parece que la
prioridad para estos nuevos grupos sea asegurar que los signos y tradiciones
católicas desaparezcan de la vida pública lo antes posible, a pesar de que
millones de españoles, sean creyentes o no, aman sus tradiciones y no quieren
que se las quiten? Una
cosa muy necesaria es acabar con la unión entre el trono y el altar, pero otra
cosa es tirar el altar por la ventana: ¿quieren que acabemos adorando
solo al trono?
¿Se
imaginan España sin Semana Santa, sin Reyes Magos, sin Navidad o sin Virgen de
agosto? ¿Qué clase de país quieren conseguir, reescribiendo su historia por la
fuerza? ¿Esto traerá más democracia y mejorará la convivencia?
La
religión no es el problema. El bien común es el marco claro en el que conviven
las personas de distintos credos. Eso es el diálogo interreligioso: es un
diálogo hecho de respeto mutuo, es que tú dejas que ponga mi belén en la calle
porque es importante para mí, y yo no me ofendo si llevas un velo o si pones
una mezuza en tu puerta porque para ti es expresión de tu relación con Dios. Y
cuando vienes a mi país, respetas su historia y sus símbolos, como yo
respeto los tuyos cuando voy a tu casa.
Y
dado que vamos a sociedades multiculturales y multirreligiosas, ¿no es una
grave irresponsabilidad tomar este tipo de decisiones? ¿Cómo van los
inmigrantes de otras religiones y culturas a respetar a su país de acogida, si
encuentran la calle vacía?
Por
desgracia, muchos siguen pensando que Europa no existía antes de la
Revolución Francesa… ¡a ver si tenemos que volver al siglo V, para que cambien
de idea!
Fuente: Aleteia
