Tenemos la responsabilidad de
transmitir a las generaciones futuras la belleza de la naturaleza en su
integridad, y la obligación de administrar adecuadamente los dones que hemos
recibido
Señor Presidente,
Miembros del Gobierno y Autoridades civiles,
Distinguidos Miembros del Cuerpo Diplomático,
Estoy muy agradecido por la afectuosa bienvenida que me han ofrecido en
esta mi primera visita a África. Le agradezco, Señor Presidente, sus amables
palabras en nombre del pueblo de Kenia. Deseaba mucho estar entre ustedes.
Kenia es una nación joven y vibrante, una sociedad de gran diversidad, que
desempeña un papel significativo en la región. En muchos aspectos, su
experiencia de dar forma a una democracia es compartida por muchas otras
naciones africanas. Al igual que Kenia, ellas también están trabajando para
construir, sobre las bases sólidas del respeto mutuo, el diálogo y la
cooperación, una sociedad multiétnica que sea verdaderamente armoniosa, justa e
inclusiva.
La suya es también una nación de jóvenes. Espero encontrarme con muchos de
ellos estos días, hablar con ellos y poder alentar sus esperanzas y
aspiraciones para el futuro. Los jóvenes son la riqueza más valiosa de una
nación. Protegerlos, invertir en ellos y tenderles una mano es la mejor manera
que tenemos para garantizarles un futuro digno de la sabiduría y de los valores
espirituales apreciados por sus mayores, valores que son el corazón y el alma
de un pueblo.
Kenia ha sido bendecida no sólo con inmensa belleza, en sus montañas, en
sus ríos y lagos, en sus bosques, sabanas y semidesiertos, sino también con la
abundancia de recursos naturales. Los keniatas tienen gran aprecio por estos
dones recibidos de Dios, y son conocidos por su cultura de la conservación, lo
cual les honra.
La grave crisis ambiental que afronta nuestro mundo exige cada vez más una
mayor sensibilidad por la relación entre los seres humanos y la naturaleza.
Tenemos la responsabilidad de transmitir a las generaciones futuras la belleza
de la naturaleza en su integridad, y la obligación de administrar adecuadamente
los dones que hemos recibido.
Estos valores están profundamente arraigados en el alma africana. En un
mundo que, en vez de proteger, sigue explotando nuestra casa común, estos
valores deben inspirar los esfuerzos de los líderes nacionales para promover
modelos responsables de desarrollo económico. En efecto, existe una clara
relación entre la protección de la naturaleza y la construcción de un orden
social justo y equitativo.
No puede haber una renovación de nuestra relación con la naturaleza, sin
una renovación de la humanidad misma (cf. Laudato si’, 118). En la medida en
que nuestras sociedades experimentan divisiones, ya sea étnicas, religiosas o
económicas, todos los hombres y mujeres de buena voluntad están llamados a trabajar
por la reconciliación y la paz, el perdón y la sanación.
La tarea de construir un orden democrático sólido, de fortalecer la
cohesión y la integración, la tolerancia y el respeto por los demás, está
orientada primordialmente a la búsqueda del bien común. La experiencia
demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimenta del
miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y de la
frustración.
En última instancia, la lucha contra estos enemigos de la paz y la prosperidad
debe ser llevada a cabo por hombres y mujeres que creen en ella sin temor, y
dan testimonio creíble de los grandes valores espirituales y políticos que
inspiraron el nacimiento de la nación. Señoras y señores, la promoción y
preservación de estos grandes valores se confía de un modo especial a ustedes,
dirigentes de la vida
política, cultural y económica de su país.
Esta es una gran responsabilidad, una verdadera vocación al servicio de
todo el pueblo de Kenia. El Evangelio nos dice que aquellos a quienes mucho se
les ha dado, mucho se les exigirá (cf. Lc 12,48). Con este espíritu, les animo
a trabajar con integridad y transparencia por el bien común, y fomentar un
espíritu de solidaridad en todos los ámbitos de la sociedad.
Yo les exhorto, en particular, a preocuparse verdaderamente por las
necesidades de los pobres, las aspiraciones de los jóvenes y una justa distribución
de los recursos naturales y humanos con que el Creador ha bendecido a su país.
Les aseguro el compromiso constante de la comunidad católica, a través de sus
obras educativas y caritativas, por ofrecer su contribución específica en estas
áreas.
Queridos amigos, me han dicho que aquí en Kenia es una tradición que los
escolares jóvenes planten árboles para la posteridad. Que este signo elocuente
de esperanza en el futuro y la confianza en que Dios acompaña su crecimiento,
los sostenga en sus esfuerzos por cultivar una sociedad solidaria, justa y
pacífica, en este país y en todo el gran continente africano.
Les doy las gracias una vez más por su cálida bienvenida e invoco sobre
ustedes y sus familias, y sobre todo el amado pueblo de Kenia, abundantes bendiciones
del Señor.
Mungu abariki Kenya!
Que Dios bendiga Kenia
